Historia centro cultural isla de Coche
Introducción
El ser humano interactúa en dos mundos que constituyen el medio ambiente donde vive en relación social con sus semejantes para tener más capacidad y dominio de acción y responsabilidades que le permita alcanzar los bienes y servicios que se necesitan para poder subsistir y alcanzar el mejor modo de vida posible. Esos mundos son el natural, que es todo lo creado por Dios, y el cultural, que es todo lo creado por el hombre, pero éste requiere de los elementos naturales para transformarlos en bienes de consumo, los cuales vienen a satisfacer sus necesidades básicas y secundarias. Al respecto, tengo que apelar a las teorías que explican la obligada sociabilidad de los seres humanos.
La sociabilidad humana es un hecho de experiencia común. Lo social aparece como una característica de la vida humana que implica pluralidad, unión y convivencia. El hombre histórico se concreta en comunidades y asociaciones. La familia, la nación y el Estado constituyen algunas de esas entidades sociales. La evidencia del hecho de que el hombre vive y convive en sociedad se impone por sí misma. Ahora bien, ¿cuál es la causa eficiente que está en el origen de esa sociabilidad humana? Básicamente nos encontramos con tres tipos de respuesta: la teoría contractualista, la conocida como teoría naturalista y la teoría de la naturaleza social del hombre, que es la Teoría del Derecho Natural.
La teoría del pacto o contrato social afirma que la sociedad humana tiene su origen y fundamento en un pacto o libre acuerdo entre los individuos. Esta teoría, que está en la base del liberalismo clásico, ha sido defendida por autores como Thomas Hobbes, John Locke y Jean-Jacques Rousseau. Así, Hobbes considera que la naturaleza humana es esencialmente egoísta y antisocial. En esa situación de inseguridad y temor en la que el hombre es un lobo para el hombre, los hombres renuncian al interés personal y a su derecho absoluto sobre los bienes materiales mediante un pacto en el que se constituye el Leviatán: un poder fuerte, absoluto, pero más amable que el poder del hombre, capaz de formar las voluntades, y que surge del pacto de cada uno con todos los demás. Por su parte, Rousseau supone que el estado primitivo del hombre era asocial y que, en aras de un mayor perfeccionamiento, la sociedad se constituye gracias a un contrato social por el que los individuos ceden sus derechos en favor de la comunidad y del poder civil que representará la voluntad general.
En lo que se refiere a la teoría naturalista, que tiene en Georg Hegel a uno de sus máximos exponentes, considera la sociedad como un todo orgánico que se constituye como la última fase conocida de un proceso evolutivo de la realidad (materia o espíritu), que se rige por las rígidas e inflexibles leyes del determinismo universal. Esta tesis está en el substrato de los planteamientos políticos totalitarios.
Por último, la tercera respuesta -sostenida por Aristóteles y Tomás de Aquino, entre otros- afirma que el hombre es social por naturaleza; es decir, que el origen, causa eficiente o fundamento de la sociedad radica en la propia naturaleza humana que tiene en la sociabilidad una de sus características esenciales. Existe, pues, una inclinación natural del hombre a vivir en sociedad, está obligado a hacerlo porque sencillamente estando solo le es imposible subsistir. En consecuencia, la conformación de grupos es inevitable y para que se garantice el cumplimiento de un bien común a todos, esas organizaciones tienen que actuar en unión, en conformidad del respeto y del interés colectivo sobre lo individual.
La sociedad humana en general es una institución natural, fundamentada en la naturaleza humana. La naturaleza explica la sociabilidad; es decir, la exigencia necesaria de la sociedad por parte del hombre. Pero, libremente y por mutuo acuerdo o convención, los hombres fundan o establecen sociedades concretas y particulares que tienen elementos esenciales, geográficos, culturales o históricos específicos. Por consiguiente, el fundamento natural de la sociedad humana permite comprender lo que la sociedad tiene de libre y de necesario, es decir, aquellos elementos que dependen de la libertad humana y los que se fundamentan en la propia naturaleza del hombre
Estas tres teorías se adaptan a la realidad cultural de los pueblos, en cuyo contexto social en la medida en que se internalicen los valores del trabajo productivo en equipo y el perfil de los valores morales y éticos, paralelamente se alcanzan los objetivos planteados. En nuestro caso muy específico en Coche, estos planteamientos sobre la sociabilidad humana se ubican perfectamente en los cambios sociales que se generaron con la fundación del Centro Cultural “Isla de Coche”, conceptualizados como productos materiales e inmateriales. Entre estas creaciones, se ubica una extensa variedad de valores materiales e inmateriales que coadyuvan a que el individuo cuente con un gran apoyo logístico para atreverse a organizarse en grupos, en una dinámica social, como elemental vía, manera o medio, para exteriorizar otras manifestaciones que involucran a la cultura de la música, de las composiciones literarias, del canto, del baile, del teatro, del deporte, de la recreación, de la artesanía en su múltiple diversidad y tantas otras que es imposible nombrarlas a todas. Así se forman los proclamados patrimonios culturales.
Estamos disertando sobre un tema muy importante, amplio y de mucha significancia para entender con mayor claridad y aprehensión lo que significa cultura, conocer su vinculación provechosa con la naturaleza y comprender que todo lo que inventa el hombre es cultura y que, por su indetenible dinamismo, los pueblos tienden a organizarse, a planificar sus metas, sus objetivos e idealizar sus misiones, por lo que genera a que las sociedades cambien constantemente en busca de un mayor progreso. Esta conducta globalizada obedece a una ley social, que conlleva al hombre a unirse a otros para establecerse en grupos, mancomunar sus ideas, proyectos, voluntades, esfuerzos y trabajo, para una mayor facilidad de acciones y el consiguiente exitoso cumplimiento de estas.
Desde la sociedad primitiva hasta la sociedad moderna en la que estamos actuando, el ser humano siempre ha buscado el modo de asociarse con fines básicamente sociales, psicológicos y espirituales. La cultura cambia a los pueblos y los pueblos hacen cambios en la cultura, porque ambos son protagonistas vinculantes y, por requerimiento de la misma esencia liberal hacia el desarrollo, se unen para instituirse, para constituir grupos o asociaciones en una colectividad, donde se les exigen ser agentes directo o indirecto de sus cambios sociales. Esto nos conduce a deducir por antonomasia que el hombre social es producto de su cultura y la cultura de un pueblo es la hacedora del ser social, por lo que la vinculación entre ambos es estrictamente dependiente y los condiciona a actuar en asonancia para poder obtener los beneficios que exigen un modo de vida cada vez mejor.
La natural dependencia recíproca de los hombres en la consecución de sus finalidades específicas, así como la existencia en todos los individuos de una fuerte tendencia a la unión con sus semejantes, prueban el carácter social de la naturaleza humana. De hecho, los hombres ya nacen en el seno de la sociedad; al principio de su vida la necesitan ineludiblemente, y cuando llegan a la edad adulta no se pueden separar de ella totalmente, sino con grave perjuicio para su bienestar físico y espiritual. La constitución corporal y anímica del hombre condiciona su propia supervivencia a la ayuda de los demás durante un tiempo incomparablemente más largo que en los demás animales. Incluso el despertar y el desarrollo de sus facultades espirituales dependen estrechamente de la ayuda y enseñanza de sus congéneres. En este sentido, la madurez psicológica del entendimiento y de la voluntad está condicionada por la ayuda de los demás, por lo que sería muy difícil distinguir de un irracional al individuo humano que hubiese crecido en soledad
La evolución de todos los pueblos se realiza mediante la sucesión continua e interminable de permutaciones que, en el largo plazo, representan un avance global, una evolución, matizado por una dinámica tecnológica y científica. Es el progreso humano. La forma de este dinamismo es la de los procesos sociales complejos, compuestos por una multitud de fuerzas, factores y circunstancias en los que a los hombres les corresponden el papel de ser agentes principales. Por regla general, la naturaleza de esos procesos admite su caracterización y, si ésta es oportuna, nos facilita advertir sus tendencias internas y actuar para acelerar lo que debe hacerse y no para retrasar su desenlace.
Hay momentos, sin embargo, en que esos procesos parecerían obedecer a fuerzas ciegas, de tal modo que sus consecuencias se nos imponen sin remedio. Los procesos sociales, las transformaciones de la sociedad, se gestan a veces inadvertidamente hasta que comienzan a aparecer los primeros signos y luego las manifestaciones cada vez más evidentes de que las fuerzas contrarias a los cambios a duras penas resisten el derrumbamiento del muro de contención que preserva las viejas formas y los viejos intereses.
En el caso de nosotros sucedió así, cuando enfrentamos a otras voluntades contrarias al ideal de disponer de una organización formal tendiente a ser intérprete de cambios sociales en la comunidad de Coche, proyecto que logramos cristalizar al imponer los valores de la consciencia, la unión, la fuerza, el arrojo, la constancia y la paciencia, entre otras actitudes positivas para vencer con dignidad el reto planteado y alcanzar en este año del 2018, el 19 de noviembre, cincuenta años de haber nacido este Centro Cultural. Sin esta escala de valores no se hubiese logrado el objetivo, porque no fue fácil invadir y suceder a un estatus radicalizado en acentuadas conductas de entreguismo a un destino incierto, rebuscado en el conformismo y en el tabique de la resignación. En otros términos, luchamos en contra de un fenómeno marginal endógeno para sustituirlo por la filosofía de la luz y de la acción.
En algunos momentos, la historia nos juega la pasada de hacernos creer que un acontecimiento cualquiera, aislado, mayor o menor, tiene la capacidad de desencadenar las conmociones sociales. Pues no, las transformaciones profundas de la sociedad se van preparando lentamente, paulatinamente, hasta que aparece la circunstancia o el conjunto de factores que abren finalmente las compuertas del cambio. En efecto y validando lo que se apunta en este párrafo, el Centro Cultural “Isla de Coche” causó desde un principio una diversidad de emociones sociales desde las más afectivas y solidarias hasta las más hostiles y desconfiadas. Lo más importante es que nos fuimos preparando con cautela y seguridad, con una pauta acompasada, pero con una actitud firme, consciente y progresista, sin resquemores, egoísmos o envidias. Todo con Dios.
Cuando el tejido social de un pueblo está formado y condicionado por personas que no han sabido comprender el ocaso de su “liderazgo” en su comunidad, que no quieren entender la limitante cerrada de no poder hacer los cambios sociales, que se cierran al relevo oportuno e inevitable de las nuevas generaciones, se genera un conflicto generacional, se suscitan enfrentamientos entre las viejas y nuevas ideas, y lo más triste es cuando emergen los malos sentimientos de la envidia, el egoísmo, la calumnia y la mala intención, a los cuales nos enfrentamos y vencimos.
Estas absurdas y lastimosas conductas frenan el libre progreso de los pueblos. Las fuerzas sociales que deben motorizar la laboriosidad de la cultura progresista muchas veces son dominadas por la rutina, la inercia, el conformismo, la abulia y la negatividad, de allí que las contradicciones se multiplican, la desconfianza se generaliza, los problemas se acumulan, las soluciones se retardan y la presión social alcanza niveles inquietantes. Estas borrascosas sociales fueron derrotadas.
Examinar la realidad de los cambios sociales de la sociedad venezolana, en cuanto a la multiplicidad de organizaciones no gubernamentales, resulta muy atractivo conocer su importancia y lo interesante que son para el estudio de las ciencias sociales, conforme a sus técnicas metodológicas que pueda permitir acercarnos con claridad, con certidumbre y objetividad, al diagnóstico aproximado de la articulación que significan la conformación de grupos comunitarios integrados al progreso de los pueblos. Estas organizaciones coexisten de acuerdo con la misión que cada una de ellas le corresponda en concordancia con su objeto y definición de sus caracteres filosóficos que abarcan temas de tipo espiritual, religioso, económico, beneficencia social, político, en la defensa de los derechos humanos en la salud, en la educación, en la masificación deportiva, en la defensa folclórica, estudiantil, ecológico o ambientalista, turístico, viviendas, entre otras múltiples organizaciones.
Estas agrupaciones, tan variadas en su forma y contenido, se identifican como clubes, fundaciones, comités, asociaciones y centros culturales, los cuales existen en cada pueblo de Venezuela como asociaciones civiles, sin fines de lucro, autónomas y conocidas mundialmente como Organizaciones No Gubernamentales (O.N.G.). Por su parte, en la Isla de Margarita ha sido notoria la cantidad de clubes, fundaciones y centros culturales que se han creado, siendo estos últimos los más destacados al tomar en cuenta su funcionalidad en cada comunidad margariteña, agrupándose en un rectorado institucional con el nombre de FEDECENE, que significa la Federación de Centros Culturales del Estado Nueva Esparta, con 52 años de fundado, donde interactúan la mayoría de estas organizaciones populares dedicadas a la defensa, rescate y promoción de las más elementales expresiones materiales e inmateriales de la cultura popular neoespartana, en el logro de prevalecer nuestra identidad histórica y social.
Finalmente anclamos en Coche, después de una larga travesía por el mar introductorio de este tema en aras de describir la relación deductiva de lo general a lo particular, que en este caso específico se trata de dilucidar la importancia de la fundación del Centro Cultural “Isla de Coche”, su aporte como factor emprendedor en determinados cambios sociales que se originaron desde su nacimiento, el 19 de noviembre del año 1968, hasta el presente que indica al año 2018. Han sido cincuenta años de largo y duro peregrinar sobre unas cumbres borrascosas cuando emergían las repelentes dificultades que representaban las incomprensibles mentes de algunas personas y la muralla obstaculizadora de los recursos materiales. Por supuesto, también contamos con la mayoría de un pueblo que nos respaldó, fundamentalmente la juventud, y la colaboración que obteníamos de algunas instituciones públicas y privadas, además de la ayuda que nos proporcionaban contadas personas que sí entendían nuestros ideales en un centro cultural para trabajar por el engrandecimiento de nuestro pueblo y el juicioso tiempo de la verdad nos absolvió favorablemente.
Para esa fecha (19–11–1968) en Margarita se habían constituido algunos centros culturales y la Federación de los Centros Culturales del Estado Nueva Esparta (FEDECENE), con sede en La Asunción. A nivel nacional, los margariteños y cochenses que habían emigrado a otras regiones del país se agruparon formando fundaciones, clubes y casas de la cultura. Entre esas creaciones se destacan, por los margariteños, “La Casa de Nueva Esparta en El Tigre”, Estado Anzoátegui; “Asociación Pro La Guardia”, Estado Zulia; por los cochenses “Sociedad Benéfica Pro Coche”, tanto en Ciudad Ojeda, Estado Zulia, como en Puerto Cabello, Estado Carabobo. Éstas y otras asociaciones civiles, sin fines de lucro, evidenciaron el amor, la magnánima voluntad de trabajo social y la solidaridad de nuestros coterráneos neoespartanos por el progreso de Margarita y Coche.
En tierra margariteña, se asomaban potentes organizaciones deportivas y en el arte escénico y musicales que sirvieron de estímulo a ulteriores clubes y centros culturales. Es grato recordar con afecto y admiración a la Organización Deportiva, Social y Cultural “Los “Marinos de Punda”; al Centro Cultural “Margarita”, Centro Cultural “El Maco”, Centro Cultural “La Guardia”, Centro Cultural de la Península de Macanao, Centro Cultural “Tamarindo” de La Asunción, Centro Cultural “Nicolás Eugenio Navarro”, La Asunción, entre otras importantes organizaciones culturales. Al fin le tocó al pueblo de Coche sumarse a ese gran movimiento popular que originó importantes cambios sociales cuando tuve la idea de fundar el Club Deportivo, Social y Cultural “Los Tigres de Coche”, que posteriormente se redefinió su nombre por el Centro Cultural “Isla de Coche”, con fecha 8 de febrero del año 1980. Es decir, a doce años de su fundación, conservándose integralmente sus Estatutos.
A continuación, se transcribe el primer punto de esa Agenda, identificada como segunda Acta de Asamblea de Socios del Centro Cultural “Isla de Coche”:
“Primera. Cambio del nombre o denominación del Organismo, por la causa que a continuación se especifica: El antiguo nombre Club Social, Deportivo y Cultural “Los Tigres de Coche” no corresponde a la realidad de los valores, costumbres e idiosincrasia de la comunidad de Coche y se buscó un nuevo nombre que se identificara con el objeto y fines que en esencia cultural persigue esta Organización, como lo es el rescate, la divulgación y conservación de los más originales y puros valores folclóricos del pueblo de Coche; velar y luchar por las reivindicaciones sociales y de carácter comunal de esta isla y por la práctica, en forma organizada y planificada, del deporte como medio que forme sanamente al individuo, tanto física, mental como socialmente y, en general, educar al individuo en la búsqueda de formar un ciudadano útil a su sociedad. Habiéndose deliberado al respecto, se aprobó, por abrumadora mayoría que, a partir de esta fecha, este Organismo se llamará o denominará “Centro Cultural Isla De Coche”. En el segundo punto de esta Acta se procedió a la elección de su Junta Directiva, a saber: “Segunda: Se procede al nombramiento de la Junta Directiva, la cual quedó integrada así: Director: Romeo Arismendi; Subdirector: Anurbe Martínez: Coordinador General: Arístides Cortecía; Secretario Ejecutivo: Emilio González; Secretario de Actas, Correspondencias y Fichaje: Cleto Martínez L.; Tesorero: Alberto Alfonzo C.; Secretario de Relaciones Públicas: Carlos Rodríguez; Secretario de Propaganda: Inocente Vicent; Coordinador de Música y Folclore: Alberto Alfonzo; Coordinador de Teatro: Ramón Fernández; Coordinador de Asuntos Infantiles: Domingo González; Coordinadora de Taller: Delia Rodríguez; Coordinador de Investigaciones Culturales: José María Fermín; Coordinador de Deportes: Erasmo González; Subcoordinadores: Béisbol; José Frontado; Fútbol: Humberto Rodríguez; Básquetbol: José Carrero; Volibol; José Jesús Lunar; Softbol: Anurbe Martínez Bolas Criollas: Esteben Córdova; Atletismo: Asisclo Hernández y Ciclismo: Enrique Martínez .
De esta manera se constituyó la primera Junta Directiva con el nuevo nombre de esta Institución, Centro Cultural “Isla de Coche”, de la cual puedo sobradamente opinar que ha sido la mejor de todas al evaluar el protagonismo que todos supieron cumplir en la práctica de sus roles y en el compañerismo de unión, armonía, solidaridad y amor por lo nuestro, por la amistad y la familiaridad. Fueron unos años de completa entrega a nuestros ideales contemplados en los estatutos de nuestra Institución. En términos que en estos casos aplica el enfoque de la Psicología y la perspectiva sociológica, se coadyuvan estas dos disciplinas sociales para explicar la resiliencia que tuvimos que utilizar para sobreponernos a situaciones críticas y con esta actitud se pudo vencer a esos momentos adversos, que en algunas ocasiones eran circunstancias complicadas y hasta desmotivadoras.
Semblanzas de la sociedad de la isla de Coche
Remembranza generalizada de un pueblo antes de la fundación del Centro Cultural “Isla de Coche”
Para aquellos tiempos, antes del año 1968, nuestros antepasados confrontaron etapas de vivencias culturales propias de una situación marginal, por la cual esas generaciones no habían interceptado los determinantes cambios sociales, que muchos de éstos se fundamentan en las formalidades de los grupos organizados, que les admitieran transformar progresivamente su modo de vida, en convertirse en sujetos activos y dinamizadores de nuevos paradigmas, garantes de un movimiento popular que hicieran valer su visión de ciudadanos liberales para las acciones reivindicativas. Se enfrentaban a dos factores; el endógeno que limitaba su accionar público y el exógeno, referente a causas externas.
Este letargo le hizo mucho daño a nuestro pueblo, cuyo cuadro marginal se debió más al factor exógeno que endógeno, aunque en la repetición de estos fenómenos sociales ambos componentes son vinculantes. Por consiguiente, se explica que para esas épocas la sociedad cochense aún no había interceptado la importancia de organizarse formalmente para instituirse en una fuerza operativa en pie de lucha por lograr mejores derroteros y ser un factor de cambios sociales, quizás era debido a que todavía era determinante la inconsciencia de la cultura acometedora.
El fenómeno de la marginación es un hecho social que es difícil delimitar en cuanto a su definición y manifestaciones, pues en él influyen el tiempo y el espacio; es decir, lo que hoy es marginal mañana puede no serlo y lo que es marginal aquí, quizá en otro lugar no lo sea. Marginal o marginalidad no es una expresión peyorativa, es simplemente cuando a una persona o grupos de individuos o a un pueblo se le excluya de recibir las atenciones que por derecho constitucional le corresponde, porque es un deber y una obligación del Estado como Gobierno tener que atenderlo, sin ninguna discriminación de cualquier tipo o naturaleza y que de alguna forma lo condiciona a un estado de pasividad.
Sin lugar a duda, para aquellos años el fenómeno de la marginalidad era más acentuado, si lo ubicamos en la variable causal porque había menos movimientos comunitarios con rango de luchadores sociales, menos oportunidades para canalizar públicamente los problemas y, mientras la Isla de Margarita iba en ascenso progresista, la Isla de Coche seguía estancada con sus eternos problemas, los cuales en este tiempo del presente continúan diezmando al cochense con mayor intensidad. Aclarando más este planteamiento, a continuación, me voy a permitir explicarlo más detalladamente.
En sociología, se denomina marginación o exclusión a una situación social de desventaja económica, profesional, política, programas sociales o de algún estatus social, producida por la dificultad que una persona o grupo tiene para integrarse a algunos de los sistemas de funcionamiento social. La marginación puede ser el efecto de prácticas explícitas de discriminación —que dejan efectivamente a la clase o grupo sociales segregado al margen del movimiento social en algún aspecto o en varios de ellos, o ser provocada por la deficiencia de los procedimientos que aseguran la integración de los factores sociales, garantizándoles la oportunidad de desarrollarse plenamente. En otros términos, es excluir a un pueblo al derecho de disfrutar los bienes y servicios básicos del buen vivir y apartarlo de toda consideración constitucional. Es el proceso resultante de una estructura social, política y económica que mantiene a un pueblo en condiciones marcadamente inferiores al promedio exigido. Es el fenómeno de la causalidad exógena.
Desde el ángulo de la psicosociología, la marginación sería entendida como algo objetivo, estructural y por tanto externo y ajeno a la voluntad de los sujetos que viven esa situación. Es un fenómeno algo subjetivo, interno, individual. De esta manera, distinguiríamos entre situación de marginación y sentimiento de marginación, sin que entre ambos términos tengan que existir relaciones perfectas. Se puede estar marginado sin tener conciencia de ello y, a la inversa, se puede tener ese sentimiento sin que existan razones objetivas para ello. Exactamente, este postulado corrobora la inercia de un pueblo encadenado al conformismo, a la apatía, a la abulia y a la desidia, que los ata de manos y los ciega al entendimiento consciente sobre sus deberes y obligaciones, sin sentir la motivación al logro y que es imprescindible formarse en grupos como fuerza popular para ser también protagonistas sociales en la búsqueda de mejores condiciones de vida.
La Isla de Coche ha sido siempre un objeto marginal que ha incidido en su subdesarrollo. Es inobjetable, nuestro pueblo ha sufrido los embates de la discriminación social por parte de los gobiernos regional y nacional. La Historia no miente, compare la infraestructura de la Isla de Margarita con la de Coche, la diferencia es abismal y evidencia el fenómeno de la marginalidad que he venido recapitulando. Aunque también es una irrefutable verdad que existen muchos pueblos de Margarita que viven empobrecidos, afectados por las mismas agudas condiciones desfavorables que afecta a la comunidad de Coche, lo cual evidencia la práctica discriminatoria en base a un sistema económico excluyente para la mayoría y beneficioso para las élites sociales del dinero y del poder político.
Coche, al igual que todos los pueblos que han sido humillados por el fenómeno de la marginalidad, no merece bajo ningún punto de vista este largo peregrinar de abandono. De nada le ha valido ser una de las tres islas que forman el Estado Nueva Esparta y que por derecho político constitucional es territorio venezolano. De haber existido justicia y desprendimiento humano y no una indolencia del oficialismo, el pueblo de Coche hubiese tenido un mejor futuro, un progreso sustentado en un turismo sostenible y popular, un turismo cultural en su amplia y correcta definición, dada su importancia por sus efectos económicos como generador de empleos, ingresos y producción. Y tomar como fuente de desarrollo agroalimentario la pesca artesanal al instalarse empresas procesadoras. Igualmente pasó con la negativa de la industrialización de sus salinas, con el cierre definitivo de la empresa enlatadora de sardinas y pata e cabra, que laboraba en El Bichar, la cual era una fuente generadora de cientos de empleos directos e indirectos.
Basándome en esta realidad, compuse estos dos sonetos en una virtual notificación de queja entre dos hermanas neoespartanas: Coche y Margarita:
Coche a su hermana Margarita
¡Hermana!, tan cercana a nuestros corazones,
Y, sin embargo, tu lejanía pareciera infinita,
El olvido oficial, cual espejismo de ribazones,
Te hacen alejarte de mí, hermana Margarita.
Pero, quien nos separa es la Margarita oficial,
Pues la del pueblo sí es mi verdadera hermana,
La que me quiere y siente por el abuso desigual
De este abandono, cubierto de lastimosas canas.
Hermana Margarita, siento tu amor y tu clamor,
Que son arrastrados por las corrientes marinas
De nuestro Mar Caribe, que nos une en cercanía.
Somos como gemelas, en las mareas del dolor,
En la salmuera del leso atraso, en las peregrinas
Promesas de alargar en cada sufragio mi agonía.
Margarita a su hermana Coche
Nacimos de Dios, de la naturaleza y de la geografía,
Ellos son nuestros magnos y eternos padres naturales,
Pero la política oficial nos ha separado en la lejanía
Por las diferentes atenciones económicas y sociales.
Y en mí, sólo han vestido una parte de mi estructura,
Obedeciendo intereses de la burocracia abusadora,
Indolentemente han hollado mi ecosistema y cultura,
Perdiendo mi virginidad y mi idiosincrasia soñadora.
La otra gran parte de mi cuerpo no ha sido atendida,
Aunque también ha caído en el vicio y la delincuencia,
Ya no tengo tranquilidad, continúo siendo su puritana.
Estoy consciente hermana, que estás muy desasistida
En muchas cosas que me sobran, pero la real esencia
Es que somos islas hermanas de tierra neoespartana.
Enfocándonos en otra diatriba del fenómeno de la marginalidad, que durante largos años se ha manifestado en Coche, encontramos que no existe una fuente biográfica dedicada a resaltar las obras de importantes y populares personajes cochenses, excepto unas referencias cortas sobre la vida musical de Rafael González y algunas poesías de Vicente Fuentes, Teodoro Villarroel y el Dr. José Francisco Marval. De una manera u otra a la Isla de Coche le han marcado determinados rasgos marginales, los hechos lo confirman.
En ese sentido, nadie se interesó en dar a conocer la producción literaria de nuestros antepasados escritores de poesías y canciones del folclor de Coche, lo mismo sucedió con importantes dirigentes sociales que consagraron parte de su existencia por el bienestar de su pueblo. En Margarita, si existe una amplia y variable cobertura de la retórica productiva de sus cultores en cualquier nivel intelectual y en la diversidad de su producción cultural, donde se vierten las biografías, remembranzas, crónicas y otros rasgos distintivos de sus hijos que se han distinguido por sus obras en el arte literario, la música, el canto, la educación, en el periodismo, cronistas, historiadores, escultores, pintores, artesanos, deportistas, políticos, entre otras áreas de nuestra cultura.
En concreto, es innegable reconocer, por todo lo alto, la importancia literaria que describe la notoria trayectoria pública de notables margariteños es una acción moralmente obligada, es cumplir con un deber histórico y es un medio para enseñar y dar a conocer el aporte que ellos nos legaron con tanta sabiduría y afecto por lo nuestro. Pero la Isla de Coche no ha tenido la misma consideración por resaltar a sus personajes más notables y populares, quienes en honor a sus méritos también son dignos de escribirles su historia. Lo que no se debe discutir es la inobjetable verdad de lo que he venido afirmando. Prácticamente, no tenemos disponibles los escritos que nos describan quiénes fueron nuestros anteriores cultores, cómo fueron sus comportamientos públicos y cuáles fueron sus obras.
Entremos en el silencioso y publicitario pasaje del pasado en Coche cuando no se daba a conocer los hechos propiciados por sus más destacados hacedores, sobre todo en aquellos que eran compositores de canciones populares, músicos y cantantes y de quienes tuvieron una destacada vida social al servicio del pueblo, donde se destacan médicos, enfermeras, parturientas, políticos sociales, deportistas, humoristas y folcloristas. Por vía oral, sabemos que nuestro pueblo tuvo importantes y populares personajes que se destacaron en el transcurso del siglo XX y lo que va en la presente centuria.
Empecemos con el señor Manuel de Jesús Coello, empresario y dueño de trenes de pesquería, cuya producción pesquera beneficiaba en gran medida el consumo alimentario de la población, además de manejar una fuente masiva de trabajadores. Como complemento a su indiscutible componente de empresario progresista, se destacó como músico y compositor de hermosas canciones, con una cualidad literaria que identifica su acervo admirablemente creativo y a su conocimiento prolífero sobre estas artes populares. ¿Se ha escrito una biografía detallada de este notorio comerciante y cultor popular?
Continuemos con otros personajes que tuvieron los méritos suficientes para ser objetos de investigaciones sociales que nos permitieran conocerlos más a través de diferentes modos de lecturas. Tenemos como ejemplo a Vicente Fuentes Salazar, nació el 11 de noviembre del 1898, en El Guamache de la Isla de Coche, hijo de don Ricardo Fuentes y doña Petra Salazar y le cabe el altísimo honor de haber sido el único cochense presidente del Estado Nueva Esparta, el 27 de enero del 1943. Considerado un innato poeta y escritor, hijo orgullo del pueblo de Coche y de nuestro gentilicio cultural, se caracterizó socialmente por su acción comunitaria, por sus importantes logros personales, de una prominente educación y hombre dado a las letras y, ¿Dónde está insertada su historia que amplíe su trayectoria como connotado hombre público?
Sobre Teodoro Villarroel, nacido en El Guamache, por transmisión oral se sabe que fue un versado poeta, pero solamente se escribió algunas de sus poesías en “El libro de Coche”, por el Prof. Jesús Manuel Subero y en este mismo texto se reseñó unas poesías del Dr. José Francisco Marval. Continuamos con el poeta Víctor Salazar, ganador de un concurso de poesía en el diario “El Nacional”, A José Emilio Rodríguez (Chemilo) y Dámaso Lunar, de quienes tengo referencias sobre sus admirables habilidades poéticas.
Rafael González, es registrado como el icono por excelencia de la cultura musical y literaria en la composición de las letras de las diversiones de Coche, con una producción de unas cuarenta canciones, entre las cuales la más famosa y conocida es “El carite”, considerado el segundo himno del Estado Nueva Esparta. Para diciembre del año 1926, la diversión “El carite” salió a las calles de San Pedro y el 15 de mayo del año 1953 fue cuando don Rafael González la registró en Caracas, motivado por los buenos consejos ante las supuestas intenciones de plagio que se cernían sobre su más reputada pieza folclórica y dudaban de su autoría. En su tiempo no se le dedicaron los honores que merecía y fue después de su fallecimiento el 25 de junio del 1953, a los 65 años, cuando se dio inicio a un merecido reconocimiento público acerca de su vida y de su excelsa pieza popular “El carite”. Rawson Fernández, quizás fue el primero en defender su obra musical y años después “Campito” Cedeño publicó un libro titulado “Más allá del carite”.
En esa larga lista de personas que de una u otra manera fueron importantes en el quehacer público en la sociedad de Coche, están la señora Angélica Salazar de Maas, con el cariñoso mote de “Leca” como muy bien fue acogida por un pueblo agradecido. Su humanista labor de partera, enfermera empírica pero con una sabia experiencia y afición humanitaria, fue como la Madre de Calcuta para Coche, una madrina natural de casi todos los niños que nacían por su rol como comadrona.
Con el mismo sentido de la vocación humanitaria en misión curandera surgen también Flores Brito y Alejandro Brito, padre e hijo, quienes, respectivamente, cumplieron samaritanas atenciones de salud en La Uva y en El Guamache. El Dr. José Francisco Marval fue un indiscutible prestigioso profesional de la ciencia médica, ilustrado compositor de canciones y poesías, toda una vida dedicada al servicio de su pueblo también ha sido segregado de una justa y acreedora escritura textual que reseñando su útil vida al servicio de su pueblo se sepa los importantes servicios que a bien supo cumplir en su pueblo natal.
Con la misma invencible pluma del olvido, están los cultores folclóricos: Froilán Lunar, autor de “La anchoa”, una de las cuatro diversiones que han alcanzado mayor popularidad dentro y fuera de Coche y de otras composiciones. Fue un exitoso empresario de la pesca, propulsor de fuentes de trabajo en su actividad pesquera, consagrado samaritano, hombre cabal, educado, caballero y de muy buena reputación social. Susano Salazar, creador de la diversión “La lisa”, otra de las cuatro piezas de mayor aceptación popular, músico, extrovertido, refranero y habilidoso en la oratoria. Eladio González, excelente músico del bandolín y compositor de diversiones identificadas con su pueblo, con un estilo muy peculiar para identificar con motes y de manera jocosa y graciosa a populares personajes cochenses. Su actividad laboral fue el comercio donde surtía los más elementales productos de la dieta diaria, juntamente con otros bienes de consumo doméstico. Y qué decir del gran Tellito Salazar, maestro de aula y preclaro músico y compositor, ubicado entre los mejores no solamente de Coche sino también del Estado Nueva Esparta, creador de la pieza folclórica “El marao” y el carismático Mateíto Salazar quien brilló por sus composiciones alusivas a nuestro folclor y por su donosura.
Continúan en la lista de los “olvidados por la historia”, la doctora y luchadora democrática Carmen Verónica Coello y sus hermanos Alejandrito Coello y Pablo Coello, quienes fueron adalides luchadores políticos y sociales en contra de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Luego emerge Inocente “Chente” Salazar, de acuciosa inteligencia e incansable luchador político y social en pro del bienestar colectivo de su pueblo; su singular ejemplo de amor y entrega a la causa reivindicativa de una comunidad que exigía hijos probos que la defendiera, donde su accionar social lo apunta como uno de los más importantes hijos que ha parido la Isla de Coche. Su lema de lucha “¡Fuerza y pa’ tierra!”, se inmortalizó.
En este mismo orden de activistas comunitarios están Manuelito Salazar, Ismael Patiño, Joaquín Fernández, Simón Bermúdez, Edecio Salazar, Marcos Lunar López, Vitico Carreño, Carlos Modesto González, Alexis Brito Fuentes, Salvador Marcano, Ramón Rojas, Ramón Villarroel, Rosendo Rojas, Marcelo Fuentes, Luis José. Fernández, Asdrúbal Rodríguez, Cruz “Cucho” Bermúdez, Joaquín Fernández Arismendi, Hernán Arismendi, Pastor Silva, Vidal González, Maneque Marval, todos ellos morando en el Reino de Dios.
Continuamos con el registro de esclarecidos educadores fallecidos, como en efecto lo fueron Josefina “Chepina” Fernández de Salazar, Felipa Nery de Narváez, Merita Marín, Cruz “Cucha” Pacheco de Bermúdez, Cruz “Crucita” Fernández Lunar de Dubén, Elena Fernández de Patiño, Gladys Coello, Digna Salazar de Soto, Hilda Salazar, Livia Lozada de Brito y Cándido Fuentes. En cuanto a los cultores deportistas se destacaron el gran Pedro “Zurdo” González, Antonio Martínez, Luis Bello, Rosendo Rojas, Vitico Carreño, Antonio Bermúdez, Epifanio Gómez, Arístides Rodríguez, Ricardo González, Félix Gómez, Ángel Lunar, Francisco “Chico Conejo” González, Esteban Tormet, Alberto Fermín, José Vicente Noriega, Julio Lunar, Ángel Bermúdez, José Vicente Noriega, sólo por citar a una muestra representativa de un universo de más de cientos renombrados beisbolistas ya fallecidos.
Finalizamos con el inventario que representan los creadores del humor, de las travesuras, de la imaginación fantástica entre el embuste, la graciosidad y la aventura imaginaria de quienes, con esos comportamientos, tan originalmente folclóricos, se convirtieron en personajes de leyendas, de obligada referencia a la hora de tertuliar y en busca de pasar momentos de alegría y carcajadas en un sano esparcimiento familiar o social. Entre ellos, despuntan los eternales y populares Simón “Viejo” Bermúdez, Nicanor “Canoncito” Arismendi, Mario Marcano, Jesús “Chucho” Lunar, Ángel Cortesía, Francisco “Chico Pollo” Suárez, Pablo “Cochero” Fuentes, Francisco “Chico Embustero” González, Antonio “Conejo” Fermín, Justino “Rapapino” Rodríguez, Jesús “Chucho Mono” Bermúdez, Pablo Cortesía, Goyo Suárez, Chanito González.
Todos los personajes que se han anotado en este libro, fueron actores o hacedores significativos en diversos escenarios de nuestra cultura general que han fenecido, sin haber disfrutado de un digno reconocimiento literal y, así, lo determiné para estampar una remembranza del pasado en torno a esos recordados coterráneos, pero solamente subrayando sus nombres por cuanto no existen escritos que relaten su vida, que es precisamente el tema del problema que se viene analizando desde una crítica congruente y asertiva. Es obvio que es casi imposible nombrarlos a todos.
En la parcela social del presente, se activan otros protagonistas sobresalientes que hacen valer sus conocimientos, habilidades psicomotoras y su área sentimental, a través de un proceso cultural más dinámico y divulgativo que los conduce a seguir aprendiendo para aprender, aprender para hacer y aprender para ser un sujeto útil a su pueblo, con la diferencia de que ahora si son tomados en cuenta en cuanto a su actuación como cultores populares dentro y fuera de Coche, como es el caso cuando se les invita para presentar sus diversiones en determinados lugares de Venezuela. Gracias a Dios, aún tenemos a José Moya y a Chemané González activos, dignos protagonistas del pasado y decanos del presente y la siembra de los más jóvenes como hacedores y actores de diversiones.
En consumación, la Isla de Coche ha tenido calificados y valiosos hijos que han puesto su nombre bien en alto en otras latitudes fuera de su terruño, donde se han destacado como excelentes profesionales en las diferentes áreas de trabajo, tanto en el sector oficial como en el privado, en todo el país y más allá de Venezuela. Sin embargo, no se le ha dado el meritorio reconocimiento público.
Indiscutiblemente que en cualquier etapa de la historia de Coche tenía que llegar el momento de la transformación social y finalmente comienza a darse los cambios sociales en la estructura vivencial de Coche cuando se funda el Centro Cultural “Isla de Coche” y posteriormente cuando emergen los centros culturales de Güinima, El Guamache y El Bichar. Comienza el Centro Cultural “Isla de Coche” a generar actividades organizadas y a producir recursos humanos para hacer deporte, exponiendo el lema de “Hacer deporte es hacer patria” y “Mens sana in corpore sano”, que en latin significa “Mente sana en cuerpo sano”. Esta rúbrica de práctica mundial nos motivó más para continuar con mayor grado de conciencia y espíritu luchador las actividades deportivas.
Precisamente sobre la presencia natal del Centro Cultural “Isla de Coche” sobre su indiscutible liderazgo cultural y consiguiente factor determinante de cambio social en la sociedad cochense, es el objetivo central donde me conduce este marco introductorio acerca de la realidad dinámica de Coche antes de que naciera nuestro Centro Cultural. Indiscutiblemente que hubo un cambio radical cuando fundamos este movimiento comunitario para que cumpliera con el rol protagonista de los capitales cambios sociales que ya era imperioso que se revelaran. Comenzamos con la realización de los I. Juegos Deportivos Interbarrios de Coche, ininterrumpidamente desde 1968 hasta 1988, que en total fueron veinte espectaculares y masivos juegos deportivos.
¿Cuáles fueron esos cambios sociales? En el aspecto deportivo: 1) Fundación y organización de una novedosa estructura grupal de deportistas para asumir el reto de cambiar esquemas sociales rutinarios hacia una innovación de nuevos saberes, acciones, valores y principios para la práctica organizada del deporte. 2) Creación de equipos o clubes deportivos en varios sectores de Coche 2) Cambios de actitudes y aptitudes en gran escala, si se evalúan el alcance cuantitativo y las cualidades de los nuevos protagonistas del deporte, resumido en atletas, entrenadores y directivos. 3) Aprendizaje y enseñanza por demanda y efectos de cada organización. 4) Nuevos quehaceres en función de una responsabilidad organizativa. 5) Rompimiento de la rutina abúlica, en especial del ocio malo. 6) Una metódica interacción social, entre la amistad, el respeto, la disciplina y la responsabilidad. 7) Integración de la familia y la comunidad en general hacia la recreatividad y apoyo a sus respectivos clubes. 8) El uso de los uniformes y el orgullo que se sentían al verse como auténticos deportistas ante este distintivo emblema, lo cual les elevaba la autoestima, la satisfacción de sentirse importante, útil a su equipo y la lectura del valor de ser protagonistas. 9) Cambio de ánimo, expectativa, emoción, deseo y voluntad para jugar y pertenecer al equipo de su barrio o sector. 10) La responsabilidad de buscar sus uniformes, de cumplir con los juegos y mantener un buen comportamiento.
En el aspecto folclórico: 1) Motivación a la identidad cultural. 2) Incremento de los grupos de diversiones. 3) El afecto vocacional por ser protagonista en los grupos de diversiones. 3) integración de un pueblo al apoyo de las diversiones. 4) Consolidar un espectáculo público anual como centro de atracción único en la competitividad de los festivales de diversiones. 5) Aumento progresivo de jóvenes, adolescentes y niños a la conformación de los grupos organizados de diversiones. 6) Lograr la etiqueta de identificar a Coche con las diversiones y viceversa. 7) Dar a conocer en toda Venezuela y más allá de sus fronteras el gentilicio folclórico de la Isla de Coche con las presentaciones públicas de nuestras diversiones. 8) Conseguir que las diversiones de Coche fuesen reconocidas como patrimonio cultural intangible del Estado Nueva Esparta. 9) El nacimiento de nuevos compositores y músicos que enriquecen la fuente productiva de cultores populares. 10) La masificación de toda una comunidad que actúa como observadora crítica, celosa y pendiente del movimiento organizativo y escénico de las agrupaciones de diversiones.
Más adelante, desarrollaré con más amplitud detallada los roles determinantes del Centro Cultural “Isla de Coche” como ente transformador de una nueva visión social en la idiosincrasia del cochense. Volvamos a retrotraernos al pasado, antes de la fundación de este Centro Cultural.
En el primer libro que editamos sobre las diversiones de Coche y sus festivales, se enfocó sus orígenes, evoluciones, cultores en su variedad de caracteres y otros interesantes aspectos, lo que permitió entender que Coche siempre ha sido un pueblo muy alegre, parrandero, fiestero, creativo y perspicaz para el aprendizaje de un espíritu consustanciado con un fervor folclórico para popularizar sus creencias y tradiciones más resaltantes. Estas expresiones han sido su mayor riqueza en el marco de la espiritualidad mágica de sus costumbres folclóricas.
El jolgorio que se expresaba en los quince días de pascuas decembrinas era un fenómeno cultural, una fenomenología social de largo alcance masivo que involucraba a todo un colectivo sin distinción de edades. Solamente hasta aquí llegaba un acontecimiento de esa magnitud social que debió ser objeto de reseñas bibliográficas, de ser una referencia histórica folclórica para ser considerado un patrimonio de la humanidad, bien sea con el término cultural o social, da lo mismo pues ambos son de igual significación y comprensión. Lo incomprensible es que tuvimos que esperar un siglo para que las diversiones fuesen declaradas patrimonio cultural intangible del Estado Nueva Esparta.
Paralelamente al fenómeno masivo de nuestras diversiones, surgieron en la práctica de la cultura deportiva, principalmente en el béisbol, considerados deportistas que se las ingeniaban para jugar “pelota” ya que con este vocablo identificaba al juego de béisbol. Ellos mismos aprendieron la habilidad psicomotora de construir un guante, un bate y una pelota, y, ante la necesidad psicosociológica por exteriorizar en la práctica un ejercicio deportivo que le atraía, pudieron desarrollar esas destrezas para elaborar herramientas de trabajo y, así, confeccionar esos implementos de béisbol. No voy a describir cómo lo hacían, porque es un tema que dejaré para un próximo libro que tratará la cultura popular del pueblo cochense
Para ese tiempo, antes del Centro Cultural “Isla de Coche”, a los que le gustaban jugar “pelota” realizaban sus juegos sin un orden establecido en lo que es un campeonato o un torneo. Simplemente se entusiasmaban y se retaban quienes eran mejores peloteros. Esos encuentros lo llamaban “caimaneras”; es decir, un juego sin reglamento, sin normas organizativas, todo era para divertirse y mostrar su orgullo de ser mejores y de allí la propensión a la rivalidad como una actitud normal.
La afición por esta disciplina deportiva del béisbol tuvo en La Liga de Béisbol Profesional de Venezuela a su principal motivador, fue la gran chispa que encendió el fanatismo del cochense por el deporte rey del país. Por eso, en Coche solamente se jugaba “pelota” y las demás modalidades deportivas no existían para ellos. Al surgir las eternas rivalidades entre el “Cervecería Caracas”, luego cambiado con el nombre de “Los Leones del Caracas”, y “Los Navegantes del Magallanes”, exaltó más a los cochenses a sentir afición por el béisbol y sucedió lo que normalmente se esperaba: Una parcela grande para “El Caracas y otra parcela grande para “El Magallanes”. Los otros equipos no tenían seguidores, eran puros magallaneros y caraquistas y con esta pasión se enfrentaban en juegos “caimaneros”.
Con este apasionamiento, en San Pedro de Coche se crearon los equipos “Deportivo Villalba”, “Club San Pedro”, “Los Amarillos”, “Los Azules” y en los caseríos los clubes de béisbol conservaban el nombre de sus respectivos pueblos. Se suscitó una combativa rivalidad entre los vallesequeros y los cardoneros, entre los bichaleros y los güinimenses, y entre ellos mismos con El Guamache y San Pedro. Recuerdo un poco esas sanas rivalidades, por lo que he acudido a mi hermano Carlitos y otras fuentes para estar mejor informado. Lo que sí se puede afirmar es que hubo una pasión fuerte por la pelota y el consiguiente duelo de quién era mejor equipo.
La pasión por el deporte rey de Venezuela fue excitante en esa época, se vivió esa efusión peloteril más si se toma en cuenta que no existían otras actividades o espacios para la recreación y diversión ¡Eran muy buenos tiempos de sana competencia y diversión! Como suele suceder en toda actividad grupal, brotan los más calificados, otros de actuación regular y muchos de bajo rendimiento. Cabe destacar que se efectuaron interesantes encuentros entre los caseríos y San Pedro de Coche y, según los que vivieron esos juegos, eran muy buenos, se entregaban al juego con entusiasmo, con orgullo y deseo para demostrar quién era mejor. Muchas veces transitaban a pie la distancia entre los pueblos de Coche, para ellos lo importante era jugar “pelota”, no le paraban al largo recorrido, ni al sol y al calor. ¡Eran muy fiebrosos! Se ajustaban al refrán: ”Sarna con gusto no pica y si pica no mortifica”. Me afirman que Rafael Rojas (Güinima) era un lanzador de muy buena velocidad, al igual que Pedro “Zurdo” González, Dámaso Martínez y el curvero de Luis Bello.
Les llegó el momento de medirse con clubes de béisbol de otros pueblos, donde cada uno de ellos sacaba su selección para enfrentarse a novenas de Margarita, de Caimancito, Guayacán, Guaca, Araya… y cuando venía una fuerte selección de fuera, entonces se unían para conformar un equipo con los mejores jugadores de Coche. Hubo excelentes peloteros que pudieron jugar en cualquier pueblo de Venezuela. Pero, el pero de siempre, fueron subestimados, con ellos la ahorca de la marginación, no había plena organización para eso, además de las desfavorables condiciones económicas y sociales de esa época.
Muchos de esos peloteros tuve el honor de conocerlos. Empero, las buenas referencias que tengo de ellos han sido por narrativas transmitidas por personas que fueron testigos de esas inolvidables vivencias deportivas, una parte importante de la cultura integral del pueblo de Coche en la cual sobresalieron diestros cultores que deleitaban al público por su elegante fildeo, por su portentoso poder al bate, por su escurridiza velocidad para el robo de bases, por su gran pitcheo y por esa versatilidad que les ponías a los juegos.
Por ejemplo, apunto lo que me han contado sobre la pericia curvera de Luis Bello, un gran maestro en este arte de lanzar grandes curvas; Pedro “Zurdo” González, un fenomenal lanzador por su velocidad y curvas, además de haber sido un insigne bateador de contacto y poder. Antonio Martínez, el gran polivalente al estilo de César Tovar; Dámaso Martínez y Rafael Rojas, ambos de gran velocidad y maña para dominar a los bateadores; Celestino Bermúdez “El Mocho del Bichar”, el lanzador con mayor velocidad que ha tenido Coche, se le calculaba que pasaba las 94 millas por hora, era ponchador e intraficable. Sorángel Carreño, el más completo de todos los peloteros de Coche. En grado superlativo bateaba, fildeaba, gran velocidad, inteligencia y astucia. Jesús “Chucho” Fermín, entre los mejores, mucha calidad. Luego los dos mejores campos cortos que conocí: Ángel Fernández y Erasmo González, muy habilidosos para fildear y buen brazo. ¡Qué buenos fueron todos!
En relación con el carácter social que identifica al cochense en su pragmatismo folclórico, que representan sus tradicionales diversiones, se puede desprender en el hecho de que manifestaban sus prácticas populares por las calles de su comunidad en el mes de diciembre, específicamente el día 25 en honor al nacimiento del Niño Jesús; el 28 Día de los Inocentes, el 1 de enero que es el Año Nuevo y en las fechas del 6, 7 y 8 de enero, días de los Santos Reyes. Estas fechas contemplaban las tradicionales pascuas cochenses.
Al igual que los equipos deportivos, no se delimitaban por una organización recta, constante y normativa, sino que sus expresiones públicas las hacían en el umbral de una caracterización eminentemente folclórica en vinculación con el credo religioso, donde generalmente se exteriorizaba el entusiasmo circunstancial del momento y el ánimo de diversión. Son contados los dirigentes, cabecillas o representantes de esos grupos de diversiones que se atrevían a hacer sus diversiones para sacarlas por las calles en esas fechas ya señaladas. Aunque si acudían suficientes muchachas para cumplir con sus roles de guarichas y los indispensables músicos, además de un colectivo que los acompañaban en esas presentaciones callejeras.
¿Quiénes eran esos cultores que se ocupaban de brindarle al pueblo una alegría pascual con sus diversiones? Eran muy pocos los que asumían el rol de liderar grupos de diversiones: Rafael González, los “Morochos” de Teresa, Lencha Millán, Augusto Alfonzo, Perucho “Chila” Quijada y Sixto Ramos. Posteriormente emergen José Moya, Chemané González, Mario Suárez, Francisco Vizcaíno, Benigno Bermúdez, y a veces Concho Rodríguez, Marcos “Minimini” Lunar, “Geño” Suárez de Valle Seco y Romeo Arismendi. Posteriormente, en estos últimos años, entraron en acción Deris González, José Luis Fermín, José María Fermín y Manuel “Mingo” Suárez, más otros pequeños grupos que se animaban para alegrar las pascuas, para continuar con el legado de sacar las diversiones en las calles, por lo que el folclor en la celebración de la Navidad y del Año Nuevo se seguía manifestando.
Hay que sumarles los tradicionales bailes de burras, parrandas que atraían a muchísima gente, donde recuerdo a expertos bailadores que demostraban agilidad de movimientos, ritmo y entusiasmo a granel, entre ellos a mi hermano Joaquincito Fernández, Cesita Marcano, Miguel Ramos, Moncho Bermúdez, Justinito Salazar, Orangito Salazar. Este baile muy típico de una arraigada tradición ocupó la identidad decembrina del cochense, con la incorporación inclusive de mujeres que bailaban la burra en una entrega total de entusiasmo y con las mismas actitudes de los hombres: Carmen Martínez, María Rodríguez, Ana Martínez, María Fernández.
Cuando nació el Centro Cultural “Isla de Coche”, nuestras diversiones prácticamente no se conocían fuera de Coche, con la excepción de unas presentaciones que se realizaron en una época, por la década de los sesenta, en el viejo estadio de “Guatamare”, con cochenses residenciados en Porlamar y en cuyos actos pude asistir siendo aún un adolescente. Apenas recuerdo tenues escenas de esos espectáculos. Ya con nuestro Centro Cultural en acción, se inició un proceso para darlas a conocer y con el paso de los años se ejecutaron varias presentaciones allende al Estado Nueva Esparta.
Al mismo tiempo, se aprovecharon esos espacios para promocionar a nuestros cultores folclóricos, correspondiéndole principalmente a Chemané González y a José Moya ser reseñados a través de diferentes medios, siendo esta Institución Cultural su principal coeficiente de apoyo en asistirlos en sus preparaciones, promocionarlos, presentarlos en escenarios públicos en varias ciudades y emisoras del país, en televisión, emisoras, homenajes en los festivales, en conversatorios didácticos, con folletos y notas periodísticas, entre otras actividades y canales de comunicación social.
Indiscutiblemente, por acción fecunda y efectos consustanciales del Centro Cultural “Isla de Coche”, nuestro pueblo comenzó a darse conocer por los valores de su cultura popular enraizada en las diversiones y a través de los juegos deportivos en sus diversas modalidades y escenarios dentro y fuera de Coche. Se estaba logrando el rescate de la Isla de Coche de un anonimato injusto y circunstancial que había que hacer justicia. A pesar de mi juventud, tenía ese enfoque de entrever la insignificancia de Coche ante un mundo exterior, que la desechaba como comunidad civilizada y de allí el dicho: “De Coche la sal”. Cuando oía este despectivo estereotipo, sentía un ardor de indignación y eso fue un motivo muy poderoso para dedicarme por completo a luchar por una reivindicación cultural de mi pueblo.
Finalizamos este capítulo para dedicarles un reconocimiento de suma consideración a ilustres hijos de Coche que aún viven pensando y soñando por el bienestar de Coche: Al maestro de maestros, Guzmán Salazar. Al diligente y acucioso periodista Américo Fernández. Al eminente y esclarecido científico doctor Víctor “Vitico” Rojas. A las distinguidas maestras María Lunar López, Gisela Coello, Augusta Rojas, Nancy Marcano, símbolos iconográficos como educadoras y cultoras populares. Al fraternal amigo Heriberto Lunar López, luchador político y social. A Ismael Patiño, músico guitarrista y deportista.
Antecedentes panorámicos a la fundación del centro cultural “isla de Coche”
Antes de la fundación del Centro Cultural “Isla de Coche”, tal cual como se ha venido acotando, existían esporádicos grupos que aprovechaban su tiempo disponible para jugar “pelota”. En cada pueblo de Coche se realizaban encuentros internos, con el entusiasmo y fiebre peloteril que los animaban a jugar esas apasionadas “caimaneras”. Gradualmente se fue socializando este deporte en la cultura deportiva y recreativa para convertirse en un patrón social que determinaba un rasgo importante en la personalidad de quienes practicaban este deporte, originándose un cambio social al asumir nuevos roles en el comportamiento de jugar, dirigir, organizar, distraerse, compartir espacio, tiempo, conocimientos, experiencias, hábitos, responsabilidades, entre otras pautas de conducta.
Esta nueva dinámica del cochense en su comportamiento social por la práctica del béisbol, se aunó a la tradición de la actividad folclórica de nuestras diversiones para convertirse como las dos principales expresiones culturales que tipificaban su comportamiento radical. Es decir, con mayor énfasis disponible. De tal manera, que por un lado se iba acumulando muchos adeptos al juego de pelota y por otro paraje estaban los eternales protagonistas y seguidores de las diversiones. Éstas se ejecutaban en las pascuas decembrinas y el béisbol en cualquier época del año, aunque es notorio apuntar que en el lapso entre octubre y febrero era cuando más se jugaba pelota, que era precisamente los meses cuando se realizan los campeonatos de béisbol profesional en Venezuela, por lo que no es una coincidencia, es tajantemente un resultado causal, es la atribución motivadora que ejercía (y sigue ejerciendo) la Liga de Béisbol Profesional de Venezuela en la masificación de este popular deporte y la Isla de Coche no fue una excepción.
Traigo a colación estos apuntes que acabo de enunciar porque los considero un atenuante o un antecedente que causalmente influyó en mi para condicionarme al idealismo filosófico de tener una estructura organizativa que se encargara de desarrollar el deporte en Coche, por mantener y ampliar nuestras diversiones, por brindarle al pueblo un espacio para el disfrute de estas manifestaciones y por un mejor destino de convivencia para toda la comunidad cochense. El fundamento de la derivación socio psicológica que me atrapó por completo estaba enraizado en mi pertenencia como hijo nacido, criado y educado en Coche, desde muy niño viendo y participando en las presentaciones de las diversiones en las calles, jugando pelota, conformando equipos y fomentando juegos: acción, efecto y reacción.
Estos dispositivos fueron elementos socializadores en un proceso de educación informal en valores, usos y costumbres, que determinaron mi apasionada actitud por darle a Coche satisfacciones de bienestar, los cuales fueron incidiendo en la formación de otros cochenses que se iban incorporando, como producto de la interiorización de esos conectores psicosociales ya referidos. Por supuesto, que está condicionado por el temperamento y por el carácter social e individual de cada uno que en su sumatoria integral comparten un escenario común a sus prácticas costumbristas y también debido a la influencia de otros factores como el medio familiar, la idiosincrasia y la peculiaridad de sus caracteres de conducta, la situación económica-social, la preparación de la educación formal y el entorno social donde interactúa, básicamente en el grupo de su barrio o de su comunidad en general.
Habiéndose generalizado informaciones sobre el panorama social de la Isla de Coche, en el cual se insertan las conductas, causas, efectos, reacciones, relacionados con el tema de los antecedentes que sirvieron como parámetros de la motivación al logro, que fue el objetivo de la fundación del Centro Cultural “Isla de Coche”, se enfocará otras circunstancias más específicas y cercanas que anunciaban una innovadora metodología basada en la organización y planificación técnica de cómo hacer mejor las cosas en forma ordenada y disciplinada, ingénitas a una correcta organización.
Redundando en lo que se ha venido sosteniendo, nuestra principal distracción eran los juegos en su diversa modalidad, como eran los tradicionales juegos del trompo, la picha (metra), el volador (papagayo), la perinola (tirabuqué), el escondido, el zumbador, cuarenta mata, la semana, el bolao y el juego de pelota de goma que era el de mayor aceptación. Éramos una mezcla entre niños y adolescentes, huérfanos de otras distracciones propias de los pueblos marginales, siempre con alegría emotiva para darle rienda a nuestras naturales exteriorizaciones psicosociales. Inventábamos lo que se podía hacer, con tal de ocuparnos en actividades que nos proporcionaran divertimiento, compañerismo, compartimiento de saberes y habilidades, para sentir la satisfacción de ser importantes, de sentirnos útiles y el orgullo de demostrar la calidad de jugador; no existía el flagelo de las drogas ni otros perversos antivalores. Con estas inclinaciones a ejercitar las variantes deportivas y recreativas, fuimos creciendo en una proporcionada socialización de gustos y compromisos.
Prácticamente todo comenzó en la humilde casa de mi querida madre, ubicada en la calle Colón, exactamente al frente donde está situada la sede de nuestro centro Cultural. Allí se dio inicio a las improvisadas reuniones que el carisma de mi personalidad influía en mis amigos de la infancia y de la adolescencia. Escribiendo estas líneas, me inunda la añoranza al evocar a aquellos momentos de sana dispersión, el conjugo de las etapas infantil, adolescencia y juventud, donde predominaban los valores y los principios de la moral, sustentados en el respeto, en la honradez, en la nobleza y en la rectitud del comportamiento cívico.
Recuerdo a muchos de mis antiguos amigos, que compartieron conmigo aquellos inolvidables espacios y tiempos para la interacción grupal de los juegos, entre la sonrisa alegre por los que están vivos y entre la nostalgia a los que ya no están en nuestro mundo terrenal. Nombro a Carlitos Modesto González (+), Chico “Mono” Bermúdez, Andrés “Andecho” Salazar (+) Simón Aníbal “Moncho” Bermúdez, Justinito Salazar (+), Argenis Coello (+), Edwin “Wincho” Coello (+), Plácido “Pacho” Lunar”, “Eudis “trompa Negra” Salazar (+), Víctor Millán, José “Cheíto Pituca” Velásquez, Pedro “Zurdo” Velásquez (+), Arturo Salazar (+), Cleto Cova (+), Israel Salazar Marval, Víctor Julio Salazar, German Salazar, Carlos Fernández, Julio Moya, “Carrasquel”, Asdrúbal Velásquez, Joél Salazar, Alberto Alfonzo, Pedro Serrano, Alberto Cortecía.
Hago saber que complemento que la mayoría de estos muchachos de esa época tenían su residencia en el sector “Los Medios”, integrado por las calles de Santa Rita, Colón, La Marina y parte de la calle de San José. Nosotros conformamos un equipo para jugar pelota que llamamos “Los Tigres de Santa Rita” y rivalizábamos con otros similares de los sectores El Olivo, El Cardón, Punta Honda y Valle Seco. A éste le puse cariñosamente el sobrenombre de “Los Cara Sucias de Valle Seco”. Así fuimos creciendo en consonancia con los estudios en la escuela y con el tiempo disponible dedicado al juego sano y culturalmente implícito en la cultura globalizada del venezolano como lo ha sido el béisbol.
Al terminar mis estudios primarios en San Pedro de Coche, en septiembre del año 1960, me trasladé a Caracas a continuar con mi cohorte escolar del bachillerato en el liceo “Dr. José María Vargas”, en La Guaira, y retorné al año siguiente a mi querida isla. En este lapso de ausencia, además de mi amada madre y hermanos, nunca dejé de pensar en mi pueblo y de manera muy especial en mis amigos y compañeros que habían sido parte importante en mi vida de niño y adolescente. Ese alejamiento me confirmó el subrayado sentimiento que ya sentía por mi pueblo y ni los atractivos espacios hermosos y modernos que ofrecía Caracas me impidieron apartarme del ambiente primario de mi isla y de mi gente, siempre los sentía y los recordaba con los gratos recuerdos que se anclaron en mi memoria.
Por circunstancias fortuitas, retorné a mi Estado insular y reinicié mis estudios secundarios en la ciudad de Porlamar, liceo “Nueva Esparta”, tenía entonces 13 años, lo que me permitía pasar casi siempre el fin de semana en mi pueblo. Estar en Coche semanalmente y cuando los escenarios lo permitían, lo aprovechaba para continuar reuniéndome con mis amigos y seguir interaccionando a través de los juegos. La casa de mi mamá seguía siendo “la sede” de estos encuentros de jóvenes soñadores, inquietos, imaginarios, ilusos, en busca de un mejor destino, tratando de encontrar espacios y tiempo para la sana distracción a través de los juegos deportivos, de las parrandas navideñas y de las afables reuniones sociales.
La casa de mi madre, Elisea Arismendi, seguía siendo el sitio para nuestras ya habituales reuniones y encuentros amistosos. Además de la lista que ya apunté anteriormente, se sumaron a esas reuniones y tertulias amistosas otros entusiastas jóvenes, entre los cuales recuerdo a Sorángel Carreño, Cleto “Queya” Lunar, Vitico Carreño, Félix Ramón, Checame y Pablo Gómez, Miguel Ramos, Guzmán Lozada, Robert Lozada, Pedro y Alejandro Martínez, Rolman Salazar, Juan Antonio Alfonzo, Rodolfo Pérez, Juan González, José Ramón Lunar, Antonio Rodríguez, entre otros que no recuerdo con exactitud.
En mi obligada ausencia, por mis estudios, “la sede” casa de mi madre permanecía tranquila, pero cuando yo llegaba volvía a llenarse, a estar en movimiento, lo que provocaba a algunos vecinos a vociferar que “ya llegó la puta de Elisea”, “Seguro que ya vino la perra de Elisea, los perros ya están alborotados”, o cuando Miguel Ramos, Alias “Matavieja” tiraba cohetes en El Cardón al enterarse de mi llegada. Relato las susodichas anécdotas no por actitud vanidosa, petulante o engreída, sino porque siento aún ese cariño, su confianza y su creencia en mi liderazgo; conductas y hechos que los considero una cuota de parámetros de motivación al logro que me condujo a pensar, reflexionar y ejecutar la fundación de nuestra Institución Cultural. En virtud de esa vinculación causal, fue parte de un antecedente de motivo sentimental que me condujo a seguir adelante con mi designio.
Por varios años mantuvimos un movimiento por el deporte y en sacar diversiones, bailando en cada diciembre la tradicional burra. Formábamos parrandas navideñas, pidiendo aguinaldos, dando serenatas a las enamoradas. Por su parte, Chico “Mono” se ocupaba de enseñar boxeo. La atracción jocosa era cuando yo le lanzaba a Felipe “Cataco” tres pelotas al mismo tiempo, lanzamiento rastrero o bien alto, quien se desesperaba tirándole con el bate o cuando lo obligamos a ponerse los guantes para boxear con el súper peso pesado de Argenis Coello, en una simulada pelea con un boxeador de Margarita o cuando lo poníamos a correr en las competencias de ciclismo y hasta en juegos de básquet. Así éramos nosotros: deportistas, folcloristas, bromistas, alegres, trovadores, parranderos y tremendos jocosos.
Habiendo aprobado el cuarto año de bachillerato en el liceo “Nueva Esparta”, volví a Caracas para terminar esta cohorte secundaria, donde me gradué como Bachiller en Ciencias, en el liceo “Dr. José Gregorio Hernández”, en julio del año 1968, tenía 21 años. En esta misma fecha le escribí a mi hermana Rosalba para informarle que retornaba a Coche para fundar un Club para el deporte, la cultura y las luchas sociales. Mi hermana fue la primera persona que tuvo conocimiento sobre este proyecto y esta notificación la compartió con Alberto Alfonzo, con quien tenía relaciones de noviazgo. Ya éramos tres los que compartíamos este sueño que con la venia de Dios se cristalizó en una obra perdurada en cincuenta años de vida,
Coexiste otra causa de especial efecto personal que me indujo a fundar el Club Deportivo, Social y Cultural “Isla de Coche”, y la considero una cualificación determinante en esa decisión. Resulta que en mi viaje a Caracas influyó el consejo sabio y cariñoso que me privilegió el Dr. José Francisco Marval al considerar que el desmejoramiento de mi salud se debía al abuso etílico. Evoco con claridad asombrosa cuando el Dr. Marval llegó a casa a verme cuando supo que estaba enfermo, me encontró acostado en una hamaca, me examinó y con su ilustrado conocimiento y afecto hacia mi persona, me persuadió que tenía que salir del ambiente tentador de Coche para eludir el consumo de bebida espiritosa.
Mi admirable afecto por el Dr. Marval era para mí un honor y un código de respeto, por lo que no dudé de su recomendación y me fui para Caracas. Mi primo Efraín Casanova Arismendi me inscribió en el liceo “Dr. José Gregorio Hernández” y me residencié en casa de mi hermana Irma Arismendi (+). En esta segunda estadía en Caracas, reflexioné y tomé la decisión de apartar al licor y crear un club. Cumplí con mi palabra, consciente del reto que me propuse y a sabiendas que no iba a ser tan fácil. Resultado final es que ya nuestro Centro Cultural es historia quincuagésima y yo dejé ese mal hábito etílico. Gracias a Dios.
Marco histórico de la fundación del centro cultural “isla de Coche”
Consideraciones Conceptuales y Explicativas
Disertar sobre la creación de una obra social en una determinada comunidad no es un razonamiento simple, por cuanto en las sociedades se integran diferentes patrones productores que, como variables de acción y efecto, se conjugan para el logro del propósito principal planteado y los objetivos que son indispensables por sus inherencias de ejercicio y resultado en la concreción del proyecto programado. De tal manera, se suscita una cuantificación de variables independientes y dependientes que interaccionan como parámetros causales de concreción al objetivo principal planteado. Desde el punto de vista de las ciencias sociales, la creación y permanencia de una obra cultural de rango eminentemente popular, es el resultado de un proceso dinámico de los actores que interactúan en busca de espacios y oportunidades para exteriorizar públicamente sus aptitudes y actitudes en el tablado obligado de las relaciones e integraciones humanas.
Antes de proseguir con este tema de la introducción como antesala a la descripción de la fundación del Centro Cultural “Isla de Coche”, considero que es muy importante aclarar el concepto de cultura, ya que su definición sociológica y antropológica ha sido erróneamente interpretada. En términos muy simples, la cultura es todo lo creado por el hombre y en su definición más extensa se transcribirán los siguientes conceptos:
Young Mack: “Cultura es el comportamiento común aprendido o conducta que abarca la manera de sentir y pensar, además la acción manifiesta del individuo. El comportamiento forma parte de la cultura cuando es común a la mayor parte de los miembros del grupo. El comportamiento aprendido, es el conjunto de aptitudes y normas de conducta enseñando en forma consciente”
Edward Tylor: “Conjunto de saberes, creencias, arte, principios morales, derechos, costumbres, aptitudes y hábitos por el hombre como miembro de la sociedad”.
Joseph Fichter: “La cultura es la configuración total de las instituciones que comparten en común las personas en una sociedad”.
Melville Herskovits: “Cultura es la parte del ambiente hecha por el hombre”.
La cultura interpretada por el autor: “La cultura es todo lo creado por el hombre, que comprende los bienes materiales e inmateriales, las ideas, las creencias, la religión, los mitos, leyendas, hábitos, usos, costumbres, conocimientos formales e informales, que les son útiles y apropiados en transmisión por la misma dinámica que es común a toda sociedad y en proceso de ir recuperando y mejorando las cualidades de ser procesos creativos, participativos, compartidos, recreativos, placenteros y de convivencia social”.
Sería de mi absoluta satisfacción que se entienda con total luminiscencia el concepto de cultura, que en su mal uso se puede prestar para descalificar estatus sociales. Con estas definiciones, el autor se planteó la correcta disposición de hacer valer el apropiado y acertado uso del concepto de cultura, siendo ésta la razón válida por la cual se tomó la decisión de cambiar el nombre del Club Deportivo, Social y Cultural “Los Tigres de Coche” por el de Centro Cultural “Isla de Coche”, en el adecuado conocimiento de eliminar la absurda resonancia de esos conceptos, ya que todo lo que el hombre crea y manifiesta es cultura, clasificado en obras materiales y en manifestaciones inmateriales. Igualmente se sustituyó el inadecuado nombre de “Los Tigres” por el de “Isla de Coche” para identificar con mayor precisión el nombre correcto de nuestra isla. Don Francisco “Chico” Suárez fue la primera persona que me aconsejó hacer el cambio de su razón social.
Considero importante acotar que sociedad y cultura guardan una relación directamente proporcional por su mutual vinculación determinante, dependientes y comparten recíprocos roles de acción y efecto. Si nos retrotraemos al pasado, la globalización y la posmodernidad han puesto en crisis el concepto de sociedad, los imaginarios vinculados a lo colectivo y a los derechos de igualdad. Mientras nuestro país remonta la cuesta de una de las peores crisis económicas, sociales y políticas de la historia –que profundizó la exclusión y la fragmentación–, la producción cultural aparece como un refugio de identidad para enfrentar las dificultades.
Debemos entender que la cultura es la obra del hombre, la que ocupa el espacio donde nos encontramos y nos reconocemos, rebasando nuestras aptitudes y actitudes, donde están sus producciones para ser usadas y compartidas. Por ese motivo, la cultura factorial de cambios progresivos se convierte en una herramienta fundamental para la transformación personal y social, revirtiendo el proceso de fragmentación para convertirlo en uno de inclusión y solidaridad social, como el espacio de iniciación proactiva, de habilidad artística y profesional, de expresión anímica progresiva, rescate de nuestra historia y reconstrucción de la identidad.
Considero que es propicia la oportunidad que ofrece este libro sobre la fundación del Centro Cultural “Isla de Coche” para disertar pedagógicamente lo que es cultura en su más amplia cobertura elemental, aclaratoria que es indispensable para poder entender correctamente la misión de los centros culturales. Estas organizaciones comunitarias, que no son apéndices de los organismos oficiales, están concebidas para ejercer una labor basada en la identidad del pueblo donde funcionan, en su historia, en sus costumbres, usos habituales, tradiciones y en aquellas actividades que forman parte de sus quehaceres sociales, de su gentilicio o idiosincrasia. Cada Centro Cultural es una fortaleza para la transculturación,
En derivación a este contexto cultural, emergen en la fuente de su moral y ética los valores, a los cuales debemos obediencia y sobre los cuales se exigen a estar dispuestos a tener los más fortalecidos sentimientos, donde se ubican las capacidades y cualidades de saber hacer lo correcto y saber no hacer lo incorrecto, que deriva en un juicio sobre aprobar o desaprobar, acerca de lo bueno y lo malo, lo deseable y lo indeseable. Esto quiere decir que los valores adquieren su carácter gracias a los juicios de los ciudadanos que comparten el mismo espacio de convivencia. Por ejemplo, los centros culturales tienen que adherirse al trabajo social sobre nuestras manifestaciones pertenecientes a nuestra cultura y negar, así, la transculturación como proceso de invasión-sucesión.
La cultura se nutre de sus normas sociales que son creadas por sus miembros y vienen a ser el conjunto de creencias de un grupo que determina lo que está bien o lo que está mal hecho. Las normas pueden escribirse, llamadas leyes, y no escritas que son los convencionalismos sociales, pero algunas de éstas se convierten en costumbres leves y fuertes, siendo éstas consideradas como leyes informales. Por ejemplo, en nuestro caso, no celebrar las fiestas de San Pedro y de los otros patrones religiosos de los caseríos es una norma fuerte no escrita, pero tiene más peso moral que cualquiera otra escrita. La ley no dictamina que es obligatorio celebrar dichas solemnidades, pero el pueblo si lo exige y lo demanda. Igualmente pasaría con los festivales de diversiones u otros hechos costumbristas.
Los centros culturales pertenecen a la Institución Deportiva y Recreativa de la sociedad venezolana. En total son siete instituciones que regulan el conjunto de saberes, creaciones y manifestaciones en toda su extensión cultural, y que son propios de sus usos, hábitos y costumbres, acumulados en torno a la función globalizadora de la sociedad. Al ubicarnos en la sociedad de la Isla de Coche, se puede aclarar que nuestros centros culturales deben cumplir con la realización de actividades deportivas, entendimiento y dinámicas sociales de compartimiento y convivencia y de recreatividad dirigidas a satisfacer las necesidades psicosociales y exteriorizantes de sus protagonistas y de brindarle a la comunidad un espacio de sana diversión, de educar y redefinir las identidades culturales típicas de Coche.
Cada Centro Cultural debe y tiene que estar sujeto al cumplimiento de los usos y de las costumbres de su respectiva comunidad. Los usos, son las normas que no se pueden violar. Son acciones que ejecutamos en virtud de una presión social, la cual consiste en la anticipación, por nuestra parte, de las represalias ‘morales’ o físicas que nuestro contorno va a ejercer contra nosotros si no nos comportamos así. Por lo tanto, son acciones, cuyo preciso contenido nos es ininteligible, son irracionales y los encontramos como formas de conducta que son, a la vez, presiones, fuera de nuestra persona y de toda otra persona, porque actúan sobre el prójimo lo mismo que sobre nosotros. Los usos son realidades extraindividuales o impersonales. Ejemplo de usos violatorios en nuestra cultura es el saludo de un hombre a otro hombre en el cachete, para nosotros es inmoral, de sospecha homosexual. El hombre vestirse de falda como los irlandeses, no se acepta en nuestra cultura.
La cultura es una fuente creadora de elementos materiales y no materiales, es un conjunto infinito de elementos incontables. Las primeras son las cosas que vemos, tocamos, que son visibles para describirlas en forma y contenido. Las inmateriales son las cosas que, aunque no las vemos, podemos sentirlas, percibirlas en ciertas propiedades, sentir placer o disgusto, pero sabemos que existen e influyen en nuestras vidas. Como hechos de ilustración, en la dinámica ejercida por las diversiones están los vestuarios de las guarichas y músicos; los instrumentos musicales, los símbolos, el baile, la acción del teatro, como elementos materiales, y los elementos inmateriales son la música, el canto, que las oímos, pero no las vemos, la alegría del público que la sentimos y no la tocamos; el entusiasmo, el amor, la pasión y el interés de los hacedores de diversiones que no vemos o no manoseamos.
Prosiguiendo con esta exposición sobre la cultura y las funciones de los centros culturales, con énfasis en el nuestro, apuntamos que la cultura es aprendida y eso se refiere al hecho de que el hombre nace sin cultura, porque no heredan genéticamente los caracteres sociales de sus padres, aunque si adquieren ciertos rasgos biológicos que conforman su temperamento, mas no su carácter. Entonces, los individuos van cada vez más aprendiendo de su entorno social la perseverancia de sus vivencias culturales, en la medida que transcurre su proceso de socialización, a lo largo de toda su vida, y lo ejecuta a partir de su familia y luego con los grupos sociales en los cuales conviven y se desarrollan con sus hábitos, usos y costumbres. En relación con la importante observación que reflejan las costumbres de nuestras diversiones, me atrevo a afirmar que de no haber existido el Centro Cultural “Isla de Coche” ya estas manifestaciones folclóricas hubiesen desaparecido en su casi totalidad.
Al respecto, en relación a esta afirmación, me siento autorizado para expresarlo en base a mi pertenencia en rol de protagonista por cuanto desde niño fui un entusiasta seguidor de acompañar a las diversiones en su recorrido pascual por las calles de Coche, estar en contacto con quienes se ocupaban de cumplir con esta tradición decembrina, incluyendo los días de los Reyes Magos, y estimulado por esta atracción que siempre he sentido por mi folclor, me atreví a asumir la responsabilidad de presentarlas también públicamente. Cuando yo presentaba mis diversiones en las calles, siempre el bailador del símbolo era el inigualable personaje popular Felipe “33” Millán. Recuerdo algunas de ellas, tales como la chulinga, la paloma, el aeroplano, el pico e loro, la burra, el cataco, haciéndoles compañía a José Moya, Chemané González, Augusto Alfonzo, Perucho “Chila “Quijada, Sixto Ramos, Marcos “Minimini” Lunar, Concepción “Concho” Rodríguez y después emergieron Francisco Vizcaíno, Benigno Bermúdez, Geño Suárez y con bastante fuerza el folclorista José María Fermín.
Como resultado de un panorama desmotivador por falta de apoyo y de la misma inercia en la cual estas tradiciones se ahogaban, paulatinamente iban desapareciendo los grupos que hacían el esfuerzo de presentar sus diversiones en las casas. Iban quedando en acción folclórica callejera, Chemané González, José Moya, Augusto Alfonzo, Francisco Vizcaíno, Manuel “Mingo” Suárez y de vez en cuando otros parranderos con el insustituible símbolo de la burra. Para el final de la década de los sesenta del siglo pasado, apenas quedaban estos pocos grupos y su decadencia era evidentemente notoria.
En esa misma década, exactamente el 19 de noviembre del 1968, fundamos el Centro Cultural “Isla de Coche”, tenía yo 21 años, y me acuerdo con absoluta claridad que esta preocupante observación se la hice llegar a estos aguerridos cultores, en una actitud compartida de preocupación, tristeza, melancolía y con ganas de hacer algo para que las diversiones continuaran con su misión tradicional en las pascuas floridas. Siempre cuando se podía, conversaba con ellos en una alegoría de querencia por las diversiones de Coche, sobre su declive cada vez más notorio en sus presentaciones públicas, donde también incluíamos a los aguinaldos, a los pesebres y a toda manifestación tradicional de la Navidad y de las pascuas cochenses. Por eso mantuve mis charlas informales con Moya y Chemané.
El 6 de enero del año 1972, se realizó el I. Festival de Diversiones en honor a don Rafael González, gran espectáculo popular realizado en la plaza “Bolívar”, en San Pedro de Coche, por iniciativa de Chente Salazar, Marcos Lunar López, Pancho Hernández, Monchito Borragómez y Teódulo Alfonzo e inmediatamente incorporado como protagonista el Centro Cultural “Isla de Coche”. Solamente pudieron participar seis diversiones en representación de cinco grupos folclóricos, que fueron José Manuel “Chemané” González, José Moya, Mario Suárez, Perucho Quijada y Romeo Arismendi. Resulta innegable que, si me excluyo de ese grupo de los cinco representantes que se hicieron presentes en dicha competencia, sólo quedaban cuatro organizaciones activas, lo que comprueba el acompasado declive de la existencia de los grupos hacedores de diversiones.
Pasaron cuatro años sin que se realizara otro festival y en la otra cara de la moneda se mantenían estos mismos grupos presentando sus diversiones en las calles, en cumplimiento con ese fervor de identidad por nuestro folclor y por el apego mágico religioso de celebrar el Nacimiento del Niño Jesús, el Año Nuevo y los Reyes Magos. El 30 de diciembre del año 1977, nuestro Centro Cultural asumió la plena responsabilidad de organizar el II. Festival de Diversiones, en homenaje póstumo al Dr. José Francisco Marval. En esta oportunidad, se sumó la Agrupación Cultural de Güinima con la diversión “La cabaña” que resultó ser la ganadora. No preciso la exactitud de la cantidad de grupos folclóricos que contendieron en este festival, pero creo que fueron los mismos, más la inclusión de Güinima.
En Coche es consuetudinariamente común la ostentación de las críticas fundamentadas o no, pero por lo general existe un gusto, un placer morboso de señalar injustas consideraciones, son personas que se sienten dueñas de la verdad, de saberlo todo, de ser jueces y verdugos, y quienes actúan con esta actitud petulante y hasta agresiva son los que menos aportan o trabajan por su pueblo. Por muchos años fuimos acusados de ser los responsables de la casi desaparición de las diversiones en las calles por culpa de los festivales de diversiones. Por supuesto, que son mentes muy verticales en el mal uso de la razón, de la lógica y de sentir el regodeo de identificar y sentenciar a los culpables, según su “sabio” razonamiento. Aquí pega el refrán de arraigo popular: “Ni lavan, ni prestan la batea”.
El tiempo nos dio la razón, más bien los festivales de diversiones han sido fuentes gratificadoras para las creaciones de otras organizaciones de diversiones, que en su totalidad han llegado a sumar la cantidad de diecinueve (19) grupos folclóricos, aunque no todos están activos, supuestamente debido a los problemas que causan los recursos económicos. Por esta contundente razón, han disminuido la cantidad de diversiones en los últimos festivales. Hubo años en que se presentaron diez, doce y hasta quince diversiones, pero la perturbante inflación ha frenado su movimiento masivo. Me asiste la más firme convicción de que los festivales de diversiones han sido unas bendiciones salvadoras del auge que en la actualidad gozan las diversiones, con el consiguiente prestigio que enaltece el gentilicio creativo del pueblo cochense, que se hayan declarado Patrimonio Cultural Intangible del Estado Nueva Esparta y a la espera de que sean pronto a nivel nacional.
Paralelamente al ocaso que últimamente ha mermado la participación intensiva de los grupos de diversiones en los festivales, también el deporte se ha desmasificado, han desaparecido aquellos equipos o clubes deportivos que le dieron tanto significado a la cultura deportiva al pueblo de Coche. Las interacciones propias de los encuentros deportivos promovían entre sus deportistas y fanáticos un cambio social, una conjunción de lazos de amistad, de una rivalidad consciente y respetuosa, adjudicarse una actitud firme, responsable y honrosa para defender a su equipo y a su sector; la aprehensión de nuevas pautas de conducta disciplinaria, rompimiento con el ocio y los malos vicios, otra concepción de ver la vida con mayor aceptación y dedicación progresiva, una oportunidad para demostrar sus aptitudes como deportista y una opción para su crecimiento social.
Las actividades físicas y recreativas han sido un instrumento en el cual los cultores promotores se han basado, con el fin de atraer grandes masas de personas, logrando ampliar la cultura de los niños, adolescentes, adultos y personas de la tercera edad, que son los máximos protagonistas de estas actividades. Asumir a la recreación como mediadora de procesos de desarrollo humano, significa comprenderla desde sus beneficios en cada una de las dimensiones de desarrollo de los seres humanos y tener claridad sobre las condiciones que hacen estos beneficios posibles.
Las prácticas recreativas son entendidas como complementarias a los procesos de aprendizaje y desarrollo cultural y como una herramienta para romper con los círculos de pobreza, dependencia, violencia y con los sentimientos de marginación y exclusión, que están asociados a la pérdida de la autoestima. El deporte y los espacios recreativos en la comunidad son una estrategia válida para ocupar el tiempo libre mediante la realización de una serie de actividades, que desde el punto de vista físico recreativo, contribuyan a la salud física-mental y generar satisfacción de todos los involucrados, incluyendo al público.
Las recreaciones rompen las cadenas del ocio y proporcionan un medio para estimular el crecimiento y la transformación personal positiva, aunque se deba considerar que igual personas o grupos pueden asumir alternativas y prácticas que no necesariamente conducen a consecuencias negativas o que puede utilizarse como instrumento para perpetuar valores inequitativos. Sin embargo, el deporte y la recreatividad no contribuirán al desarrollo humano en ausencia de una dimensión moral y ética sostenible, por lo tanto hay que tener en cuenta que ambos reproducen diversos valores y expresiones que igual no son consecuentes con una sociedad sostenible, por lo tanto, se deben combinar con los valores, los usos y las costumbres sociales que sustentan la equidad, y que contradigan a aquellos elementos que no propician un desarrollo humano, desde las identidades personales y sociales, fomentando que éstas se construyan desde posturas éticas mínimas, intersubjetivas y racionales, concatenadas con la identidad de amor a su pueblo.
Esto implica llegar a acuerdos, incluso dentro del sector de la recreación, de cuáles son los valores que han de sustentar un marco social que promueva el desarrollo humano a partir del fomento del potencial humano creativo, de las capacidades que influyen positivamente sobre los individuos y los grupos, y el autocontrol de los negativos, como el robo, el homicidio, la violencia en sus diversas manifestaciones. Como anota Nahrstedt, “la definición de los potenciales positivos y negativos depende de los acuerdos entre individuos y sociedades, lo que nos lleva nuevamente a la necesidad de acuerdos éticos y morales. Su significancia se resume en la vinculación estrecha en compatibles criterios de valores de cada individuo con la sociedad y ésta en el rol de retroalimentarlo cuando sea necesario”. En el dinamismo de la corriente pragmática, fue prácticamente indetenible este movimiento en vía a la conquista de nuevos valores y con el umbral de esta escuela filosófica logramos cambios de valores.
Desde una postura humanista, la cultura sana debería ser una vivencia integral relacionada con el sentido de la vida y de los valores de cada uno y coherente con ellos, ser una experiencia de recreación, que propicie ámbitos de encuentros fraternales y de convivencias compartidas y tiene que ser un factor determinante de potencialidad para llevar a cabo encuentros creativos que originen desarrollo personal. El espacio y tiempo, dimensiones que ocupa el libre ocio de individuos en número muy considerable, les permite el dinamismo para ser agentes de cambios sociales, cuando a través de los errores y de los ensayos hacen las respectivas correcciones, hay otras invenciones y se agregan otros complementos para mejorar las anteriores actuaciones. Las innovaciones que se han hecho en el complejo cuadro artístico de nuestras diversiones es un claro ejemplo de lo que se viene argumentando. Con esas mismas consideraciones y resultados transformadores están los juegos deportivos interbarrios y otras actividades sociorecreativas.
Hay que aclarar que existen diferentes tipos de ocio: el bueno y el malo. En este caso muy específico, se alude al ocio positivo de la sana y formativa diversión, el adecuado consumo del disfrute, de la creación y de la participación para dar y recibir conocimientos. De tal modo que, desde esta perspectiva social, se está refiriendo a un concepto de ocio abierto a cualquier configuración presente y futura, pero al mismo tiempo, entendido como marco de desarrollo humano y dentro de un compromiso social. La ociosidad pasiva y sana de la juventud cochense atenuó un factor de cambio.
Se plantea que la explicación del ocio provechoso, desde la experiencia individual, es insuficiente en la medida que está condicionada por los contextos adversos de una cultura globalizada que le cercena un mayor crecimiento renovador. En estos pasajes, concretamente en lo referente a los recursos económicos, obligan a los hacedores y responsables de la ejecución de determinadas actividades a buscar las maneras cómo solucionar la presencia del problema que emerge cada vez con mayores dificultades y demanda las acciones correspondientes para su solución.
Estas adversidades que surgen ocasionadas por factores exógenos, por una sociedad en crisis extrema como la que está lamentablemente viviendo Venezuela, se combinan para ser un patrón general causante de este problema y de otros que coadyuvan directa e indirectamente para socavar las proclives voluntades de un pueblo en la realización de actividades consideradas de gran importancia para su cultura integral, en la cual se conciertan y se ajustan las tradiciones, las creatividades, los valores y costumbres, las recreatividades, la espiritualidad y las acciones compartidas, entre otras capacidades y cualidades. Causalmente, cada año la crisis inflacionaria amenaza la realización tradicional de los festivales de diversiones, los cuales están en proceso de extinción si persiste la gravedad extrema de un país en retroceso involutivo de su economía y fracasada política.
En consecuencia, acorralan a los sujetos responsables de cumplir con la organización de tales dinamismos, donde estos líderes se deslizan en diferentes direcciones y escenarios en la búsqueda de los recursos necesarios que les garanticen su adquisición para poder realizarlas. Esta referencia conceptual y explicativa, viene a ratificar en la práctica el por qué los festivales han decaído en el número de sus diversiones participantes y el vacío social que ha dejado la ausencia de la práctica deportiva en nuestro pueblo. En este caso, nos obligan a estar a merced de ellos.
Cómo podrán darse cuenta, estas descripciones que he venido acotando han sido pertinentes para entender con mejor visión crítica toda una panorámica de acciones y efectos que se mezclan en el mundo complejo de la cultura, no basta con echarle culpa a quienes con solícito amor a su pueblo quiere, desea y siente el regocijo de trabajar por su cultura, tal cual como se viene realizando, ustedes los inmaculados criticones deben también sumarse a trabajar por la conservación de las diversiones y de sus espectáculos públicos.
Por lo general, el buen ocio recreativo facilita la individualización en el sentido que proporciona la posibilidad de explorar vías alternativas de pensar y existir, pueden utilizarse para apartarse de la mayor parte de las personas que conforman el mundo desviado del ocio malo. La imaginación y la experimentación creativa, necesarias para la individualización, usualmente suceden en soledad, pudiendo beneficiarse especialmente de la ausencia de evaluación de otras personas, pero el entorno desempeña un papel al reconocer y reforzar la expresión de talentos y gustos particulares. Precisamente, una considerable muestra de jóvenes en estado de ociosidad se integró como jugadores en el desarrollo de los juegos interbarrios y caseríos de la Isla de Coche y en otras actividades deportivas.
La individuación, la determinación y la identificación desempeñan una función dialéctica en el ocio para provocar la formación de una identidad propia y socialmente compartida llamados valores culturales. En el caso de Coche su identificación básica ha sido con las diversiones, marco referencial de su folclor. Aquí se llevan a cabo, por la misma dinámica de acción, ensayo y aprendizaje de los integrantes de una diversión, los procesos dialécticos de diferenciación de estilo escénico, protagonismo y de integración, de personalización e individuación, de exploración y compromiso, del deber y la obligación moral, donde me atrevo a aseverar que su conducta básica se debe a su origen socialmente hereditario por socialización, que siembra el gusto, la vocación y la identidad por lo nuestro.
Por otra parte, y más referida a los procesos de socialización, Bicknell en sus estudios acerca del ocio plantea que “a través del acto del nacimiento el sujeto se relaciona con otros y sus significados, por ejemplo, hombre – mujer, masculinidad – feminidad, raza – color, etc. Estos significados han sido social, histórica y culturalmente construidos, los cuales son influenciados por tales factores y los de su propia experiencia”.
Los significados cambian, pero dentro del contexto de un entorno cercano y amplio que le aporta e influye y por significados que puede adoptar y adaptar: Hay que ser reconocedor que si bien el ser auténtico y autónomo implica en primera instancia una decisión individual, este proceso no está aislado de los contextos, lo que le presentará a los sujetos tantos limites como posibilidades para su toma de decisiones, el asunto está en cómo identificar y manejar esos condicionantes y ante cuáles ceder o no.
De ahí que la construcción teórica, la práctica, las políticas de ocio y recreación han de tener en cuenta las dimensiones del fenómeno para potenciarlo como un mediador del desarrollo humano. Estos son elementos teóricos que son válidos para los Centros Culturales y en el caso de nosotros se ha hecho lo posible por cumplirlo. Al respecto, Coche representa una muestra real de este corolario cuando lo situamos en el ocio bueno de sus jóvenes a los condicionantes de ir a jugar o irse a pescar.
Me parece oportuno aclarar la razón por la cual le he dedicado varias páginas para referirme al ocio, esencialmente con el bueno, previendo que surjan opiniones en rechazo a este tema por considerarlo que no tiene que ver con nada sobre la Historia del Centro Cultural “Isla de Coche”. Al respecto, puedo sociológicamente afirmar que el ocio bueno tiene una razón factorial decisiva con la fundación de nuestra Institución Cultural y si se tiene alguna duda se le aconseja releer dicho concepto. Me explico: Para aquellos años de las décadas del siglo pasado la inmensa mayoría de los jóvenes acusaban una situación ociosa, causada por la ausencia de fuentes de trabajo y de oportunidades de estudios extra primarios, cuyo ambiente obligaban a la juventud a estar pasivos, en tertulias de subgrupos, jugar los pasatiempos tradicionales, otros a ingerir aguardiente y algunos a vagar sin rumbo fijo y muchos de ellos se dedicaban a las faenas pesqueras y en conclusión se permutaban.
Otros, los más afortunados, se marchaban a Margarita y a otros lugares de Venezuela para estudiar y/o para trabajar. En las vacaciones u otras fechas disponibles regresaban a Coche, entre los cuales me incluyo. Resulta que estos muchachos ociosos, con sanos valores, eran los que tenían tiempo para dedicarse a conformar los equipos o clubes por sector, se entregaban a las competencias deportivas, lo que originó la crítica de los habituales criticones al enjuiciar a los deportistas como flojos, sin oficio, mantenidos, entre otros improperios. De tal manera, y eso es incuestionable, que ellos fueron la fuerza colectiva que hicieron posible la historia que en este libro estoy escribiendo.









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