Horacio Cabrera Sifontes, «El Libro del Abuelo»
El territorio del Yuruari, producto de la división político territorial que en el quinquenio de Guzmán Blanco redujo a nueve los veinte Estados de Venezuela, es política y socioeconómicamente pintado por Horacio Cabrera en su libro con un buen caudal de conocimientos.
A medida que el lector toma vuelo se va enterando de cosas y casos como el de Inesita Rau, la rica que descendió a los niveles de pobreza por la devaluación de la libra en Londres donde tenía depositada su fortuna para vivir de los intereses; la época de esplendor del oro en El Callao y las ocurrencias del indígena Arsenio matando venados con balas de oro cuya onza costaba un décimo de lo que cuesta hoy; como las mentiras de Lucien Morisse cuyo libro rescató Juvenal Herrera para que fuera editado por la CVG sin meditar el riesgo que significa gastar los dineros del Estado en obras como esa; la venta que hizo Guzmán Blanco a Liccioni de las 379 leguas de tierras pertenecientes al Colegio Federal Guayana por 600 mil bolívares y que iban desde Tumeremo hasta San Félix.
Cosas y casos como la del general Manuel González Gil, apodado “El Gallito”, quien fue presidente del Estado Bolívar en tiempos de Guzmán Blanco y de Crespo y que administró con 700 hombres las sabanas cresperas del Caura que luego compraría Gómez por 80 mil bolívares para terminar vendiéndoselas a la nación por 17 millones de bolívares.
Horacio Cabrera reseña muy bien en su libro la Batalla de Orocopiche que decidió la toma completa de Guayana en tiempos de la Revolución Legalista y destaca la participación del general Domingo Antonio Sifontes. Retrata de cuerpo entero al general José Manuel (el Mocho) Hernández, el que siempre ostentaba el uniforme militar para poder sentirse seguro, distinto al General Celestino Peraza que prefería el liquiliqui no obstante su veleidad similar a la del General Velutini que le tiraba un tiro al gobierno y otro a la revolución.
El misterio del Muerto de la Carata queda bien descodificado en este libro “El Abuelo”. El famoso muerto o “Hermano Penitente” como lo llamaban los espiritistas que frecuentemente llegaban al Hato para invocarlo así como judíos y otros fanáticos del esoterismo, y la superstición interesados más en la posible botijuela que en el arcano, queda aclarado con la existencia de Pedro Manuel, un personaje culto que dominaba idiomas como el difícil arte de la ventriloquia con todo lo cual armó un psicológico entrenamiento individual que asombró ingenuamente a todo el Yuruary trascendiendo más allá del Cuyuní, el Caroní y el Orinoco.









Comentarios
Horacio Cabrera Sifontes, «El Libro del Abuelo» — No hay comentarios
HTML tags allowed in your comment: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>