Alejandro Otero y la tortura de los mandados
Había cosas que definitivamente no le gustaban a Alejandro Otero, por ejemplo, hacer mandados de cualquier tipo. Le parecía que había en ello mucho de compulsivo y arbitrario, de violatorio del libre albedrío. Siempre andaba en algo, y el mandado, sin que cupiera réplica ninguna, tenía que ser llevado a cabo al término de la distancia.
El que menos le gustaba era el comprar leña, pero tener que cargar agua era peor. A veces los peroles demasiado llenos pesaban mucho, y el viaje se convertía en una verdadera tortura. El más ridículo de todos era cuando lo mandaban, a través de todo el pueblo, a buscar un poquito de “Tente allá”. Era angustioso, pues había que esperar angustiado algo que al final de le entregaban jamás.









Comentarios
Alejandro Otero y la tortura de los mandados — No hay comentarios
HTML tags allowed in your comment: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>