Tiempo de callar
En una crónica sobre el primer libro de Olimpia Berti Unceín dije que no había podido leerlo en años porque alguien me lo hurtó de mi escritorio frecuentado por estudiantes y amigos como el poeta Pedro Osty, y que reorganizando la biblioteca lo encontré y me apresuré a leerlo antes que volviese a extraviarse, pues asombrosamente debo confesar que volvió a desaparecer, tal cual como sucedió por enésima vez con “Tiempo de callar”, un libro que para mí era como el Breviario de un sacerdote.
Recuerdo que estando en el Colegio de Abogados, los poetas John Sampson y Omar Duque, juntos los dos en el Bar de esa sede del Colegio, me llamaron cuando en otra mesa estaba y me preguntaron si sabía del escritor colombiano Hernando Track y les contesté: “Ah… si, debe ser el autor de “Tiempo de callar”, Sonrieron ambos con cierta picardía y volví a mi mesa.
Ese mismo año, diciembre, víspera de Navidad, recibí del poeta Sampson “El crepúsculo de los ídolos” de Friedrich Nietzsche, un libro de regalo con esta dedicatoria “Américo: cualquier día es lícito para extenderle una Feliz Navidad a un poeta que estima a Hernando Track, maestro de este andarín”.









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