Doña Bárbara es la mujer más bella de Venezuela y dueña de la hacienda «El Miedo», cuyo antiguo nombre era «La Barquereña». Es una terrateniente, ruda e insensible por una experiencia traumática que tuvo de adolescente, al ser violada por un grupo de piratas asesinos que también le arrebataron el primer amor de su vida, Asdrúbal. Ella ha acumulado grandes tierras y manadas extensas de ganados usando a los hombres para su provecho personal, así como por medios ilegales, tales como el soborno a los funcionarios locales, entre otros.
Uno de los pocos terratenientes restantes en el área es Santos Luzardo, que ha vuelto después de estudiar derecho para imponer control en la hacienda de su familia. Él sospecha que el capataz de la hacienda llamado Balbino Paiba, había estado trabajando de forma disimulada para Doña Bárbara a fin de poder robar sus ganados. Los otros peones no creen que Santos sea el que le ponga bocado a las fechorías de Doña Bárbara, pero él demuestra con su manejo excelso del caballo, que el equilibrio del poder de la región están a punto de cambiar.
Doña Bárbara tiene una hija adolescente llamada Marisela con Lorenzo Barquero, el terrateniente con el que ella estuvo involucrada y al cual le quitó todas sus pertenencias dejándolo en la calle. La madre no quiere saber de ella y es dejada al completo abandono, aunque Juan Primito, un criado de Doña Bárbara, se ocupa secretamente de ella.
Después de que Santos descubre a Marisela, se ocupa de ella y de su padre llevándoselos a su hacienda para brindarle educación a Marisela y alejar a Barquero del vicio del alcohol. Mientras tanto, Doña Bárbara se siente atraída por Santos, pero cuando ella se entera de que su propia hija es un rival para su afecto, busca por todas las vías para arruinarlos.
Todo esto representa el conflicto entre la civilización y la barbarie. En ella el progreso está personificado en Santos Luzardo y el atraso, impuesto por el determinismo del medio geográfico, en el resto de los personajes, especialmente en Doña Bárbara. Las líneas finales de la novela escrita por Gallegos dejan exponer con perfecta maestría la naturaleza y la tierra venezolana y de los seres más íntimos de sus entrañas, los llaneros.
Doña Bárbara: 1.I. ¿Con quién vamos?. Rómulo Gallegos
Un bongo remonta el Arauca bordeando las barrancas de la margen derecha. Dos bogas lo hacen avanzar mediante una lenta y penosa maniobra de galeotes. Insensibles al tórrido sol, los broncíneos cuerpos sudorosos, apenas cubiertos por unos mugrientos pantalones remangados … mas …
Doña Bárbara: 1.II. El descendiente del Cunavichero. Rómulo Gallegos
En la parte más desierta y bravía del cajón del Arauca estaba situado el hato de Altamira, primitivamente unas doscientas leguas de sabanas feraces que alimentaban la hacienda más numerosa que por aquellas soledades pacía y donde se encontraba uno … mas …
Doña Bárbara: 1.III. La devoradora de hombres. Rómulo Gallegos
¡De más allá del Cunaviche, de más allá del Cinaruco, de más allá del Meta! De más lejos que más nunca –decían los llaneros del Arauca, para quienes, sin embargo, todo está siempre: «ahí mismito, detrás de aquella mata». De … mas …
Doña Bárbara: 1.IV. Uno solo y mil caminos distintos. Rómulo Gallegos
El paso del Algarrobo era la entrada del hato de Altamira. Lo determinaban dos cortes en rampa abiertos en los ribazos que allí encajonaban el cauce del Arauca. Al son de la guarura que anunciaba la llegada de un bongo, … mas …
Doña Bárbara: 1.V. La lanza en el muro. Rómulo Gallegos
Del que seguían las bestias, sendero abierto por las pezuñas del ganado, se levantaban con silencioso vuelo las lechuzas y aguaitacaminos, encandilados todavía por la claridad diurna, y al paso de la cabalgata lanzaban sus ásperos gritos de alerta los … mas …
Doña Bárbara: 1.VI. Recuerdo de Asdrúbal. Rómulo Gallegos
Aquella misma noche, en El Miedo. Cerca de la obscurecida llegó el Brujeador. Dijéronle que doña Bárbara acababa de sentarse a la mesa; pero como tenía cuentas que rendirle y noticias que comunicarle y, además, estaba deseoso de tumbarse a … mas …
Doña Bárbara: 1.VII. El familiar. Rómulo Gallegos
Noche de luna llena, propicia para los cuentos de aparecidos. Bajo los techos de los caneyes o encaramados en los tramos de las puertas de los corrales, siempre hay entre los vaqueros alguno que hable de los espantos que le … mas …
Doña Bárbara: 1.VIII. La doma. Rómulo Gallegos
La llanura es bella y terrible a la vez; en ella caben, holgadamente, hermosa vida y muerte atroz. Ésta acecha por todas partes; pero allí nadie la teme. El Llano asusta; pero el miedo del Llano no enfría el corazón; … mas …
Doña Bárbara: 1.IX. La esfinge de la sabana. Rómulo Gallegos
Buen negocio dejaba atrás Balbino Paiba, y lo perdía cuando iba a empezar a sacarle verdadero provecho. Hasta entonces había sido doña Bárbara quien realmente se benefició con su mayordomía de Altamira, pues mientras ella sacó de allí orejanos a … mas …
Doña Bárbara: 1.X. El espectro de La Barquereña. Rómulo Gallegos
Era un bosque de maporas, profundo y diáfano, que cubría una vasta depresión de la sabana y le venía el nombre del de una pequeña garza azul, que, según una antigua leyenda, solía encontrarse por ahí, único habitante del paraje. … mas …
Doña Bárbara: 1.XI. La bella durmiente. Rómulo Gallegos
De regreso a Altamira, bajo la penosa impresión del espectáculo que acababa de presenciar, Santos volvió a encontrarse con la campesina a quien le preguntara por la casa adonde se dirigía. Sólo después de haber visto la miseria que reinaba … mas …
Doña Bárbara: 1.XII. Algún día será verdad. Rómulo Gallegos
Grande fue la sorpresa de Antonio, cuando al día siguiente –como llevase a Santos a Macanillal para que viera cómo venía avanzando el lindero de El Miedo– descubrió que la casa de los Mondragones había retrocedido a su primitivo asiento. … mas …
Doña Bárbara: 1.XIII. Los derechos de «Míster Peligro». Rómulo Gallegos
Era una larga masa de músculos, bajo una piel roja, con un par de ojos muy azules y unos cabellos color de lino. Había llegado por allí hacía algunos años con un rifle al hombro, cazador de tigres y caimanes. … mas …
Doña Bárbara: 2.I. Un acontecimiento insólito. Rómulo Gallegos
Artera fue la táctica empleada por doña Bárbara cuando recibió aquella carta donde Luzardo le participaba su determinación de cercar Altamira. Nada podía agradarle menos que esta noticia de un límite, a quien, cuando se le ponderaba su ambición de … mas …
Doña Bárbara: 2.II. Los amansadores. Rómulo Gallegos
Varios días había estado Carmelito poniéndole un veladero a la Catira, del hatajo del Cabos Negros, No había en Altamira padrote más rijoso que este bayo salvaje, y por eso era tan célebre y tenía nombre propio: no podía ver … mas …
Doña Bárbara: 2.III. Los rebullones. Rómulo Gallegos
Para las puñaladas, Melquíades; para las bribonadas, Balbino; para los mandados, Juan Primito. Sólo que algunos mandados de Juan Primito eran como puñaladas. Greñudo, piojoso y con una barba hirsuta que no había manera de que conviniese en recortársela, era … mas …
Doña Bárbara: 2.IV. El rodeo. Rómulo Gallegos
Aquella noche se comentó mucho el caso entre los peones de Altamira. Era la primera vez que se tenían noticias de que doña Bárbara diese su brazo a torcer, y a la madrugada siguiente, cuando ya aquéllos estaban ensillando, Antonio … mas …
Doña Bárbara: 2.V. Las mudanzas de doña Bárbara. Rómulo Gallegos
Las singulares transformaciones que desde aquel día comenzaron a operarse en doña Bárbara provocaban entre la peonada de El Miedo comentarios socarrones: –¡Ah, compañero! ¿Qué le estará pasando a la señora que ya no llega por aquí como antes, cuando … mas …
Doña Bárbara: 2.VI. El espanto del Bramador. Rómulo Gallegos
Jueves Santo. Día de abstinencia de carne de animales terrestres, porque la tierra es el cuerpo del Señor que está agonizando en la Cruz, y quien come las carnes que de ella se nutren, profana y martiriza con sus dientes … mas …
Doña Bárbara: 2.VII. Miel de aricas. Rómulo Gallegos
El algarrobo del paso vibra como un arpa melodiosa entre el zumbido de las aricas. Encaramadas en las ramas donde ellas han formado sus colmenas, las nietas de Melesio las ahuyentan con el humo pestilente de unos mechones de sebo, … mas …
Doña Bárbara: 2.VIII. Candelas y retoños. Rómulo Gallegos
Ya se había escuchado, allá en el fondo de las mudas soledades, el trueno que anuncia la proximidad del invierno; ya estaban pasando hacia el Occidente las rumazones de nubes que van a condensarse sobre la Cordillera, donde comienzan las … mas …
Doña Bárbara: 2.IX. Las veladas de la vaquería. Rómulo Gallegos
Ya era tiempo de proceder a la vaquería general de entrada de aguas. La costumbre, creada por falta de límites cercados y consagrada por las leyes de llano, establece que los hatos colindantes trabajasen la hacienda en comunidad una o … mas …
Doña Bárbara: 2.X. La pasión sin nombre. Rómulo Gallegos
–Genoveva. ¡Chica! ¡Lo que se me ha ocurrido! –¿Qué, mujer de Dios? –Ven para contarte. Allí, junto al palenque, donde nadie nos oiga. Tócame las manos, óyeme el corazón. –¡Ah! Ya sé: que te ha dicho por fin.. –No. Ni … mas …
Doña Bárbara: 2.XI. Soluciones imaginarias. Rómulo Gallegos
Lo extraño fue que a Santos Luzardo también se le ocurrieron soluciones imaginarias. Con la fría imparcialidad de que se revestía para analizar sentimientos suyos y situaciones difíciles que de ellos dependiesen, se planteó el caso, sentándose al escritorio, despejándolo … mas …
Doña Bárbara: 2.XII. Coplas y pasajes. Rómulo Gallegos
Pero con todo esto, las soluciones imaginarias no habían hecho sino complicar el problema, pues ya para Santos Luzardo la vida se había vuelto insoportable dentro de aquella casa. Afortunadamente, fuera de ella todavía había mucho que hacer. Concluida la … mas …
Doña Bárbara: 2.XIII. La Dañera y su sombra. Rómulo Gallegos
Cerca de la anochecida, al dirigirse a la cocina para prepararle la comida a Santos, ya al entrar, Marisela oyó que la india Eufrasia le decía a Casilda. –¿Para qué iba a ser, pues, ese empeño de Juan Primito en … mas …
Doña Bárbara: 3.I. El espanto de la sabana. Rómulo Gallegos
A Melquíades podían tenerlo trabajando todo el año sin paga, siempre que fuera en hacerle daño a alguien; pero en cualquiera otra actividad, por bien recompensada que fuese, se aburría muy pronto. La más inocente de las ocupaciones a que … mas …
Doña Bárbara: 3.II. Las tolvaneras. Rómulo Gallegos
No aquéllas, retozo del viento en los médanos, que una vez le arrancaron a Santos Luzardo una exclamación ilusionada, sino otras, las malas trombas, las que se llevan las esperanzas. Ya Marisela no es el alma traviesa y risueña de … mas …
Doña Bárbara: 3.III. Ño Pernalete y otras calamidades. Rómulo Gallegos
Motivos, que no razones, tenía Mujiquita para querer esconderse bajo el mostrador de su pulpería cuando vio aparecer a Santos Luzardo. Primero, porque aquella amistosa injerencia suya en la querella que contra doña Bárbara llevara aquél por causa de los … mas …
Doña Bárbara: 3.IV. Opuestos rumbos buscaban. Rómulo Gallegos
Uno de aquellos mensajeros que le llevaron a Santos Luzardo la noticia del suceso de El Totumo había recibido de Ño Pernalete esta consigna privada: –De paso, acérquense a las casas de El Miedo, con un pretexto cualquiera, y en … mas …
Doña Bárbara: 3.V. La hora del hombre. Rómulo Gallegos
Momentos después Santos Luzardo irrumpía en la casa de Macanillal, revólver en mano. Estaba la casa en el mismo sitio donde mandara a reponerla doña Bárbara, pero no donde en estricta justicia debería estar, pues también había sido arbitraria la … mas …
Doña Bárbara: 3.VI. El inefable hallazgo. Rómulo Gallegos
Fueron tres los días que Santos estuvo ausente del hato, y mientras tanto, Marisela alimentó la secreta esperanza de verlo ir en busca suya en cuanto regresara a Altamira y no la encontrase allí. Empecinada en el sombrío despecho que … mas …
Doña Bárbara: 3.VII. El Inescrutable Designio. Rómulo Gallegos
Los rayos tendidos del sol de los araguatos doran los troncos de los árboles del patio, el paloapique de los corrales y la horconadura de los caneyes bajo la sombra violácea de las pardas techumbres, y cuando ya el disco … mas …
Doña Bárbara: 3.VIII. La gloria roja. Rómulo Gallegos
No dejó de ocurrírsele a Santos Luzardo que sólo en una cabeza ofuscada podía haber brotado la idea de invitarlo, de manera tan absurda, a caer en una celada; pero él también daba muestras de haber perdido la cordura al … mas …
Doña Bárbara: 3.IX. Los retozos de míster Danger. Rómulo Gallegos
Ya mister Danger se disponía a recogerse a dormir, cuando ladraron los perros y se oyeron las pisadas de un caballo. –¿Quién vendrá para acá a estas horas? –se preguntó asomándose a la puerta. Comenzaba a salir la luna, pero … mas …
Doña Bárbara: 3.X. Entregando las obras. Rómulo Gallegos
Hacia rato que se habían escuchado en el profundo silencio de la noche las detonaciones de los disparos de Rincón Hondo, y todavía Bárbara, pendiente de lo que allí hubiera sucedido y echando de menos aquella extraordinaria facultad de intuición … mas …
Doña Bárbara: 3.XI. Luz en la caverna. Rómulo Gallegos
Era ya medianoche y hacía más de una hora que cabalgaban en silencio, cuando, a la vista del palmar de La Chusmita, observó Pajarote: –¿Luz en estas horas en la casa de don Lorenzo? Algo debe de estar pasando allá. … mas …
Doña Bárbara: 3.XII. Los puntos sobre las haches. Rómulo Gallegos
Estaban cortando sogas en el patio de los caneyes, ya al caer de la tarde, cuando Pajarote, después de haber dirigido una mirada a la sabana, dijo: –Yo no sé cómo puede haber cristianos que les guste vivir entre cerros … mas …
Doña Bárbara: 3.XIII. La hija de los ríos. Rómulo Gallegos
Tiempo hacía que doña Bárbara no visitaba San Fernando. Como siempre, en cuanto corrió la noticia de su llegada, pusiéronse en movimiento los abogados, vislumbrando ya uno de aquellos litigios largos y laboriosos que entablaba contra sus vecinos la famosa … mas …
Doña Bárbara: 3.XIV. La estrella en la mira. Rómulo Gallegos
Era la decadencia que ya había comenzado. La mujer indomable que ante nada se había detenido, se encontraba ahora en presencia de algo contra lo cual no sabía luchar. El tortuoso designio de Rincón Hondo ya había sido tirar zarpazos … mas …
Doña Bárbara: 3.XV. Toda horizontes, toda caminos… Rómulo Gallegos
Aquella noche no estuvo la luz encendida en el cuarto de las entrevistas con «el Socio», pero cuando doña Bárbara salió al patio, Juan Primito y los dos peones que la habían escoltado en el viaje a San Fernando –aquellos … mas …
Doña Bárbara: Vocabulario de Venezolanismos que no figuran en DRAE. Rómulo Gallegos
Acupe: Bebida fermentada de maíz. Ajilarse: Ahilarse, marchar uno detrás de otro. Morder el pez el anzuelo. Amadrinador: Jinete que acompaña al domador. Araguato: Color leonado obscuro. Nombre de una especie de monos de este color. Arica: Abeja silvestre. Arrosquetado: … mas …
Rómulo Gallegos
Rómulo Ángel del Monte Carmelo Gallegos Freire (Caracas, 2 de agosto de 1884 – Ib., 5 de abril de 1969), fue un novelista y político venezolano. Se le ha considerado como el novelista venezolano más relevante del siglo XX, y … mas …