Angostura a la luz del Correo del Orinoco. Capítulo cuarto
1819
Mediación de las altas potencias
La edición es la primera del Correo del Orinoco del año 1819 y abre con una bien puntualizada Declaración del Gobierno Republicano contra la pretensión de España de solicitar la Mediación de las Altas Potencias para establecer su autoridad, a título de reconciliación, sobre los pueblos libres e independientes de América.
La Declaración dada en Angostura el 20 de noviembre del año anterior, establece que la República de Venezuela por derecho divino y humano esta emancipada de la España no tiene justicia para reclamar su dominación, ni la Europa derecho para intentar someter al Gobierno español.
Esta declaración estuvo antecedida por un extenso artículo titulado “Medicación entre España y América”, que Francisco Antonio Zea publicó en 9 ediciones del Correo, desde la No. 7 hasta la 19, con 10 interrupciones.
El Clero omite rogar por la República
El su sesión del 9 de enero el Consejo de Gobierno observó que en las misas que se celebraban en el territorio libre de las provincias de Venezuela “se omite rogar a Dios expresamente por la República, o su Gobierno Supremo, así como en su sistema de la tiranía se oraba por los opresores de toda la América del Sur; y siendo más digna de esta conmemoración un Pueblo en su lucha por recuperar sus derechos usurpados que el mismo usurpador de ellos” acordó rogar y encargar al Señor Provisor “haga que todos los Eclesiásticos de su jurisdicción sustituyan en la oración correspondiente las palabras “rem publicam nostram Venezuela”, al suprimido nombre del rey de los Españoles; y que durante la guerra defensiva que están haciendo los Patriotas de la América del Sur contra sus más detestables ofensores, no se omita la oración que la Iglesia acostumbra…” -17 (4)
Aplazamiento e instalación del Congreso
La instalación del Congreso Nacional fijada para el primero de enero por el Reglamento Electoral tuvo que aplazarse toda vez que no estaba presente el número suficiente de diputados electos. Solo habían llegado los representantes de la provincia de Barcelona al frente del General José Tadeo Monagas. El 6 de febrero se sumaron los representantes del Territorio de Caracas a la cabeza del General Pedro Zaraza y los de Guayana, provincia sede. El diferimiento se atribuía a las “distintas, dificultad en algunas comunicación y movimientos de tropas”. 17 (4)-
Para el 13 de febrero ya se hallaban todos los diputados y en consecuencia del Jefe Supremo Simón Bolívar dispuso la instalación para el lunes 15 de febrero a las once de la mañana. -18 (4)
Salvas de artillería la Víspera y el propio día, anunciaron con toda la solemnidad oficial del caso, la instalación del “Congreso General de Venezuela”.
Presentes desde las diez y media de la mañana del lunes 15 de febrero estaban en el salón principal del Palacio de Gobierno acondicionado para las sesiones, los diputados de la provincia de Caracas Dr. Juan Germán Roscio, Dr. Luis Tomás Peraza, Licenciado José de España, Sr. Onofre Basalo y Licenciado Francisco Antonio Zea; de la provincia de Barcelona, Coronel Francisco Parejo, Coronel Eduardo Hurtado, Licenciado Diego Bautista Urbaneja, Lic. Ramón García Cádiz, Sr. Diego Antonio Alcalá; de la provincia de Cumaná, General en Jefe Santiago Mariño, General de Brigada Tomás Montilla, Dr. Juan Martines y sr. Diego Ballenilla, de la provincia de Barinas, sr. Nicolás Pumar, Dr. Ramón Ignacio Méndez, coronel Miguel guerrero, General de División Rafael Urdaneta y Dr. Antonio Maria Briceño. De la provincia de Guayana, Dr. Eusebio Afanador, Sr. Juan Vicente Cardozo, Intendente del Ejército; Fernando Peñalver y general de Brigada pedro León Torres; de la provincia de Margarita, Lic. Gaspar Marcano, Dr. Manuel Palacios, Lic Domingo Alzuru y Sr. José de Jesús Guevara. Total 27 diputados. Faltaban los 5 de Casanare y tres de Cumaná, Guayana y Margarita.
Igualmente se hallaba en la sala el estado Mayor General, el Gobernador de las Plaza y Comandante General de la Provincia, el agente norteamericano John Baptiste Irvine, el señor James Hamilton en representación de Inglaterra, el Sr. Provisor Gobernador del Obispado y numerosos ciudadanos.
Media hora luego del previo anuncio de tres cañonazos, el Jefe Supremo, acompañado a la oficialidad, llego a las puertas del palacio y todos diputados salieron a recibirlo. Un numeroso destacamento que ocupaba el frente, le hizo los honores militares.
El jefe supremo abrió la sesión con un discurso, depositando su mando en la soberanía del Congreso, haciendo un análisis de los sistemas de gobierno a la luz de la experiencia universal y concluyendo en la necesidad de un régimen centralista basado en una nueva Constitución Nacional cuyo proyecto dejo en manos del Congreso, dejando que era lo más adaptable a la realidad del país.
Discurso al Congreso
EL Libertador depone el mando ante el Congreso
¡Dichoso el ciudadano que bajo el escudo de las armas de su mando ha convocado la Soberanía Nacional, para que ejerza su voluntad absoluta! Yo, pues, me encuentro entre los seres más favorecidos de la Divina Providencia, ya que he tenido el honor de reunir a los representantes del Pueblo de Venezuela en este augusto Congreso, fuente de la autoridad legítima, depósito de la voluntad soberana y árbitro del destino de la Nación.
Al transmitir a los representantes del pueblo el Poder Supremo que se me había confiado, colmo los votos de mi corazón, los de mis conciudadanos y los de nuestras futuras generaciones, que todo lo esperan de vuestra sabiduría, rectitud y prudencia. Cuando cumplo con este dulce deber, me liberto de la inmensa autoridad que me agobiaba como de la responsabilidad ilimitada que pesaba sobre mis débiles fuerzas. Solamente una necesidad forzosa, unida a la voluntad imperiosa del pueblo, me había sometido al terrible y peligroso encargo de Dictador, Jefe Supremo de República. Pero ya respiro, devolviéndoos esta autoridad, que con tanto riesgo y pena he logrado mantener en medio de las tribulaciones más horrorosas que pueden afligir a un cuerpo social.
EL genio de Bolívar supera los formidables obstáculos que las pasiones oponen a su obra
No ha sido la Época de República que ha presidido una mera tempestad política, ni una guerra sangrienta, ni una anarquía popular: ha sido, sí, el desarrollo de todos los elementos desorganizadores; ha sido, sí, la inundación de un torrente infernal que ha sumergido la tierra de Venezuela. Un hombre, ¡y un hombre como yo!, ¿qué diques podría oponer al ímpetu de estas devastaciones? En medio de este piélago de angustias, no he sido más que un vil juguete del huracán revolucionario, que me arrebata como una débil paja. Yo no he podido hacer ni bien ni mal. Fuerzas irresistibles han dirigido la marcha de nuestros sucesos. Atribuírmelos no sería justo, y sería darme una importancia que no merezco. ¿Queréis conocer los autores de los acontecimientos pasados y del orden actual? Consultad los anales de España, de América, de Venezuela; examinad las leyes de Indias, el régimen de los antiguos mandatarios, la influencia de la religión y del dominio extranjero; observad los primeros actos del gobierno republicano, la ferocidad de nuestros enemigos y el carácter nacional.
No me preguntéis sobre los efectos de estos trastornos, para siempre lamentable; apenas se me puede suponer simple instrumento de los grandes móviles que han obrado sobre Venezuela. Sin embargo, mi vida, mi conducta, todas mis acciones públicas y privadas están sujetas a la censura del pueblo.
Bolívar prefiere el título de buen ciudadano al de Libertador
Representantes: vosotros debéis juzgarlas. Yo someto la historia de mi mando a vuestra imparcial decisión, nada añadiré para excusarla; ya he dicho cuánto puede hacer mi apología. Si merezco vuestra aprobación, habré alcanzado el sublime título de buen ciudadano, preferible para mí al de Libertador que me dio Venezuela, al de pacificador que me dio Cundinamarca y a los que el mundo entero pueda darme.
Legisladores: Yo deposito en vuestras manos el mando supremo de Venezuela. Vuestro es ahora el augusto deber de consagraros a la felicidad de República; en vuestras manos está la balanza de nuestros destinos, la medida de nuestra gloria; ellas sellarán los decretos que fijen nuestra libertad.
En este momento el Jefe Supremo de la República no es más que un simple ciudadano, y tal quiere quedar hasta la muerte. Serviré, sin embargo, en la carrera de las armas, mientras haya enemigos en Venezuela. Multitud de beneméritos hijos tiene la patria capaz de dirigirla; talentos, virtudes, experiencia, y cuanto se requiere para mandar a hombre libres, son el patrimonio de muchos de los que aquí representan el pueblo, y fuera de este Soberano Cuerpo se encuentran ciudadanos que en toda época han mostrado valor para arrostrar los peligros, prudencias para evitarlos y el arte, en fin, de gobernarse y de gobernar a otros. Estos ilustres varones merecerán, sin duda, los sufragios del Congreso, y a ellos se encargará del Gobierno, que tan cordial y sinceramente acabo de reunir para siempre.
Peligro de continuismo en los Poderes Públicos
La continuación de la autoridad en un mismo individuo frecuentemente ha sido el término de los gobiernos democráticos. Las repetidas elecciones son esenciales en los sistemas populares, porque nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo, de donde se origina la usurpación y la tiranía. Un justo celo es la garantía de la libertad republicana, y nuestros ciudadanos deben temer con sobrada justicia que el mismo magistrado que los ha mandado mucho tiempo, los mande perpetuamente.
Proyecto de Constitución
Ya, pues, que por este acto de mi adhesión a la libertad de Venezuela puedo aspirar a la gloria de contarse entre sus más fieles amantes, permitidme, señor, que exponga con la franqueza de un verdadero republicano mi respetuoso dictamen en este Proyecto de Constitución, que me tomo la libertad de ofreceros en testimonio de la sinceridad y del candor de mis sentimientos. Como se trata de la salud de todos, me atrevo a creer que tengo derecho para ser oído por los representantes del pueblo. Yo sé muy bien que vuestra sabiduría no ha de menester de consejos, y sé también que mi proyecto acaso os parecerá erróneo, impracticable. Pero, señores, aceptad con benignidad este trabajo, que más bien es el tributo de mi sincera sumisión al Congreso que el efecto de una levedad presuntuosa.
Por otra parte, siendo vuestras funciones la creación de un cuerpo político, y aun se podría decir, la creación de una sociedad entera, rodeada de todos los inconvenientes que presenta una situación la más singular y difícil, quizás el grito de un ciudadano puede advertir la presencia de un peligro encubierto o desconocido.
La base de la República venezolana
Echando una ojeada sobre lo pasado, veremos cuál es la base de República de Venezuela.
Al desprenderse la América de la Monarquía Española se ha encontrado semejante al imperio Romano, cuando aquella enorme masa cayó dispersa en medio del antiguo mundo. Cada desmembración formó entonces una nación independiente, conforme a su situación o a sus intereses; pero que con la diferencia de que aquellos miembros volvían a restablecer sus primeras asociaciones. Nosotros ni aún conservamos los vestigios de lo que fue en otro tiempo; no somos europeos, no somos indígenas, sino una especie media entre los aborígenes y los españoles. Americanos por nacimiento y europeos por derechos, nos hayamos en el conflicto de disputar a los naturales los títulos de posesión y de mantenernos en el país que nos vio nacer contra la oposición de los invasores; así, nuestro caso es el más extraordinario y complicado. Todavía hay más: nuestra suerte ha sido siempre puramente pasiva, nuestra existencia política ha sido siempre nula, y nos hallábamos en tanta más dificultad para alcanzar la libertad, cuanto que estábamos colocados en un grado inferior al de la servidumbre, porque no solamente se nos había robado la libertad, sino también la tiranía activa y doméstica. Permítaseme explicar esta paradoja.
El régimen absoluto
En el régimen absoluto, el poder autorizado no admite límites. La voluntad del déspota es la ley suprema, ejecutada arbitrariamente por los subalternos que participan de la opresión organizada, debido a la autoridad de que gozan. Ellos están encargados de las funciones civiles, políticas, militares y religiosas; pero al fin son persas los sátrapas de Persia, son turcos los bajaes del Gran Señor, son tártaros los sultanes de la Tartaria. La China no envía a buscar mandarines a la cuna de Gengis- Kan, que la conquistó. Por el contrario, la América todo la recibía de España, que realmente la había privado del goce y del ejercicio de la tiranía activa; no permitiéndonos sus funciones en nuestros asuntos domésticos y administración interior. Esta abnegación nos había puesto en imposibilidad de conocer el curso de los negocios públicos; tampoco gozábamos de la consideración personal que inspira el brillo del poder a los ojos de multitud, y que es de tanta importancia en las grandes revoluciones. Lo diré de una vez: estábamos abstraídos, ausentes del universo en cuanto era relativo a la ciencia del gobierno.
Lo que ha pasado y todavía pasa entre nosotros
Uncido el pueblo americano al triple yugo de la ignorancia, de la tiranía y del vicio, no hemos podido adquirir ni saber, ni poder, ni virtud. Discípulos de tan perniciosos maestros, las lecciones que hemos recibido y los ejemplos que hemos estudiados, son los más destructores. Por el engaño se nos ha dominado más que por la fuerza, y por el vicio se nos ha degradado más bien que por la superstición. La esclavitud es la hija de las tinieblas; un pueblo ignorante es instrumento ciego de su propia destrucción; la ambición, la intriga abusan de la credulidad y de la inexperiencia de hombres ajenos de todo conocimiento político, económico o civil; adoptan como realidades las que son puras ilusiones; toman licencia por la libertad, la traición por el patriotismo, la venganza por la justicia. Semejante a un robusto ciego que instigado por el sentimiento de sus fuerzas marchan con la seguridad del hombre más perspicaz, y dando en todos los escollos, no puede rectificar sus pasos.
Enseñanza de actualidad
Un pueblo pervertido, si alcanza su libertad muy pronto vuelve a perderla; porque en vano se forzarán en mostrarle que la felicidad consiste en la práctica de la virtud; que el imperio que de las leyes es más poderoso que el de los tiranos, porque son más inflexibles, y todo debe someterse a su benéfico rigor; que las buenas costumbres y no las fuerzas, son las columnas de las leyes: que el ejercicio de la justicia es el ejercicio de la libertad. Así, legisladores, vuestra empresa es tanto más en más ímproba, cuanto que tenéis que constituir a hombres pervertidos por las ilusiones del error y por incentivos nocivos. La libertad, dice Rousseau, es un alimento suculento, pero de difícil digestión. Vuestros débiles conciudadanos tendrán que robustecer su espíritu mucho antes que logre digerir el saludable nutrimento de la libertad. Entumidos sus miembros por las cadenas, debilitada su vista en las sombras de las mazmorras, y aniquilados por las pestilencias serviles, serán capaces de admirar de cerca sus espléndidos rayos y respirar sin opresión el éter puro que allí reina.
La forma de gobierno conveniente
Meditad bien vuestra elección, legisladores. No olvidéis que vais a echar los fundamentos a un pueblo naciente que podrá elevarse a la grandeza que la naturaleza le ha señalado, si vosotros proporcionáis su base al eminente rango que le espera; si vuestra elección no está presidida por el genio tutelar de Venezuela que debe inspiraros el acierto al escoger la naturaleza y la forma de gobierno que vais adoptar para la felicidad de pueblo; si no acertáis, repito la esclavitud será el término de nuestra transformación.
Lo anales de los tiempos pasados os presentarán millares de gobiernos. Observaréis muchos sistemas de manejar hombres, mas todos para oprimirlos; y si la costumbre de mirar al género humano conducido por pastores del pueblo no disminuyese el horror de tan chocante espectáculo, nos pasmaríamos al ver nuestra dócil especie pacer sobre la superficie de globo, como viles rebaños destinados a alimentar a sus crueles conductores. La naturaleza, a la verdad, nos dota al nacer del incentivo de la libertad; mas sea pereza, sea propensión inherente a la humanidad, lo cierto es que ella reposa tranquila, aunque ligada con las trabas que le imponen. Al contemplar este estado de prostitución parece que tenemos razón para persuadirnos que los más de los hombres tienen por verdadera aquella humillante máxima, que más cuesta mantener el equilibrio de la libertad que soportar el peso de la tiranía. ¡Ojalá que esta máxima contraria a la moral de la naturaleza fuese falsa! ¡Ojalá que esta máxima no estuviese sancionada por la indolencia de los hombres con respecto a sus derechos más sagrados!
Origen de la tiranía
Muchas naciones antiguas y modernas han sacudido la opresión; pero son rarísimas las que han sabido gozar de unos preciosos momentos de libertad; muy luego han recaído en sus antiguos vicios políticos; porque son los pueblos, más bien que los gobierno, los que arrastran tras sí la tiranía. El hábito de la dominación los hace insensibles a los encantos del honor y de la prosperidad nacional, y miran con indolencia la gloria de vivir en el movimiento de la libertad, bajo la tutela de leyes dictadas por su propia libertad. Lo fastos del universo proclaman esta espantosa verdad.
Sólo la democracia, en mi concepto, es susceptible de una absoluta libertad, pero ¿cuál es el gobierno democrático que ha reunido a un tiempo, poder, prosperidad y permanencia? ¿Y no se ha visto por el contrario la aristocracia, la monarquía, cimentar grandes y poderosos imperios por siglos y siglos? ¿Qué gobierno más antiguo que el de china? ¿Qué república ha excedido en duración a la de Esparta, a la de Venecia? ¿El imperio Romano no conquistó la tierra? ¿No tiene la Francia catorce siglos de monarquía? ¿Quién es más grande que la Inglaterra? Estas naciones, sin embargo, han sido o son aristocracia y monarquía.
El imperio de la Democracia
A pesar de tan crueles reflexiones, yo me siento arrebatado de gozo por los grandes pasos que han dado nuestra república al entrar en su noble carrera. Amando lo más útil, animada de lo más justo y aspirando a lo más perfecto, al separarse Venezuela de la Nación Española, ha recobrado su independencia, su libertad, su igualdad, su soberanía nacional. Constituyéndose en una república democrática, proscribió la monarquía, las distinciones, la nobleza, los fueros, los privilegios; declaró los derechos del hombre, la libertad de obrar, de pensar, de hablar y de escribir. Esos actos, eminentemente liberados, jamás serán demasiado admirados por la pureza que los ha dictado. El primer Congreso de Venezuela ha estampado en los anales de nuestra legislatura, con caracteres indelebles, la majestad del pueblo dignamente expresada al sellar el acto social más capaz de formar la dicha de una nación.
Necesito recoger todas mis fuerzas para sentir con toda la vehemencia de que soy susceptible, el supremo bien que encierra en sí este código inmortal de nuestro derecho y de nuestras leyes. Hay sentimiento que no se pueden contener en el pecho de un amante de la patria: ellos rebosan agitados por su propia violencia, y a pesar de este que los abriga, una fuerza imperiosa los comunica. Estoy penetrado de la idea de que el Gobierno de Venezuela debe reformarse; y aunque muchos ilustres ciudadanos piensan como yo, no todos tienen el arrojo necesario para profesar públicamente la adopción de nuevos principios. Esta consideración me insta a tomar la iniciativa en un asunto de la mayor gravedad, y en que hay sobrada audacia en dar avisos a los consejeros del pueblo.
Inconveniente de la Federación
Cuanto más admiro la excelencia de la Constitución Federal de Venezuela, tanto más me persuado de la imposibilidad de su aplicación a nuestro Estado. Y según mi modo de ver, es un prodigio que su modelo en el norte de América subsiste tan prósperamente y no se trastorne al aspecto del primen embarazo o peligro. A pesar de que aquel pueblo es un modelo singular de virtudes políticas y de ilustración moral; no obstante, que la libertad ha sido su cuna, se ha criado en la libertad y se alimenta de pura libertad; –lo diré todo, aunque bajo de mucho respecto, este pueblo es único en la historia del género humano, es un prodigio, repito, que un sistema tan débil y complicado como la federal haya podido regirlo en circunstancias tan difíciles y delicadas como las pasadas. Pero sea lo que fuere de este gobierno con respecto a la nación americana, debo decir, que ni remotamente ha entrado en mi idea asimilar la situación y naturaleza de dos Estados tan distintos como el inglés americano, y el americano español. ¿No sería muy difícil aplicar a España el código de libertad política, civil y religiosa de Inglaterra? Pues aún es más difícil adaptar en Venezuela, las leyes del norte de América ¿No dice “El espíritu de las leyes” que estas deben ser propias para el pueblo que se hacen? ¿Qué es una gran casualidad que las de una nación puedan convenir a otra? ¿Que las leyes deben ser relativas a lo físico del país, al clima, a la calidad del terreno, a su situación, a su extensión, al género de vida de los pueblos? ¿Referirse al grado de libertad que la constitución puede sufrir, a la religión de los habitantes, a sus inclinaciones, a sus riquezas, a su número, a su comercio, a su costumbre, a sus modales? ¡He aquí el código que debíamos consultar y no el de Washington!
La Constitución Venezolana, sin embargo, de haber tomado sus bases de la más perfecta, si se atiende a la corrección de los principios y de los efectos benéficos de su administración, defirió esencialmente de la americana en un punto cardinal, y sin duda el más importante. El Congreso de Venezuela, como el americano, participa de algunas de las atribuciones del Poder Ejecutivo. Nosotros además subdividimos este Poder, habiéndolo sometido a un cuerpo colectivo sujeto por consiguiente a los inconvenientes de hacer periódica la existencia del gobierno, de suspenderla y disolverla siempre que se separen sus miembros.
Nuestro triunvirato carece, por decirlo así, de unidad, de continuación, de responsabilidad individual; está privado de acción momentánea, de vida continua, de uniformidad real, de responsabilidad inmediata: y un gobierno que no posee cuanto constituye su moralidad debe llamarse nulo.
Aunque las facultades del presidente de los Estados Unidos están limitadas con restricciones excesivas, ejerce por sí solo todas las funciones gubernativas que la Constitución le atribuye y es indubitable que su administración debe ser más uniforme, constante y verdaderamente propia que la de un poder diseminado entre varios individuos, cuyo compuesto no puede ser menos que monstruoso. El Poder judiciario en Venezuela es semejante al americano, indefinido en duración, temporal y no vitalicio, goza de toda la independencia que le corresponde.
El atractivo del sistema federal
El primer Congreso en su Constitución Federal consultó más el espíritu de las provincias, que la idea sólida de formar una República indivisible y central. Aquí cedieron nuestros legisladores al empeño inconsiderado de aquellos provinciales seducidos por el deslumbrante brillo de la felicidad del pueblo americano, pensando que las bendiciones de que goza son debidas exclusivamente a la forma de gobierno, y no al carácter y costumbre de los ciudadanos. Y, en efecto, el ejemplo de los Estados Unidos, por su peregrina prosperidad, era demasiado lisonjera para que no fuese seguido. ¿Quién puede resistir el atractivo victorioso del goce pleno y absoluto de la soberanía, de la independencia, de la libertad? ¿Quién puede resistir al amor que inspira un gobierno inteligente que liga a un mismo tiempo de los derechos particulares a los derechos generales; que forma de la voluntad común la ley suprema de la voluntad individual? ¿Quién puede resistir al imperio de un gobierno bienhechor que, con una mano hábil, activa y poderosa, dirige siempre y en todas partes, todos sus resortes hacia la perfección social, que es el fin único de la institución humana?
Perfección prematura y por lo tanto funesta
Mas por halagüeño que parezca y sea en efecto este magnífico sistema federativo, no era dado a los venezolanos gozarlo repentinamente al salir de las cadenas. No estábamos preparados para tanto bien; el bien, como el mal, da la muerte cundo es súbito y excesivo. Nuestra constitución moral no tenía todavía la consistencia necesaria para recibir el beneficio de un gobierno completamente representativo, y tan sublime cuanto que podía adaptarse a una república de santos.
Representantes el pueblo: Vosotros estáis llamados a consagrar o a suprimir cuanto os parezca digno de conservarse, reformado o desechado en nuestro pacto social. A vosotros pertenece el corregir la obra de nuestros primeros legisladores; yo quería decir, que a vosotros toca cubrir una parte de la belleza que contiene nuestro código político; porque no todos los corazones están formados para amar a todas las beldades; ni todos los ojos son capaces de soportar la luz celestial de la perfección. El libro de los apóstoles, la moral de Jesús, la obra divina que nos ha enviado la Providencia para mejorar a los hombres, tan sublime, tan santa, es un diluvio de fuego en Constantinopla, y el Asia entera ardería en vivas llamas si este libro de paz se impusiese repentinamente por código de religión, de leyes y de costumbres.
La mezcla de razas forma el tipo del venezolano
Séame permitido llamar la atención del Congreso sobre una materia que puede ser de una importancia vital. Tengamos presente que nuestro pueblo no es el europeo, ni el americano del norte; que más bien es un compuesto de África y América que una emanación de Europa; pues que hasta la España misma deja de ser europea por su sangre africana, por sus instituciones y por su carácter. Es imposible asignar con propiedad a qué familia humana pertenecemos. La mayor parte del indígena se ha aniquilado, el europeo se ha mezclado con el americano y con el africano, y éste con el indígena y el europeo. Nacidos todos del seno de una misma madre, nuestros padres, diferentes en origen y en sangre, son extranjeros, y todos difieren visiblemente en la epidermis: esta desemejanza trae un reato de la mayor trascendencia.
Desigualdad inevitable
Los ciudadanos de Venezuela gozan todos, por la Constitución, intérprete de la naturaleza, de una perfecta igualdad política. Cuando esta igualdad no hubiese sido un dogma en Atenas, en Francia y en América, deberíamos nosotros consagrarlo para corregir la diferencia que aparentemente existe. Mi opinión es, legisladores, que el principio fundamental de nuestro sistema depende inmediata y exclusivamente de la igualdad establecida y practicada en Venezuela. Que los hombres nacen todos con derechos iguales a los bienes de la sociedad, está sancionado por la pluralidad de los sabios; como también lo está que no todos los hombres nacen igualmente aptos a la obtención de todos los rangos; pues todos deben practicar la virtud, y no todos la practican; todos deben ser valerosos, y no todos lo son; todos deben poseer talentos, y no todos los poseen. De aquí viene la distinción efectiva que se observa entre los individuos de la sociedad más liberalmente establecida. Si el principio de la igualdad política es generalmente reconocido, no lo es menos el de la desigualdad física y moral. La naturaleza hace a los hombres desiguales en genio, temperamento, fuerza y caracteres. Las leyes corrigen esta deferencia, porque colocan al individuo en la sociedad, para que la educación, la industria, las artes, los servicios, las virtudes, le den una igualdad ficticia propiamente llamada política y social. Es una inspiración eminentemente benéfica la reunión de todas las clases en un estado en que la diversidad se multiplica debido a la propagación de la especie. Por este solo paso se ha arrancado de raíz la cruel discordia. ¡Cuántos celos, rivalidades y odios se han evitado!
El más perfecto sistema de gobierno
Habiendo ya cumplido con la justicia, con la humanidad, cumplamos ahora con la política, con la sociedad, allanando las dificultades que opone su sistema tan sencillo y natural, más tan débil que el menor tropiezo lo trastorna, lo arruina. La diversidad del origen requiere un pulso infinitamente firme, un tacto infinitamente delicado para manejar esta sociedad heterogénea, cuyo complicado origen se disloca, se divide, se disuelve con la más ligera alteración.
El sistema de gobierno más perfecto es aquel que produce mayor suma de felicidad pasible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política. Por las leyes que dictó el primer Congreso tenemos derecho de esperar que la dicha sea el dote de Venezuela; y por las vuestras, debemos lisonjearnos que la seguridad y la estabilidad eternizarán esta dicha.
El ambiente del Despotismo
A vosotros toca resolver el problema. ¿Cómo después de haber roto todas las trabas de nuestra antigua opresión, podemos hacer la obra maravillosa de evitar que los restos de nuestros duros hierros no se cambien en armas liberticidas? Las reliquias de la dominación española permanecerán largo tiempo antes que lleguemos a anonadarlas: el contagio del despotismo ha impregnado nuestra atmósfera, y ni el fuego de la guerra ni el específico de nuestras saludables leyes han purificado el aire que respiramos. Nuestras manos ya están libres; todavía nuestros corazones padecen de las dolencias de la servidumbre. El hombre, al perder la libertad, decía Homero, pierde la mitad de su espíritu.
No es posible la Democracia absoluta
El gobierno republicano ha sido, es y debe ser el de Venezuela; sus bases deben de ser la soberanía del pueblo, la división de los poderes, la libertad civil, la proscripción de la esclavitud, la abolición de la monarquía y de los privilegios. Necesitamos de la igualdad, para refundir, digámoslo así en un todo, la especie de los hombres, las opiniones políticas y las costumbres públicas. Luego, extendiendo la vista sobre el vasto campo que nos falta por recorrer, fijemos la atención sobre los peligros que debemos evitar. Que la historia nos sirva de guía en esta carrera. Atenas la primera nos da el ejemplo más brillante de una democracia absoluta, y al instante la misma Atenas nos ofrece el ejemplo más melancólico de la extrema debilidad de esta especie de gobierno, que nos vio conservar su república. El más sabio legislador de Grecia no vio conservar su Republica diez años, y sufrió la humillación de reconocer la insuficiencia de la democracia absoluta para regir ninguna especie de sociedad, ni aun la más culta, morigerada y limitada, porque sólo brilla con relámpagos de libertad. Reconozcamos, pues, que Solón ha desengañado al mundo y le ha enseñado cuán difícil es dirigir por simples leyes a los hombres.
La República de Esparta, que parecía una invención quimérica, produjo más efectos reales que la obra ingeniosa de Solón. Gloria, virtud, moral, y por consiguiente la felicidad nacional, fueron el resultado de la legislación de Licurgo. Aunque dos reyes en un Estado son dos monstruos para devorarlo, Esparta poco tuvo de sentir de su doble trono; en tanto que Atenas se prometía la suerte más espléndida, con una soberanía absoluta, libre elección de magistrados frecuentemente renovados, leyes suaves, sabias y políticas. Pisístrato, usurpador y tirano, fue más saludable a Atenas que sus leyes; y Pericles, aunque también usurpador, fue el más útil ciudadano. La República de Tebas no tuvo más vida que la de Pelópidas y Epaminondas; porque a veces son los hombres, no los principios, los que forman los gobiernos. Los códigos, los sistemas, los estatutos que por sabios que sean son obras muertas que poco influyen sobre las sociedades: hombres virtuosos, hombres patriotas, hombres ilustrados, constituyen las repúblicas.
El ejemplo de Roma
La constitución Romana es la que mayor poder y fortuna ha producido a ningún pueblo del mundo; allí no había una exacta distribución de los poderes. Los Cónsules, el Senado, y el pueblo ya fueran legisladores, ya magistrados, ya jueces; todos participaban de todos los poderes. El Ejecutivo, compuesto de dos Cónsules, padecía del mismo inconveniente que el de Esparta. A pesar de su deformidad, no sufrió la República la desastrosa discordancia que toda previsión habría supuesto inseparable de una magistratura compuesta de dos individuos, igualmente autorizados, con las facultades de un monarca. Un gobierno, cuya única inclinación era la conquista, no parecía destinado a cimentar la felicidad de su nación; un gobierno monstruoso y puramente guerrero elevó a Roma al más alto esplendor de virtud y de gloria, para mostrar a los hombres de cuánto son capaces las virtudes políticas y cuán indiferentes suelen ser las instituciones.
Inglaterra y Francia
Y pasando de los tiempos antiguos a los modernos encontraremos la Inglaterra y la Francia llamando la atención de todas las naciones, y dándoles lecciones elocuentes de toda especie en materia de gobierno. La revolución de estos dos grandes pueblos, como un radiante meteoro, ha inundado en mundo con tal profusión de luces políticas, que ya todos los seres que piensan han aprendido cuáles son los derechos del hombre y cuáles sus deberes, en qué consiste la excelencia de los gobiernos y en qué consisten sus vicios. Todos saben apreciar el valor intrínseco de las teorías especulativas de los filósofos y legisladores modernos. En fin, este astro, en su luminosa carrera, aun ha encendido los pechos de los apáticos españoles, que también se han lanzado en el torbellino político, han hecho sus efímeras pruebas de libertad, han reconocido su incapacidad para vivir bajo el dulce dominio de las leyes y han vuelto a sepultarse en sus prisiones y hogueras inmemoriales.
Las lecciones de la Experiencia
Aquí es el lugar de repetiros, legisladores, lo que os dice es elocuente Volney, en la dedicatoria de sus “Ruinas de Palmira”: “A los pueblos nacientes de la Indias Castellanas, a los jefes generosos que los guían a la libertad, que los errores e infortunios del mundo antiguo enseñen la sabiduría y felicidad al Nuevo Mundo.” Que no se pierdan, pues, las lecciones de la experiencia y que las escuelas de Grecia, de Roma, de Francia, de Inglaterra y de América nos instruyan en la difícil ciencia de crear y conservar las naciones con leyes propias, justas, legítimas y, sobre todo, útiles; no olvidando jamás que la excelencia de un gobierno no consiste en su teoría, en su forma ni en su mecanismo, sino en ser apropiado a la naturaleza y al carácter de la nación para quien se constituye.
La legislación inglesa. El senado vitalicio
Roma y el Reino Unido son las naciones que más han sobresalido entre las antiguas y modernas; ambas nacieron para mandar y ser libres, pero ambas se constituyeron, no con brillantes formas de libertad, sino con establecimientos sólidos. Así, pues, os recomiendo, representantes, el estudio de la Constitución británica, que es la que parece destinada a operar el mayor bien posible a los pueblos que la adopten; pero, por perfecta que sea, estoy muy lejos de proponeros su imitación servil. Cuando hablo del Gobierno Británico, sólo me refiero a lo que tiene de republicano; y a la verdad, ¿Puede llamarse monarquía un sistema en el cual se reconoce la soberanía popular, la división y equilibrio de los poderes, la libertad civil, de conciencia, de imprenta y cuanto es sublime en la política? ¿Puede haber más libertad en ninguna especie de República? ¿Y puede pretenderse más en el orden social? Yo os recomiendo esta Constitución, como la más digna de servir de modelo a cuantos aspiran al goce de los derechos del hombre a toda felicidad política que es compatible con nuestra frágil naturaleza.
Inglaterra, modelo de pueblos libres
En nada alteraríamos nuestras leyes fundamentales, si adoptásemos un Poder Legislativo semejante al Parlamento Británico. Hemos dividido como los americanos la Representación Nacional en dos Cámaras: la de Representantes y el Senado. La primera está compuesta muy sabiamente, goza de todas las atribuciones que le corresponden y no es susceptible de una reforma esencial, porque la Constitución le ha dado el origen, la forma y la facultad que requiere la voluntad de pueblo para ser legítima y competentemente representada. Si el Senado en lugar de ser efectivo fuese hereditario, sería, en mi concepto, la base, el lazo, el alma de nuestra República. Este cuerpo en las tempestades políticas pararía lo rayos del Gobierno y rechazaría las olas populares. Adicto al Gobierno por el justo interés de su propia conservación se opondría siempre a las invasiones que el pueblo intenta contra la jurisdicción y la autoridad de sus magistrados. Debemos confesarlo: lo más de los hombres desconocen sus verdaderos intereses y constantemente procuran asaltarlos en las manos de sus depositarios; el individuo pugna contra la masa y la masa contra la autoridad. Por tanto, es preciso que en todos los gobiernos exista un cuerpo neutro que se ponga siempre de parte del ofendido y desarme al ofensor. Este cuerpo neutro, para que pueda ser tal, no ha de deber su origen a la elección del Gobierno, ni a la del pueblo, de modo que goce de una plenitud de independencia que ni tema ni espere nada de estas dos fuentes de autoridad. El Senado hereditario, como parte del pueblo, participa de sus intereses, de sus sentimientos y de su espíritu. Por esta causa no se debe presumir que un Senado hereditario se desprenda de los intereses populares, ni olvide sus deberes legislativos. Los senadores en Roma y los lores en Londres, han sido las columnas más firmes sobre que se ha fundado el edificio de la libertad política y social.
Sus ventajas
Estos senadores serán elegidos la primera vez por el Congreso. Los sucesores al Senado llaman la primera atención del Gobierno, que debería educarlos en un colegio especialmente destinado para instruir aquellos tutores, legisladores futuros de la Patria. Aprenderían las artes, las ciencias y las letras, que adornan el espíritu de un hombre público; desde su infancia ellos sabrían a qué carrera la Providencia los destinaba, y desde muy tiernos elevarían su alma a la dignidad que les espera.
De ningún modo sería una violación de igualdad política la creación de un Senado hereditario; no es una nobleza lo que pretendo establecer, porque como ha dicho un célebre republicano, sería destruir a la vez la igualdad y la libertad. Es un oficio para el cual se deben preparar los candidatos, y es un oficio que exige mucho saber y los medios proporcionados para adquirir su instrucción.
El peligro de las elecciones.
Su depuración
Todo no se debe dejar al acaso y a la ventura de las elecciones; el pueblo se engaña más fácilmente que la naturaleza perfeccionada por el arte; y aunque es verdad que estos senadores no saldrían del seno de las virtudes, también es verdad que saldrían del seno de una educación ilustrada. Por otra parte, los libertadores de Venezuela son acreedores para ocupar un alto rango en la Republica que le debe su existencia. Creo que la posteridad vería con sentimientos anonadados los nombres ilustres de sus primeros bienhechores; digo más, es de interés público, es de la gratitud de Venezuela, es del honor nacional conservar con gloria, hasta la última posteridad, una raza de hombres virtuosos y prudentes y esforzados que, superando todos los obstáculos, han fundado la República a costa de lo más heroicos sacrificios. Y si el pueblo de Venezuela no aplaude la elevación de sus bienhechores, es indigno de ser libre, y no lo será jamás.
La base fundamental
Un Senado hereditario, repito, será la base fundamental del Poder Legislativo, y, por consiguiente, será la base del todo el Gobierno. Igualmente servirá de contra peso para el gobierno y para el pueblo, será una potestad intermedia que embote los tiros que recíprocamente se lanzan estos eternos rivales. En todas las luchas, la calma de un tercero viene a ser el órgano de reconciliación; así el Senado de Venezuela será la traba de este edificio delicado y harto susceptible de impresiones violentas; será el iris que calmará las tempestades y mantendrá la armonía entre los miembros y la cabeza de este cuerpo político.
Ningún estímulo podrá adulterar un Cuerpo Legislativo investido de los primeros honores, dependiente de sí mismo, sin temer nada del pueblo ni esperar nadad del Gobierno, que no tiene otro objeto que el de reprimir todo principio del mal y propagar todo principio del bien; y que está altamente interesado en la existencia de una sociedad en la cual participa de sus efectos funestos o favorables. Se ha dicho con demasiada razón que la Cámara Alta de Inglaterra es preciosa para la nación, porque ofrece un baluarte a la libertad; y yo añado, que el Senado de Venezuela no sólo sería un baluarte de la libertad, sino un apoyo para eternizar la República.
El imperio de las Leyes
El Poder Ejecutivo Británico está revestido de toda la autoridad soberana que le pertenece, pero también está circunvalado de una triple línea de diques, barreras y estancadas. Es Jefe de Gobierno, pero sus ministros y subalternos dependen más de las leyes que de su autoridad, porque son personalmente responsables y ni aún las mismas órdenes de la autoridad real los exime de esta responsabilidad. Es Generalísimo del ejército y la marina; hace la paz y declara la guerra; pero el Parlamento es el que decreta anualmente las sumas con que deben pagarse estas fuerzas militares. Si los tribunales y los jueces dependen de él, las leyes emanan del Parlamento que las ha consagrado. Con el objeto de neutralizar su poder, es inviolable y sagrada la persona del Rey; al mismo tiempo que le dejan libre la cabeza le ligan las manos con las que debe obrar. El Soberano de Inglaterra tiene tres formidables rivales: Su Gabinete, que debe responder al pueblo y al Parlamento; el Senado, que defiende los intereses del pueblo como representante de la nobleza de que se compone, y la Cámara de los Comunes, que sirve de órgano y tribuna al pueblo británico. Además, como los jueces son responsables del cumplimiento de las leyes, no se separan de ella, y los Administradores de Erario, siendo perseguidos, no solamente por sus propias infracciones sino aun por las que hace el mismo Gobierno, se guardan bien de malversar los fondos públicos. Por más que se examine la naturaleza del Poder Ejecutivo en Inglaterra, no se puede hallar nada que no incline a juzgar que es el más perfecto modelo, sea para un reino, sea para una aristocracia, sea para una democracia. Aplíquese a Venezuela este Poder Ejecutivo en la persona de un presidente nombrado por el pueblo o por sus representantes, y habremos dado un gran paso hacia la felicidad nacional.
Cualquiera que sea el ciudadano que llene estas funciones, se encontrará auxiliado por la constitución; autorizado para hacer bien, no podrá hacer mal, porque siempre que se someta a las leyes, sus ministros cooperarán con él; si, por el contrario, pretende infringirlas, sus propios ministros lo dejaran aislado en medio de la República y aun lo acusarán delante del Senado. Siendo los ministros los responsables de las transgresiones que se cometan, ellos son los que gobiernan, porque ellos son las que las pagan. No es la mejor ventana de este sistema la obligación en que ponen a los funcionarios inmediatos al Poder Ejecutivo de tomar la parte más interesada y activa en las deliberaciones del Gobierno y a mirar como propio este departamento. Puede suceder que no sea el presidente un hombre de grandes talentos ni de grandes virtudes, y no obstante, la carencia de estas cualidades esenciales, el Presidente desempeñará sus deberes de un modo satisfactorio, pues en tales casos el Ministerio, haciendo todo por sí mismo, lleva la carga del Estado.
Dos formas antagónicas
Por exorbitante que parezca la autoridad del Poder Ejecutivo de Inglaterra, quizás no es excesiva en la República de Venezuela. Aquí el Congreso ha ligado las manos y hasta la cabeza a los Magistrados. Este cuerpo deliberante ha asumido una parte de las Funciones Ejecutivas contra la máxima de Montesquieu, que dice que un Cuerpo Representante no debe tomar ninguna resolución activa: debe hacer leyes y ver si se ejecutan las que hace. Nada es tan contrario a la armonía entre Poderes como su mezcla. Nada es tan peligro con respecto al pueblo como la debilidad del Ejecutivo; y si en un reino se ha juzgado necesario concederle tantas facultades, en una república son éstas infinitamente más indispensables.
Fijemos nuestra atención sobre esta diferencia y hallaremos que el equilibrio de poderes debe distribuirse de dos modos. En las Repúblicas el Ejecutivo debe ser más fuerte porque todos conspiran contra él, en tanto que las monarquías el más fuerte debe ser el Legislativo, porque todos conspira a favor del monarca. La veneración que profesan los pueblos a la magistratura real es un prestigio que influye poderosamente a aumentar el respecto supersticioso que se tributa a esta autoridad. El esplendor del trono, de la corona, de la púrpura; el apoyo formidable que le presta la nobleza; las inmensas riquezas que generaciones esteras acumulan en una misma dinastía; la protección fraternal que recíprocamente reciben todos los reyes, son ventajas muy considerables que militan en favor de la autoridad real y la hacen casi ilimitada. Estas mismas ventajas son, por consiguiente, las que deben confirmar la necesidad de atribuir a un magistrado republicano una suma mayor de autoridad que la que posee un principio constitucional.
Necesidad de fortalecer el principio de autoridad
Un magistrado republicano es un individuo aislado en medio de una sociedad, encargado de contener el ímpetu del pueblo hacia la licencia, la propensión de los jueces y administradores hacia el abuso de las leyes. Está sujeto inmediatamente al Cuerpo Legislativo, al Senado, al pueblo; es un hombre solo resistiendo el ataque combinado y de las pasiones del estado social, de las opiniones, de los intereses que, como dice Carnot, no hace más que luchar continuamente entre el deseo de dominar y el deseo de sustraerse a la dominación. Es, en fin, un atleta lanzado contra una multitud de atletas.
Sólo puede servir de correctivo a esta debilidad, el vigor bien cimentado y más bien proporcionado a la resistencia que necesariamente la oponen al Poder Ejecutivo, el Legislativo, el Judiciario y el pueblo de una república. Si no se pone al alcance del Ejecutivo todos los medios que una justa atribución le señala, cae inevitablemente en la nulidad o en su propio abuso, quiero decir, en la muerte del gobierno, cuyos herederos son la anarquía, la usurpación y la tiranía. Se quiere contener la autoridad ejecutiva con restricciones y trabas: nada es más justo, pero que se advierta que los lazos que se pretenden conservar se fortifican, sí, mas no se estrechan.
Que se fortifique, pues, todo el sistema de Gobierno, y que el equilibrio se establezca de modo que no se pierda, y de modo que no sea su propia delicadeza una causa de decadencia. Por lo mismo que ninguna forma de gobierno es tan débil que la democracia, su estructura debe ser la mayor solidez, y sus instituciones consultarse para la estabilidad. Si no es así, contemos con que se establece un ensayo de gobierno y no un sistema permanente; contemos con una sociedad díscola, tumultuaria y anárquica, y no con un establecimiento social donde tenga su imperio la felicidad, la paz y la justicia.
Utopías políticas
No seamos presuntuosos, legisladores; seamos moderados en nuestras pretensiones. No es probable conseguir lo que ni han logrado el género humano, lo que ni han alcanzado las más grandes y sabias naciones. La libertad indefinida, la democracia absoluta, son los escollos adonde han ido a estrellarse todas las esperanzas republicanas. Echad una mirada sobre las repúblicas antiguas, sobre las repúblicas modernas, sobre las repúblicas nacientes. Casi todas han pretendido establecerse absolutamente democráticas y a casi todas se les han frustrado sus justas aspiraciones. Son laudables ciertamente los hombres que anhelan por instituciones legítimas y por una perfección social; pero ¿quién ha dicho a los hombres que ya poseen toda la sabiduría, que ya practican toda la virtud, que exigen imperiosamente la liga del poder con la justicia? Ángeles, no hombres, pueden únicamente existir libres, tranquilos y dichosos, ejerciendo todos, la potestad soberana.
Ya disfruta el pueblo de Venezuela de los derechos que legítima y fácilmente puede gozar; moderemos ahora el ímpetu de las pretensiones excesivas que quizá la suscitaría la forma de gobierno incompetente para él; abandonemos las formas generales que no nos convienen; abandonemos el triunvirato del Poder ejecutivo, y concentrándolo en un Presidente, confiémosle la autoridad suficiente para que logre mantenerse luchando contra los inconveniente anexos a nuestra reciente situación, al estado de guerra que sufrimos y a la especie de los enemigos externos y domésticos, contra quienes tendremos largo tiempo que combatir. Que el poder Legislativo se desprenda de las atribuciones que correspondan al Ejecutivo, y adquiera, no obstante, nueva consistencia, nueva influencia en el equilibrio de las autoridades. Que los tribunales sean reforzados por la estabilidad y la independencia de los jueces, por el establecimiento de jurados, de Código Civiles y Criminales que no sean dictados por la antigüedad, ni por reyes conquistadores, sino por la voz de la naturaleza, por el grito de la justicia y por el genio de la sabiduría.
Justo equilibrio del Gobierno y de la sociedad
Mi deseo es que todas las partes del Gobierno y administración adquieran el grado de vigor que únicamente puede mantener el equilibrio, no sólo entre los miembros que componen el Gobierno, sino entre las diferentes fracciones de que se compone nuestra sociedad. Nada importaría que los resortes de un sistema político se relajasen por sus debilidades, si esta relajación no arrastrase consigo la disolución del cuerpo social y la ruina de los asociados. Los gritos del género humano en los campos de batalla o en los cuerpos tumultuarios, claman al cielo contra los inconsiderados y ciegos legisladores, que han pensado que se puede hacer impunemente ensayos de quiméricas instituciones. Todos los pueblos del mundo han pretendido la libertad, los unos por las armas, los otros por las leyes, pasando alternativamente de la anarquía al despotismo, o del despotismo a la anarquía; muy poco son los que han contentado con pretensiones moderadas, constituyéndose de un modo conforme a sus miedos, a su espíritu y a sus circunstancias.
Se debe vivir en la realidad
No aspiremos a lo imposible, no sea que, por elevarnos sobre la región de la libertad, descendamos a la región de la tiranía. De la libertad absoluta se desciende siempre al poder absoluto, y el medio entre estos dos términos es la suprema libertad social. Teorías abstractas son las que producen la perniciosa idea de una libertad ilimitada. Hagamos que la fuerza pública se contenga en los límites que la razón y el interés prescriben; que la voluntad nacional se contenga en los límites que un justo poder le señala; que una legislación civil y criminal, análoga a nuestra actual Constitución, domine imperiosamente sobre el Poder Judiciario, y entonces habrá un equilibrio y no habrá un choque que embaraza la marcha del Estado, y no habrá esa complicación que traba en vez de ligar la sociedad.
El amor a las leyes es el amor a la Patria
Para formar un Gobierno estable se requiere la base de un espíritu nacional, que tenga por objeto una inclinación uniforme hacia dos puntos capitales, moderar la voluntad general y limitar la autoridad pública; los términos que fijan teóricamente estos dos puntos son de una difícil asignación, pero se puede concebir que la regla que debe dirigirlos es la restricción y la concentración recíproca, a fin de que haya la menos frotación pasible entre la voluntad y el poder legítimo. Esta ciencia se adquiere insensiblemente por la práctica y el estudio. El progreso de las luces es el que ensancha el progreso de la práctica, y la rectitud del espíritu es la que ensancha el progreso de las luces.
Las razones del desamor del pueblo a las leyes y los Magistrados
El amor a la Patria, el amor a las leyes, el amor a los magistrados, son las nobles pasiones que se deben absorber exclusivamente el alma de un republicano. Los venezolanos aman la Patria, pero no aman sus leyes, porque éstas han sido nocivas y eran la fuente del mal; tampoco han podido amar a sus magistrados, porque eran inicuos, y los nuevos apenas son conocidos en la carrera en que han entrado. Si no hay un respeto sagrado por la Patria y por las leyes, y por las autoridades, la sociedad es una confusión, un abismo: es un conflicto singular de hombre a hombre, de cuerpo a cuerpo.
La unión íntima como único remedio
Para sacar de este caos nuestra naciente República, todas nuestras facultades morales no serán bastantes, si no fundimos la masa del pueblo en un todo: la composición del Gobierno en un todo; la legislación de un todo: Unidad, unidad, unidad, debe ser nuestra divisa. La sangre de nuestro ciudadano es diferente; mezclémosla para unirla; nuestras Constitución ha dividido los Poderes: enlacémoslos para unirlos; nuestras leyes son funestas reliquias de todos los despotismos antiguos y modernos; que este edificio monstruoso se derribe, caiga y apartando hasta sus ruinas, elevemos un templo a la justicia, y bajo los auspicios de su santa inspiración, dictemos un Código de Leyes Venezolanas, Si queremos consultar monumentos y modelos de legislación, el Reino Unido, Francia, América Septentrional los ofrecen admirables.
Importancia de la educación popular
La educación popular debe ser el cuidado primogénito del amor paternal del congreso. Moral y luces son los polos de una República; moral y luces son nuestras primeras necesidades. Tememos de Atenas su Areópago y los guardianes de las costumbres y de sus leyes; tomemos de Roma sus censores y sus tribunales domésticos, y haciendo una santa alianza de estas instituciones morales, renovemos en el mundo la idea de un pueblo que no se contenta con ser libre y fuerte, sino que quiere ser virtuoso. Tomemos de Esparta sus austeros establecimientos, y formando de estos tres manantiales, una fuerte de virtud, demos a nuestra República una cuarta potestad, cuyo dominio sea la infancia y el corazón de los hombres, el espíritu público, las buenas costumbres y la moral republicana. Constituyamos este Areópago para que vele por la educación de los niños, sobre la instrucción nacional; para que purifique lo que se haya corrompido en la República, que acuse la ingratitud, el egoísmo, la frialdad del amor a la patria, el ocio, la negligencia de los ciudadanos; que juzgue de los principios de corrupción, de los ejemplos perniciosos, debiendo corregir las costumbres con penas morales, como las leyes castigan los delitos con penas aflictivas y no solamente lo que choca contra ellas, sino lo que las burla; no solamente lo que las ataca, sino lo que las debilita; no solamente los que viola la Constitución, sino lo que viola el respeto público. La jurisdicción de este tribunal verdaderamente santo deberá ser afectiva con respecto a la educación y a la instrucción y de opinión solamente en las penas y castigos. Pero sus anales o registros donde se consignen sus actas y deliberaciones, los principios morales y las acciones de los ciudadanos, serán los libros de la virtud y del vicio; libros que consultará el pueblo para sus resoluciones y los jueces para sus juicios. Una institución semejante, por más que parezca quimérica, es infinitamente más realizable que otras que algunos legisladores antiguos y modernos han establecido con menos utilidad de género humano.
Ciudadanos activos y ciudadanos pasivos
¡Legisladores! Por el proyecto de Constitución que reverentemente someto a vuestra sabiduría, observaréis el espíritu que lo ha dictado. Al proponeros la división de los ciudadanos en activos y pasivos, he pretendido excitar la prosperidad nacional por las dos grandes palancas de la industria: el trabajo y el saber. Estimulando estos dos poderosos resortes de la sociedad, se alcanza lo más difícil entre los hombres: hacerlos honrados y felices. Poniendo restricciones justas y prudentes en las Asambleas primarias electorales, ponemos el primer dique a la licencia popular evitando la concurrencia tumultuosa y ciega que en todos los tiempos ha imprimido el desacierto en las elecciones y ha llevado por consiguiente el desacierto a los magistrados y a la marcha del Gobierno; pues este acto primordial es el acto generativo de la libertad o de la esclavitud de un pueblo.
Aumentando en la balanza de los poderes el peso del Congreso por el número de los legisladores y la naturaleza del Senado, he procurado darle una base fija a este primer cuerpo de la nación y revestirlo de una consideración importantísima para el éxito de sus funciones soberanas.
La unión y concordia de los Poderes
Separando con límites bien señalados la Jurisdicción Ejecutiva de la Jurisdicción Legislativa, no me he propuesto dividir sino enlazar con los vínculos de la armonía que nace de la independencia, estas potestades supremas, cuyo choque prolongado jamás ha dejado de aterrar a uno de los contendientes. Cuando deseo atribuir al Ejecutivo una suma de facultades superiores a la que antes gozaba, no deseo autorizar a un déspota para que tiranice a la República, sino impedir que el despotismo beligerante no sea causa inmediata de un círculo de vicisitudes despóticas en que alternativamente sea reemplazada la anarquía por la oligarquía o por la monocracia. Al pedir la estabilidad de los jueces, la creación de un jurado y un nuevo código, he pedido al Congreso la garantía de la libertad civil, la más preciosa, la más justa, la más necesaria, en una palabra, la única libertad, pues que sin ella las demás son nulas. He pedido la corrección de los más lamentables abusos que sufre nuestra judicatura, por ese origen vicioso de ese piélago de Legislación Española que, semejante al tiempo, recoge de todas las edades y de todos los hombres así las obras de la demencia como las del talento, así las producciones sensatas como las extravagantes, así los monumentos del ingenio como los del capricho. Esta enciclopedia judiciaria, monstruos de diez mil cabezas, que hasta ahora ha sido el azote de los pueblos españoles es el suplicio más refinado que la cólera del Cielo ha perdido descargar sobre este desdichado Imperio.
Prefiere el centralismo a la federación
Meditando sobre el modo efectivo de regenerar el carácter y las costumbres que las guerras y la tiranía nos han dado, me he sentido con la audacia de inventar un poder moral, sacado del fondo de la obscura antigüedad y de aquellas olvidadas leyes que mantuvieron algún tiempo la virtud entre los griegos y los romanos. Bien puede ser tenido por un cándido delirio, mas no es imposible, y yo me lisonjeo que no desdeñaréis enteramente un pensamiento que, mejorado por la experiencia y las luces, puede llegar a ser muy eficaz.
Horrorizado de las divergencias que ha reinado y debe reinar entre nosotros por el espíritu sutil que caracteriza al gobierno federativo, he sido arrastrado a rogaros para que adoptéis el centralismo y la reunión de todos los estados de Venezuela en una República sola e indivisible. Esta medida, en mi opinión, urgente, vital, redentora, es de tal naturaleza que, sin ella, el fruto de nuestra regeneración será la muerte.
Mi deber es, legisladores, presentaros un cuadro prolijo y fiel de mi administración política, civil y militar; más sería cansar demasiado vuestra importante atención y privaros en este momento de un tiempo tan precioso como urgente. En consecuencia, los Secretarios de Estado darán cuesta al Congreso de sus diferentes departamentos exhibiendo al mismo los documentos y archivos que servirán de ilustración para tomar un exacto conocimiento del estado real y positivo de la República.
Abolición de la Esclavitud
Yo no os hablaría de los actos más notables de mi mando, si éstos no incumbiesen a la mayoría de los venezolanos. Se trata, señor, de las resoluciones más importantes de este último período. La atroz e impía esclavitud cubría con su negro manto la tierra de Venezuela, y nuestro cielo se hallaba recargado de tempestuosas nubes que amenazan un diluvio de fuego. Yo imploré la protección del Dios de la Humanidad, y luego la redención disipó las tempestades. La esclavitud rompió sus grillos y Venezuela se ha visto rodeada de nuevos hijos, de hijos agradecidos que han convertido los instrumentos de su cautiverio en armas de libertad. Si, los que antes eran esclavos, ya son libres: los que antes eran enemigos de una madrastra, ya son defensores de una Patria. Encareceros la justicia, la necesidad y la beneficencia de esta medida, es superfluo, cuando vosotros sabéis la historia de los ilotas, de Espartaco y de Haití; cuando vosotros sabéis que no se puede ser libre y esclavos a la vez, sino violando a la vez las leyes naturales, las leyes políticas y las leyes civiles. Yo abandono a vuestra soberana decisión la reforma o revocación de todos mis Estatutos y Decretos; pero yo imploro la confirmación de la libertad absoluta de los esclavos, como imploraría mi vida y la vida de la República.
Honores y recompensas a los que hacen la guerra
Representaros la historia militar de Venezuela, sería recordaros la historia del heroísmo republicano entre los antiguos; sería deciros que Venezuela ha entrado en el gran cuadro del sacrificio hecho sobre el altar de la libertad. Nada ha podido llenar os nobles pechos de nuestros generosos guerreros, sino los honores sublimes que se tributan a los bienhechores del género humano. No combatiendo por el poder ni por la fortuna, ni aun por la gloria, sino tan sólo por la libertad, títulos de Libertadores de la República son dignos galardones. Yo, pues, fundando una sociedad sagrada con estos ínclitos varones, he instituido la Orden de Libertadores de Venezuela. ¡Legisladores! A vosotros pertenecen las facultades de conceder honores y condecoraciones; vuestro es el deber de ejercer este acto augusto de la gratitud nacional.
Hombres que se han desprendido de todos los goces, de todos los bienes que antes poseían como el producto de su virtud y talentos; hombres que han experimentado cuanto es cruel en una guerra horrorosa, padeciendo las privaciones más dolorosas y los tormentos más acerbos; hombres tan beneméritos de la Patria, han debido llamar la atención del Gobierno; en consecuencia, he mandado a recompensarlos con los bienes de la Nación. Si he contraído para con el pueblo alguna especie de mérito, pido a sus representantes oigan mis suplicas como el premio de mis débiles servicios. Que el Congreso ordene la distribución de los bienes nacionales, conforme a la ley que a nombre de la República he decretado a beneficio de los militares venezolanos.
Las pretensiones de España
Ya que por infinitos triunfos hemos logrado anonadar las huestes españolas, desesperada la Corte de Madrid ha pretendido sorprender vanamente la conciencia de los magnánimos Soberanos que acaban de extirpar la usurpación y la tiranía en Europa y deben ser los protectores de la legitimidad y de la justicia de la Causa Americana. Incapaz de alcanzar con sus armas nuestra sumisión, recurre la España a su política insidiosa; no pudiendo vencernos, ha querido emplear sus artes suspicaces – Fernando se ha humillado hasta confesar que ha menester de la protección extranjera para retornarnos a su ignominioso yugo, aunque todo poder es nulo para imponerlo. – Convencida Venezuela de poseer las fuerzas suficientes para repeler a sus opresores, ha pronunciado por el órgano del Gobierno su última voluntad de combatir hasta expirar, por defender su vida política, no sólo contra la España, si no contra todos los hombres, si todos los hombres se hubiesen degradado tanto, que abracen la defensa de un gobierno devorador, cuyos únicos móviles son una España exterminadora y las llamas de la Inquisición. Un Gobierno que ya no quiere dominio, sino desiertos; ciudades, sino ruinas; vasallos, sino tumbas. La declaración de la República de Venezuela es el Acta más gloriosa, más heroica, más digna de un pueblo libre; es la que con mayor satisfacción tengo el honor de ofrecer al Congreso, ya sancionada por la expresión unánime del Pueblo Libre de Venezuela.
La situación del Ejército de Venezuela en 1819
Desde la segunda Época de la República nuestro ejército carecía de elementos militares; siempre ha estado desarmado; siempre le han faltado municiones; siempre ha estado mal equipado. Ahora los soldados defensores de la Independencia no solamente están armados de la justicia, sino también de la fuerza. Nuestras tropas pueden medirse con las más selectas de Europa, ya que no hay desigualdad en los medios destructores. Tan grandes ventajas las debemos a la liberalidad sin límites de algunos generosos extranjeros que han visto gemir la humanidad y sucumbir la causa de la razón, y no lo han visto como tranquilos espectadores, sino que han volado con sus protectores auxilios y han prestado a la República cuanto ella necesitaba para hacer triunfar sus principios filantrópicos. Estos amigos de la humanidad son los genios custodios de la América, y a ellos somos deudores de un eterno reconocimiento religioso a las sangradas obligaciones que con ellos hemos contraído. La deuda nacional, Legisladores, es el depósito de la fe, del honor y de la gratitud de Venezuela. Respetadla como el arca santa que encierra no tanto los derechos de nuestros bienhechores, cuanto la gloria de nuestra fidelidad. Perezcamos primero que quebrantar un empeño que ha salvado la Patria y la vida de sus hijos.
Génesis de la Gran Colombia
La reunión de la Nueva Granada y Venezuela en un gran estado ha sido el voto uniforme de los pueblos y gobiernos de estas repúblicas. La suerte de la guerra ha verificado este enlace tan anhelado por todos los colombianos; de hechos estamos incorporados. Estos pueblos hermanos ya os han confiado sus intereses, sus derechos, sus destinos. Al contemplar la reunión de esta inmensa comarca, mi alma se remonta a la inminencia que exige la perspectiva colosal que ofrece un cuadro tan asombroso. Volando por entre las próximas edades, mi imaginación se fija en los siglos futuros, y observando desde allá, con admiración y pasmo, la prosperidad, el esplendor, la vida que ha recibido esta vasta región, me siento arrebatado y me parece que ya la veo en el corazón del Universo, extendiéndose sobre sus dilatadas costas, entre esos océanos que la naturaleza había separado y que nuestra Patria reúne con prolongados y anchurosos canales. Ya le veo servir de lazo, de centro, de emporio a la familia humana. Ya la veo enviando a todos los recintos de la tierra los tesoros que abrigan sus montañas de plata y de oro. Ya la veo distribuyendo por sus divinas plantas de salud y la vida a los hombres dolientes del Antiguo Mundo. Ya la veo comunicando sus preciosos secretos a los sabios que ignoran cuán superior es la suma de las luces a la suma de las riquezas que le ha prodigado la naturaleza. Ya la veo sentada sobre el trono de la libertad, empuñando el Cetro de la Justicia, coronada por la gloria, mostrar al Mundo Antiguo la majestad de Mundo Moderno.
Conclusión
Dignaos, Legisladores, acoger con indulgencia la profesión de mía conciencia política, los últimos votos de mi corazón y los ruegos fervorosos que a nombre del pueblo me atrevo a dirigiros.
Dignaos conceder a Venezuela un gobierno eminentemente popular, eminentemente justo, eminentemente moral, que encadene la opresión, la anarquía y la culpa. Un Gobierno que haga reinar la inocencia, la humanidad y la paz. Un Gobierno que haga triunfar bajo el imperio de leyes inexorables, la igualdad y la libertad.
Señor, empezad vuestras funciones; yo he terminado las mías.
Declaró instalado el Congreso reconociendo en él la soberanía nacional al tiempo que exclamaba: «Mi espada y la de mis ínclitos compañeros de armas están siempre pronto a sostener su augusta autoridad. Viva el Congreso de Venezuela». A esta exclamación repetida por los asistentes, siguió una salva de artillería.
Acto seguido el jefe Supremo invitó al Congreso a la elección de un Presidente Interino para entregarle el mando. A viva voz los congresantes proclamaron al diputado por Caracas Francisco Antonio Zea y Bolívar le tomó el juramento sobre re los Santos Evangelios al igual que a todos y cada uno de los diputados restantes.
Concluido el juramento, Bolívar cedió su asiento al Presidente Interino y dirigiéndose al cuerpo militar dijo: «Señores Generales, jefes y oficiales, mis compañeros de armas, nosotros somos más que simples ciudadanos hasta que el Congreso soberano se digne emplearnos en la clase y grado que a bien tenga. Contando con vuestra sumisión voy a darle en mi nombre y en el vuestro las pruebas más claras de obediencia, entregándole el mando de que yo estaba encargado. Devuelvo a la República el bastón de General que me confió. Para servirla, cualquier grado o clase a que el Congreso me destine es para mí honroso, en él daré el ejemplo de la subordinación y de la ciega obediencia que deben distinguir a todo soldado de la República».
Sin embargo, la renuncia del Jefe Supremo no fue aceptada por el Congreso. Todos los grados y empleos conferidos por Bolívar durante su Gobierno, se confirmaron. El presidente del Congreso, Francisco Antonio Zea, le devolvió el bastón, le dio asiento a la derecha y seguidamente pronunció un discurso justificando la decisión del Congreso de ratificar su autoridad, pero el General Bolívar repuso: «Jamás, jamás volveré a aceptar una Autoridad a la que para siempre he renunciado de todo corazón por principios y por sentimientos». Efectivamente, Bolívar era contrario a reunir en una misma persona el Poder militar y el civil. Al finalizar pidió permiso para retirarse y el presidente del Congreso se lo concedió, nombrando una diputación de diez miembros para que lo acompañase.
Al siguiente día —dice el Correo del Orinoco—, después de largas discusiones, se reconoció unánimemente la absoluta necesidad de que en las actuales circunstancias continuase interinamente el General Bolívar en la Presidencia del Estado, y una diputación encabezada por el General Rafael Urdaneta fue final y tras encargada de comunicarle esta determinación a la que la residencia del Congreso.
La respuesta a la última negativa de Bolívar está firmada por Diego Bautista Urbaneja, Secretario del Congreso, el 17 de febrero en los siguientes términos: «Excmo. Señor: No habiendo el o Congreso Nacional, accedido a las repetidas renuncias de la Presidencia interina del Estado que se confirió a V.E. en la sesión Ordinaria de ayer, y confirmado este nombramiento, y el de Vicepresidente del mismo en la persona del Señor Diputado Francisco Antonio Zea, por la de hoy hasta estos destinos sean constitucionalmente elegidos; y a consecuencia de la comunicación que a V.E. se hizo de estas deliberaciones, prestado ya el juramento debido: ha acordado el soberano Congreso se publique sus nombramientos; se haga una salva de Artillería por ellos y se mande a iluminar generalmente esta Capital por la noche de ese día y que al instante V.E., comunique sus respectivas órdenes a la Comandancia general». 19 (4).
Primer día de Sesión Ordinaria
El día siguiente a la instalación del Congreso de Angostura, los diputados asistieron a la Iglesia Catedral a una misa solemne con Te Deum en la que predicó el Dr. Remigio Pérez Hurtado, Gobernador del Obispado. Luego pasaron a la Casa del Congreso para iniciar la primera reunión ordinaria en la que se nombraron Comisiones para examinar el Proyecto de constitución presentado por el Jefe Supremo; para la formulación de un reglamento interno de debates y de otro que estableciera las funciones del Poder Ejecutivo; para la organización del poder judicial: reglamento de protocolo y ceremonias; para el proyecto de un indulto general y de una ley concerniente a emigración.
Ese mismo día llego al Puerto de Angostura la fragata inglesa George Canning con la primera partida de tropas y marineros pertenecientes a la expedición del comandante Elson.
En las sesiones subsiguiente hasta el 25 el Congreso aprobó esos reglamentos y leyes con excepción de la Constitución y la de emigrados. Asimismo, nombró a Juan Germán Roscio vicepresidente del Congreso, se instituyo la plaza de Procurador General de la República y fueron nombrados para componer la corte Suprema de Justicia los Diputados Dr. Juan Martínez, Lic. Ramón García Cádiz y Lic. Francisco Javier Yánez. Por falta de abogados, se eligieron del propio seno del Congreso tres en vez de cinco como quedo establecido en el Reglamento Provisorio para el establecimiento del Poder Judicial. -20 (4).
Un Gobierno mono ministerial
Hasta tanto se aprobara la Constitución, Simón Bolívar, Presidente de la República de Venezuela, por decreto del 7 de febrero dispuso un Ministerio dividido en tres Departamentos, cada uno bajo la dirección de un Ministro-Secretario, así: Departamento de Estado y Hacienda dirigido por Manuel Palacio Fajardo, Departamento de Marina y Guerra dirigido por el Coronel Pedro Briceño Méndez y de Interior y Justicia, por Diego Bautista Urbaneja. Este Ministerio funcionaba con tres Departamentos en un edificio ubicado en la calle mayor a la esquina La Muralla No. 21 y mantenía una Oficina abierta al público desde nueve de la mañana hasta las tres de la tarde. –21 (3) y “3 (4).
Ley General de Indulto
En la Ley General de Indulto aprobada en su sesión del 25 de febrero para todo el territorio libre de Venezuela, se establece el beneficio para todos los presos y arrestados en las cárceles públicas o cuarteles, desertores en fuga o incorporados al enemigo y españoles cualquiera sea su clase o delito, excepto el de espionaje, conspiración contra la Patria cometida en el territorio libre, el homicidio voluntario, sodomía o cualquiera otro que se cometiera después de la publicación del decreto. 21 (4).
Poderes extraordinarios
Dado el estado de guerra en que se encontraba la República. El soberano Congreso de Angostura decidió por Decreto del 26 de febrero otorgarle facultades extraordinarias a Bolívar en su condición de presidente de la República para que ejerciese una autoridad absoluta e ilimitada en la provincia o provincias que fueren el teatro de sus operaciones de guerra no pudiendo ocuparse de otros negocios que los de la guerra. El gobernador general del Estado quedaba entretanto a cargo del vicepresidente-23 (3)
Ausencia de Bolívar y su Estado mayor
Al día siguiente (27 de febrero) de haber el Congreso otorgarle facultades extraordinarias, Bolívar se ausentó de Angostura luego de una prolongada estada, y se puso en marcha con su estado mayor General en dirección al Ejército de Occidente comandado por José Antonio Páez, situado a la derecha del río Arauca y con el cual pensaba reunirse el 10 de marzo. En Caicara, Bolívar recibió en parte oficial de “Haber repasado el Arauca todo el ejército enemigo comandado por Pablo Morillo. Entretanto, el General en Jefe del Ejército del Orinoco, Santiago Mariño diputado del Congreso de Angostura, partía el 12 de marzo con su Estado Mayor hacia el Pao para establecer allí su Cuartel General y acelerar la reunión de las Divisiones a su mando, entre ellas la de José Francisco Bermúdez que se hallaba en Maturín y la de Pedro Zaraza, ambas como parte del Ejército de Oriente, en los Llanos. El General Manuel Cedeño era el jefe del Gobierno y de la División de la provincia de Guayana. el General Rafael Urdaneta, quien se hallaba en las bocas del Orinoco había salido el 5 de marzo a tomar en Margarita el mando de las tropas inglesas que habían arribado a aquella isla. -23 (4)
Regreso del Agente de los EE. UU.
En apenas tres líneas del Correo del Orinoco informan del regreso del Comisionado de los Estados Unidos, John Baptiste Irvine, vía Trinidad, el 27 de febrero. Comparada con la nota de su llegada el 12 de julio del año anterior, es bastante triste y la explicación estaría en cruce de cartas agrias entre el Agente y el Libertador relacionadas con el reclamo que a nombre de sus compatriotas hacía de la destrucción en las Bocas del Orinoco. en esa misma nota el Correo informa del movimiento portuario y de la llegada del joven brasileño José Ignacio Abreu y Lima que con su mismo grado de Capitán de artillería en los ejércitos de S.M.F. se recibió en Angostura y colocado en el Estado mayor del ejército Libertador -24 (4)
Vacunación contra la Viruela
La viruela el año anterior había causado una mortandad en las Misiones del Caroní, comenzó a ser prevenida utilizando los servicios de sanidad la Vacuna por en científico ingles Edward Jenner en 1797. Esta vacuna que se había introducido en Caracas en 1804, no llegó a Angostura sino a raíz de la epidemia ocurrida en las Misiones y la cual se propagó al resto de la provincia. El gobierno patriota hizo entonces venir de colonias extranjeras la vacuna. Dice el Correo que “dos veces había venido de Trinidad en redomillas de cristal, y no habían surtido el efecto deseado estas diligencias filantrópicas, hasta que llego de otra isla extranjera propagada de cuerpo a cuerpo. Se han practicado tres vacunaciones en sus respectivos períodos, y cuando más lo exigía el progreso de la Viruela, 377 es la suma de todos las vacunados” -24 (4)
Expedición del Capitán Elsom
El lunes 12 de abril llegaron al puerto de angostura 200 hombres de la Legión Británica a bordo de la fragata inglesa Hero, pertenecientes a la expedición del Capitán George Elsom y destinados al ejército de Venezuela. Se infiel que estos hombres por haber llegado el mismo día de su sepelio acompañaron al Capitán Burnand hasta su última morada. El Capitán Burnand había llegado con anterioridad mandando el último destacamento de tropas británicas. El Correo dice en la Necrología que la “pompa fúnebre con que fue enterrado en el Camposanto de esta ciudad en la tarde del 12 del corriente, es un testimonio del homenaje tribunado a su bravura y demás virtudes, que hacen sensible su muerte; pero el laudable designio de su venida al Orinoco, agregado a sus pasadas campañas, inmortalizaran su nombre”. -27 (4).
El Convenio con Elsom
El Capitán George Elsom había estado en Angostura en junio de 1818 y convenido con Bolívar la formación en Inglaterra de un batallón de infantería de 500 o más hombres completamente armados y uniformados de acuerdo a las costumbres inglesas. Se pagarían 300 pesos por cada hombre a condición de que la suma pudiese cancelarse con tres cuotas semestrales. No se exigiría a las tropas contratadas más de cinco años desde la fecha de desembarco, después de lo cual cada hombre recibiría 20 hectáreas de tierra y tendría derecho a la ciudadanía y residencia. Lo mismo aplicable a los oficiales, en proporción a su rango (3:274).
Las Queseras del Medio
La heroica victoria de los Bravos de Apure comandados por José Antonio Páez sobre el ejército de Pablo Morillo fue celebrada por los angostureños con salva de artillería y repique de campanas. El desigual combate entre 150 soldados patriotas de caballería contra 2.000 del ejército de Morillo tuvo lugar el primero de abril de 1819 en las Queseras del Medio, zona del Arauca, y la información llego a Angostura por vía del capitán de caballería Carlos Eloi Demarquet, Edecán del Libertador, el 20 de ese mes y publicada en la primera página de la edición del sábado 24 del Correo del Orinoco. Francisco Antonio Zea, vicepresidente de la República, lo anuncio de inmediato al Congreso y a la ciudadanía lo hizo saber por Bando solemne con repiques de campanas y salva artillería. Los nombres de los oficiales, suboficiales y soldados que participaron en el combate se publicaron en el Correo en la primera página al igual que el Decreto de Simón Bolívar declarándolos Miembros de la Orden de los Libertadores 28 (1-4).
Muerte de Manuel Palacio Fajardo
El doctor Manuel Palacios, Miembro del Congreso de Angostura por Margarita y Ministro de Estado y Hacienda, falleció en la mañana del 8 de mayo después de tres días de fiebre y a consecuencia de una aneurisma en la aorta, a la edad de 32 años.
Había nacido en la villa de Miragual en la provincia de Barinas y educando en el Seminario de Mérida. Se graduó en Derecho y Medicina en la Universidad de Santa FE. Viajó a los Estados unidos y principales ciudades de Europa en solicitud de solicitud de recursos para la guerra de independencia. En 1817 publicó en Londres la obra “Bosquejo de la Revolución en la América Española”.
Dos días después del fallecimiento de Manuel Palacios Fajardo, el vicepresidente de la República Francisco Antonio Zea nombró a Juan Germán Roscio, entonces Presidente del Congreso para llenar la vacante del Ministerio de Estado y Haciendo. 31 (4).
El Congreso opuesto al Senado Hereditario
Durante la última semana de mayo el Congreso de Angostura estuvo ocupado en el Proyecto de Constitución presentado por el Libertador como el principal objeto de sus tareas, y en las pretensiones de algunos extranjeros sobre tierra para establecerse y poblar. Entre los puntos del proyecto, el más discutido –cinco discusiones en total- fue el de la naturaleza y calidad del Senado. El Libertador proponía en el proyecto un Senado vitalicio y hereditario, pero se rechazó su naturaleza hereditaria. Francisco Antonio Zea (Caracas) al igual que José Ignacio Méndez (Barinas), Antonio María Briceño (Barinas) y Fernando Peñalver (Guayana) admitían, en cambio la figura del Senado vitalicio que prevaleció en contra del Senado electivo propuesto por los diputados margariteños licenciados Gaspar Marcano y Domingo Alzuru.
“El establecimiento de un Senado vitalicio y hereditario como se pretende –dijo Marcano es un discurso-, es a mi parecer directamente opuesto a los principios de igualdad, y de libertad que proclamó el pueblo soberano en Venezuela desde el día en que se declaró independiente. Es opuesto a los principios de igualdad porque se estacan en una familia solamente las principales dignidades de la República que deben corresponder a todos, así como corresponden sus cargos, porque se da entrada a los privilegios, en todo gobierno odiosos, y en el Republicano detestable, y porque se cierran en cierto modo las puertas al mérito y a la virtud… así pues señor V. M. debe dejar franca la entrada a los futuros beneméritos de la patria y no fundar una especie de mayorazgo exclusivo para ciertos individuos, que a medida que heredan la dignidad de sus padres, no pueden heredar sus virtudes ni su valor…” -33 (4). En líneas generales se aprobó el proyecto de Bolívar a expedición del Senado Hereditario y en vez de un Ejecutivo a imitación británica se estableció un periodo presidencial de cuatro años. En cuanto poder Moral quedó diferido para admitirse o rechazado luego de una amplia consulta universal.
Las Fuerzas Sutiles al Apure
Los barcos de las llamadas Fuerzas Sutiles del Orinoco comandadas por el margariteño Antonio Díaz, resultaban insuficientes frente a la tarea a cumplir y también porque varias unidades se habían averiado en el curso de contingencias conformaciones. De manera que para gestionar la reparación y aumento de la flota fue designado en calidad de director el coronel Miguel Guerrero, diputado por la provincia de Barinas. Para cubrir parte de los costos se contó con una lista de donantes encabezada por ciudadano Jesús Silva de Escalona que el Congreso ordenó publicar en la Gaceta. 27 (4).
Reparadas y constituidas otras, las Fuerzas Sutiles del Alto y Bajo Orinoco se dispusieron a navegar sobre el Apure el 23 mayo desde el animado puerto de Angostura donde el Capitán de Navío Antonio Díaz lanzo una proclama a sus oficiales, marineros y soldados de la División pidiéndole agregar a su valor la obediencia y una en pos de una victoria de Vencedores del Orinoco. “Compatriotas –decía “si las acertadas disposiciones y el valor alcanza las más difíciles victorias, la obediencia y la unión no son menos necesarias para coronarlas. Estas relevantes cualidades de que os considero adornados nos hacen formidables al enemigo; y el primero que daré el ejemplo de su práctica, para siguiéndole vosotros, se conserven en su pureza. La benevolencia, la sincera amistad, y el deseo eficaz de propender unidos a un fin que a todos nos importa, sea lo que nos caracterice. Huya de entre nosotros la rivalidad, así como la despotismo y arbitrariedad, para que seáis tratado con la dulzura y respeto propio de los Republicanos, y como dignos compañeros de armas, a quienes no hacen desmayar las privaciones, trabajos y continuos peligros”. 33 (4).
Poder Ejecutivo y Senado Vitalicio
El discurso que Don Fernando Peñalver pronunció en el Congreso de Angostura en la oportunidad de discutirse la naturaleza del Senado constitucional ocupó la primera, segunda y parte de la tercera página de la edición del Correo del Orinoco correspondiente al sábado 24 de julio, aniversario del natalicio del Libertador. Pero el discurso de Peñalver, aunque coincidía con el Libertador en el sentido de sustituir el federalismo como a imitación de los Estados Unidos lo establecía la Constitución de 1811 por el centralismo, discrepaba en cuanto a la naturaleza hereditaria del Senado. Peñalver era más bien partidario de un Poder Ejecutivo vitalicio, Senado vitalicio y una Cámara de Representantes elegida por siete años. En su concepto eran las instituciones análogas al estado de la civilización y de las costumbres de los venezolanos porque según lo afirmaba, eran las que más se acercaban al Gobierno Monárquico a que estaban acostumbrados, sin separarse de la República que se quería adoptar.
Justificaba la naturaleza vitalicia de esos Magistrados en el sentido de que podía imprimirle la permanencia, el vigor y la fuerza que requiere todo gobierno naciente para consolidarse.
El senado vitalicio proponía que fuese elegido la primera vez por los Representantes constituyentes más un igual número de personas notables, y las vacantes y creaciones por la Cámara. Un Senado así decía- disfrutaría de mucha independencia porque siendo por la vida, y no debiendo al Poder Ejecutivo su elección ni su duración, ejercería sus funciones con más libertad que los hereditarios.
Proponía un Poder Ejecutivo igualmente vitalicio, elegido por el pueblo, la Cámara y el Senado, y por siete años la Cámara de Representantes “dada la escasez de hombres ilustrados para desempeñar funciones que exigen luces y principios que solo el tiempo y la educación pueden dar…”
Una Cámara de Representantes de siete años, por dos veces a lo más aduciendo que se “conseguirá en los principios cortar las inquietudes en que pondrían al Estado las frecuentes elecciones, que, así como conservar la libertad a los pueblos, que saben ser libres, se la hacen perder a los que ignoran como pueden usar de ella”.
Para quienes en el Congreso era partidarios de instituciones más electivas y democráticas, el diputado Fernando Peñalver argumentaba que ello era posible al paso que el orden se fuera estableciendo, las luces propagando y las costumbres mejorándoles, pero que esto “necesitaba de tiempo y sería bastante el de la vida de los primeros Magistrados, en cuya muerte podría reforzarse de la Constitución todo lo que permitiese el progreso…” -34 (1-2-3)
De lo propuesto por Peñalver solo fue aprobado por el Congreso el sistema federal, el Senado vitalicio y el gobierno presidencial por 4 años.
Se incorporan Diputados de Casanare
Los cinco diputados por la Provincia de Casanare se incorporan tardíamente al Congreso de Angostura. El Correo dice que «por haberse retardado la comunicación oficial del Reglamento de elecciones a Casanare se retardó también el nombramiento de Diputados por aquella Provincia; y sus actuaciones no llegaron al Congreso hasta el 11 de julio en que fueron examinadas y aprobadas. Por el mismo hecho quedó representando a Casanare, Francisco Antonio Zea, como uno de sus cinco Diputados, y dejó de serlo por la Provincia de Caracas…». La diputación por Casanare la integraban, además de Zea, el Dr. José María Salazar, coronel José María Vergara, Teniente Coronel Vicente Uribe y Teniente Coronel Antonio Morales. Suplentes: Coronel Fr. Ignacio Mariño, Dr. Ignacio Muñoz, Sr. Francisco Escobar, Dr. Francisco Javier Yanes y Presbítero Domingo Antonio Vargas.
En la ocasión de su incorporación el diputado Vergara tomó la palabra para referirse favorablemente a la unión de Venezuela y Nueva Granada, pero como resultado de «la expresa voluntad de los habitantes de ambos países, convencidos de la recíproca utilidad que debe resultarles» -34 (3 y 4).
Hurto y Soneto
Cuando la Patria alegre repetía
El más festivo himno á la victoria
Para aplaudir un hecho (1) que la historia
Celebrará en sus fastos algún día;
De improviso conturba su alegría,
Como ligera dicha transitoria,
Un sueño fatal, cuya memoria
No borrará jamás del alma mía,
Murió el joven Palacio, él un modelo
Del honesto saber, la virtud pura.
¡Ay! La Patria de luto y negro velo
Ha llevado a la tumba su amargura;
Y la amistad, llorando sin consuelo,
La vista aparta de la sepultura.
(1) Alude a la victoria de las Queseras del Medio
Por primera vez los lectores del Correo del Orinoco ven insertado en sus páginas un poema. Se trata de un soneto sin firma enviado desde Trinidad, dedicado a la muerte de Manuel Palacio Fajardo. A continuación, dos avisos, uno ofreciendo comestibles y mercancías a precios equitativos y otro de Juan Bautista Dalla Costa prometiendo gratificación a quien presente un anillo de círculo y rosa de diamantes desaparecido -34 (4).
Mariño reemplazado del mando
El Congreso de Angostura, accediendo a las instancias del Poder Ejecutivo, había permitido que algunos de sus miembros salieran en campaña, mientras no se perjudicara el quorum reglamentario. Así salieron en marzo el General de División Rafael Urdaneta, el General de Brigada Tomás Montilla y el General en Jefe Santiago Mariño. Este último poco después de haber salido victorioso de una acción de guerra contra el realista coronel Arana, en Cantaura, fue llamado a incorporarse a las sesiones y reemplazado por el General Bermúdez. Mariño disgustado, envió una carta al Congreso diciendo que se le había privado del mando con agravio para su reputación y con escándalo del pueblo y del ejército. El Congreso, por supuesto, rechazó los términos de la comunicación tras un cruce de cartas que escandalizaron a la opinión angostureña -35 (1) y que se complicaría con la detención y traslado de Arismendi a la Cárcel de Angostura por orden del jefe del Estado mayor Carlos Soublette al no acatar las instrucciones que llevaba Urdaneta de sacar tropas de la Isla de Margarita (6:428).
Roscio reelecto presidente
En la sesión del primero de junio, Juan Germán Roscio resultó reelecto presidente del Congreso e igualmente secretario Diego de Vallenilla y vicepresidente Fernando Peñalver. Roscio comenzó a presidir las sesiones desde que Francisco Antonio Zea por ausencia del Libertador pasó a ocupar interinamente la Presidencia de la República acompañado de Diego Bautista Urbaneja en el Ministerio del Interior.
Al siguiente día, el Congreso de Angostura acordó por moción de Pumar, que el Gobierno procurase exonerar de los empleos de su incumbencia a los Diputados tan pronto cesaran las causas que daban lugar a esa incompatibilidad y las cuales a respuesta del Gobierno no eran otras que la falta de personal idóneo en la ciudad, de suerte que se acordó seguidamente invitar a través del Correo del Orinoco a «los ciudadanos idóneos al servicio de las plazas previstas en Legisladores que en cierto modo son incompatibles con estas funciones». 35(1 y 2)
una disponiendo el secuestro y la confiscación de las propiedades del Gobierno español que se encontraran en cualquier territorio libertado por las Armas de la República y, otra, disponiendo que ninguna persona, americano o español, que de buena fe se presentara a los jefes de las tropas de la República al tiempo que fuese liberado un país, sería molestado en su persona o en sus bienes, cualquiera que hubiera sido su clase o conducta anterior. 35 (2)
Exactitud y fidelidad en Partes de Guerra
Algunas exageraciones o inexactitudes detectó el Gobierno Supremo que el 8 de agosto de 1819 se vio obligado a instruir al Ministerio de Guerra para que se dirigiera a los Jefes de Campaña en tal sentido. Siendo los Partes Oficiales de las acciones de guerra «la principal y más segura regla para las órdenes, instrucciones y disposiciones que el mismo Gobierno tenga por conveniente librar; y deseando, además, que los papeles públicos de la República en que se insertan aquellas comunicaciones, conserven el crédito que gozan en el país y en las naciones extranjeras», el Gobierno exigía la mayor exactitud y fidelidad. 36 (4).
Ultimo destacamento de Elsom
El último Destacamento de la Expedición del coronel George Elsom llegó a Angostura junto con su comandante el 3 de agosto de 1819 a bordo del bergantín inglés «Hussareen». La primera, de 200 hombres había arribado el 12 de abril a bordo de la fragata Hero. A la mañana siguiente saludó a la Plaza y se correspondió. Luego del saludo el Destacamento desembarcó y marchó al compás de una música militar surtida de todos los instrumentos hasta la casa del vicepresidente y finalmente hasta el Cuartel que se le había preparado.
Un espectáculo similar entusiasmó al pueblo angostureño días antes, el 27 de julio cuando la goleta de guerra “USS Nonsuch”, de los EE. UU. amaneció saludando la Plaza con 21 cañonazos y se correspondieron con otros tantos. A bordo de esta embarcación vino el Comodoro Oliver Hazard Perry, porque no pudo pasar la Barra del Orinoco la Corveta de Guerra en que navegaba y mandaba la Escuadrilla que había salido de Maryland el mes anterior en visita de buena vecindad -35 (4) y 36 (4).
Consejo de Administración de Guerra
El Congreso que tenía la intención de entrar en receso una vez sancionada la Constitución, debió declararse en Sesión Permanente hasta agotar asuntos pendientes, entre ellos el Reglamento para el establecimiento provisorio de un Consejo de Administración de la Guerra, el cual aprobó el 24 de agosto disponiendo que estuviese conformado por seis vocales: dos de Infantería y uno por cada arma, bajo la presidencia del Jefe de Estado. Al siguiente día el vicepresidente de la República Francisco Antonio Zea ejecutó la Ley y procedió a su nombramiento recayendo en las personas de los Generales de Brigada Rafael de Guevara y Tomás Montilla; coroneles Ramón Ayala, José Ucroz, Francisco Conde, y teniente-coronel Vicente Uribe. Las reuniones se previeron para martes y viernes de cada semana para tratar lo relativo a la guerra, planes, organizaciones de cuerpos y reformas, artillería, fundiciones y fábrica de armas, pólvora, municiones, fortificaciones, víveres, escuelas, hospitales militares, reclutas, remontas, vestuarios, y todo lo tocante a manutención, armamento y subsistencia de tropas —38 (4).
Temblor en Angostura
A las tres y cuarto de la madrugada del 28 de agosto se sintió en Angostura un temblor de tierra que según el “Correo del Orinoco” “duró cerca de dos minutos; pero no causó ningún perjuicio en los edificios, ni creemos que haya tenido en ninguna persona la errónea y bárbara interpretación que le dieron los fanáticos enemigos de la sagrada causa de la América del Sur al de 26 de marzo de 1812, funesto para la Capital de Venezuela y otras Ciudades del interior”. Los redactores del Correo no desaprovechaban ninguna ocasión que pudiera servir ideológicamente a la causa. Así se valieron del temblor que sacudió a Angostura para escribir contra el sistema de ignorancia y superstición implantado por España en América y la norma sobre la Libertad de Prensa establecida en la Constitución para atacar al Gobierno de España y a la Proclama de Morillo en Achaguas, con la cual pretendió seducir a los extranjeros que militaban por la Independencia y libertad de Venezuela. —36 (4) y (4).
Libertad de Nueva Granada
El Correo del Orinoco altera sorpresivamente su habitual periodicidad para circular en vez del sábado 18 con su edición ordinaria, el domingo 19 de septiembre con una «Gaceta extraordinaria de Guayana», justificada por demás, aunque con más de 40 días de retraso, dando la buena nueva de la Batalla de Boyacá y la libertad de Cundinamarca. El Boletín N° 5 enviado por el General Jefe del Estado Mayor, Carlos Soublette desde el Cuartel general de Santa Fe dice que «…a los 75 días de marcha desde el pueblo de Mantecal, Provincia de Barinas, entró S.E. en la Capital Nuevo Reino, habiendo superado trabajos y dificultades mayores, que las que se previeron al resolver esta grande operación, habiendo destruido un Ejército tres veces más fuerte que el que invadía».
La noticia divulgada por el Correo produjo aclamaciones públicas en Angostura, se leyó el Parte Oficial en varios lugares de la ciudad y al frente de toda la guarnición. Con música y banderas desplegadas, estruendo de Artillería, descargas de la Infantería, y en fin, repiques de campanas, se anunció la importancia del acontecimiento que puso en fuga al Virrey Juan de Sámano, y dejó por siempre libre al Reino de Nueva Granada.
Esta que es la primera edición extraordinaria del Correo, apareció en formato ordinario, pero impresa a tres columnas sólo la primera, segunda y mitad de la tercera páginas. El resto en blanco. La mitad de la tercera página se utilizó para traducir al inglés el Boletín N°. 4 del Ejército Libertador de la Nueva Granada que es precisamente el que se refiere a la Batalla de Boyacá. En resumen, el Correo publica los Boletines 3, 4 y 5 con cuatro agregados, uno de ellos del ministro Diego Bautista Urbaneja dirigido a los Gobernadores y Jefes de Provincias libres de Venezuela para que declaren júbilo durante tres días.
Golpe de Estado contra Zea
Cuando aún no habían llegado las noticias de la libertad de Nueva Granada, el ambiente angostureño se hallaba perturbado desde el Congreso por el reemplazo de Mariño como jefe del Ejército de Oriente y la detención del General Juan Bautista Arismendi en la Cárcel de Angostura, a donde fue remitido desde Margarita por no acatar las instrucciones de Urdaneta con relación a la salida de tropas de la isla. Presionado desde la barra del Congreso por oficiales, el vicepresidente de la República Francisco Antonio Zea se vio obligado a renunciar y en su lugar la mayoría opositora del Congreso que lideraban los diputados por Margarita el Lcdo. Gaspar Marcano y el Dr. Domingo Alzuru impuso al General Juan Bautista Arismendi, quien se sacó de la Cárcel y asumió la Vicepresidencia de la República arrogándose el título de Capitán General de los Ejércitos de Venezuela. Su primer Decreto fue declarar pertenecientes al Estado todos los cueros de ganado vacuno que era el principal artículo de exportación de entonces, cualesquiera que fuesen sus dueños. De igual manera decretó el reconocimiento a los soldados extranjeros de los mismos hechos que a los naturales; dispuso el arrendamiento del privilegio la venta del Ron Nacional y sustituyó al General José Francisco Bermúdez por el General Mariño en el mando del ejército de oriente. En noviembre viajó a Maturín a dirigir las operaciones militares. —47 (4).
Libertad o Muerte
Aparte de las gacetas que vienen del Sur, del Norte, de las Antillas e Inglaterra y Dublín entre las de otros países europeos, a Angostura comienza a llegar tras la libertad de Cundinamarca, una nueva que sirve de fuente a las páginas del “Correo del Orinoco” tal es la Gaceta de Santafé de Bogotá. Su lema es «Libertad o Muerte» que más tarde mandará eliminar Bolívar por saberle a dos extremistas del demonio como Cristóbal y Maximilien Robespierre. Un Águila o un cóndor armado de una Espada, y de una granada, ocupa el centro de la estampa con algunos otros jeroglíficos de la Libertad y la siguiente inscripción «Gobierno Libre e independiente de Cundinamarca». De los números 5 y 6 de esta Gaceta que llega por valija y devoran las autoridades se obtiene la Proclama de Bolívar a los granadinos anunciándoles que las leyes que los rige, las mismas que ha dictado y dicta el Congreso General residente en Guayana e invocando la necesidad de la reunión de Nueva Granada y Venezuela en una sola República. Esta Proclama es publicada por el Correo al igual que varios extractos de la misma gaceta referentes dos de ellos a la designación del General de División Francisco de Francisco de Paula Santander como vicepresidente de la Nueva Granada, y la información de la muerte del coronel inglés James Rooke en la Batalla de Vargas. Rooke, quien fue ayudante de Guillermo II, Príncipe de Orange, en la Batalla de Waterloo, llegó a Angostura como soldado de la Legión Británica y marchó en el Ejército Libertador de Nueva Granada. —42 (2).
Vestuario para el Ejército de Occidente
De mayo a octubre. ambos inclusive, habían entrado al Puerto de Angostura 54 buques de todas clases y de diferentes naciones, y destinos, entre los cuales algunos desde Londres con tropas, pertrechos, y vestuarios para el Ejército. —42 (3).
El 20 de noviembre, el Gobierno publicó una licitación de cinco mil vestuarios para el Ejército de Occidente compuestos de igual número de pantalones, camisas, chaquetas y mantas. Así ofrece 10 reales por cada pantalón de brincillo de buena calidad; 15 por cada camisa de caserillo de Bretaña; 18 por cada chaqueta de Cotona y 4 pesos por manta de bayeta con dos varas de largo, pegadera la mitad en metálico y el resto en producción del país. —44 (4).
Retorno de Bolívar a Angostura
A las tres de la madrugada del día 11 de diciembre llegó a Angostura la gran noticia: El Libertador venía en camino. A esa misma hora el vecindario se movilizó para tributarle el más caluroso recibimiento. La calle por donde iba a pasar se adornó de flores y palmas y el Gobernador de la Plaza con varios oficiales fue a recibirlo a dos leguas fuera del Puerto. Luego que se avistó el buque en que venía, la Escuadrilla que salió a recibirlo disparó una salva que siguió la de la Plaza al poner el Libertador pie en tierra a las diez de la mañana donde lo esperaba una Diputación del Congreso, el Comandante General de la Provincia con su Estado mayor, Generales, jefes y oficialidad residentes en la Plaza, La Municipalidad y un lúcido acompañamiento de vecinos y extranjeros. Por la noche hubo un banquete e iluminación general de la ciudad. —46 (4).
Bolívar ante el Congreso
Previo anuncio del Ministro del Interior, el Congreso se reunió en sesión extraordinaria al mediodía del 14 de diciembre para recibir y escuchar personalmente al Presidente del Estado la cuenta de sus operaciones en la Nueva Granada. El Correo del Orinoco describe así el acto protocolar: «Reunido el Congreso a las 12 del día nombró el Honorable Señor presidente una Comisión, que precedida de la música militar fuese a felicitar a S.E. y lo acompañase hasta el Salón de las Sesiones públicas. Tres cañonazos anunciaron la salida de S.E. de su Palacio, y al entrar en la plaza del Soberano Congreso se saludó con veinte y uno, a cuyo efecto se había colocado delante de la fachada una batería. El Congreso en cuerpo salió a recibir a S.E. fuera de la barra, y el presidente por una demostración singular le cedió asiento preferente y la palabra».
Bolívar informó de su marcha contra el Ejército de Occidente, a cuyo frente se hallaba el General Morillo, con fuerzas superiores; de las dificultades climáticas y muchos otros obstáculos que hubo que vencer para liberar a doce Provincias de la Nueva Granada en menos de tres meses y las ventajas que produciría a la República la libertad de la Nueva Granada, que completa la de Venezuela. Recomendó al Congreso el mérito de sus compañeros de armas y la decisión del pueblo granadino de ser libre y vivir en una nueva República compuesta de Nueva Granada y Venezuela.
El discurso de Bolívar fue respondido favorablemente por el presidente del Congreso y el diputado por Margarita doctor Domingo Alzuru, quien concluyó así su largo discurso: «Honorables Legisladores: Estad ciertos que por mucho que hagamos para manifestar nuestra gratitud a nuestro amigo y conciudadano Simón Bolívar, jamás podremos recompensar dignamente a un héroe que nos ha dado Patria, vida y Libertad» —47 (1-2). Ese mismo día Bolívar lanzó una Proclama a los Bravos Soldados de la Legión Irlandesa —48 (4) y dos días después Juan Bautista Arismendi envió al Congreso renuncia a la Vicepresidencia del Estado —49
La República de Colombia
En sesión extraordinaria del 17 de diciembre, escuchado previamente el informe de la Comisión respectiva y luego de algunas ligeras modificaciones resultantes de los debates, se votó, aprobó por unanimidad y esa misma mañana se firmó la Ley Fundamental que reúne a Venezuela y la Nueva Granada bajo el título de República de Colombia, vale decir, el territorio que comprendían la antigua Capitanía General de Venezuela, y el virreinato del Nuevo Reino de Granada abarcando una extensión de 115 mil leguas cuadradas.
La Ley dividía la República en tres grandes Departamentos: Venezuela, capital Caracas; Quito, capital Quito y Cundinamarca, capital Bogotá. Cada Departamento con una Administración Superior y un jefe. La Capital de la República sería una nueva ciudad con el nombre de Bolívar, cuyo plan y situación determinaría el Congreso General de Colombia que la misma Ley Fundamental previó debía reunirse el primero de enero de 1821 en la Villa del Rosario de Cúcuta. Mientras tanto, toda vez que el Congreso de Angostura fenecía el 15 d enero de 1820, funcionaría una Diputación de seis miembros y un presidente con atribuciones especiales —47 (2-3). La Ley Fundamental fue ratificada el 12 de julio de 1821 por el Congreso General de Colombia reunido en Cúcuta —114 (1).
Ley fundamental de la República de Colombia
El Soberano Congreso de Venezuela, a cuya autoridad han querido voluntariamente sujetarse los pueblos de la Nueva Granada recientemente libertados por las armas de la República.
Considerando
- Que reunidas en una sola República las Provincias de Venezuela y de la Nueva Granada tienen todas las proporciones y medios de elevarse al más alto grado de poder y prosperidad;
- Que constituidas en Repúblicas separadas, por más estrechos que sean los lazos que las unan, bien lejos de aprovechar tantas ventajas, llegarían difícilmente a consolidar y hacer respetar su soberanía;
- Que estas verdades penetradas por todos los hombres de talento superiores y de un ilustrado patriotismo habían movido los Gobiernos de las dos Repúblicas a convenir en su reunión, que las vicisitudes de la guerra impidieron verificar;
Por estas consideraciones de necesidad y de interés recíproco, y con arreglo al informe de una Comisión Especial de Diputados de la Nueva Granada y de Venezuela, en el nombre y bajo los auspicios del Ser Supremo, ha decretado y decreta la siguiente
Ley Fundamental de la República de Colombia
Artículo 1. Las Repúblicas de Venezuela y la Nueva Granada quedan desde este día reunidas en una sola bajo el título glorioso de República de Colombia.
Artículo 2. Su territorio será el que comprendían la antigua Capitanía General de Venezuela, y el Virreinato del Nuevo Reino de Granada, abrazando una extensión de 115 mil leguas cuadradas, cuyos términos precisos se fijarán en mejores circunstancias.
Artículo 3. Las deudas que las dos Repúblicas han contraído separadamente, son reconocidas in solidum por esta Ley como Deuda Nacional de Colombia, a cuyo pago quedan vinculados todos los bienes y propiedades del Estado, y se destinarán los ramos más productivos de las rentas públicas.
Artículo 4. El Poder Ejecutivo de la República será ejercido por un Presidente y en su defecto por un Vicepresidente, nombrados ambos interinamente por el actual Congreso.
Artículo 5. La República de Colombia se dividirá en tres grandes Departamentos: Venezuela, Quito, y Cundinamarca, que comprenderá las Provincias de la Nueva Granada, cuyo nombre queda desde hoy suprimido. Las capitales de estos Departamentos serán las ciudades de Caracas, Quito y Bogotá, quitada la adición de Santa Fe.
Artículo 6. Cada Departamento tendrá una Administración Superior y un Jefe, nombrado por ahora por este Congreso con título de Vicepresidente.
Artículo 7. Una nueva ciudad que llevará el nombre del Libertador Bolívar, será la capital de la República. Su plan y situación se determinarán por el primer Congreso General bajo el principio de proporcionarla a las necesidades de los tres Departamentos, y a la grandeza a que este opulento país está destinado por la naturaleza.
Artículo 8. El Congreso General de Colombia se reunirá el 1º de enero de 1821 en la Villa del Rosario de Cúcuta, que por todas circunstancias se considera el lugar más bien proporcionado. Su convocación se hará por el Presidente de la República el 1º de enero de 1820, con comunicación del Reglamento para las Elecciones que será formado por una Comisión especial y aprobado por el Congreso actual.
Artículo 9. La Constitución de la República de Colombia será formada por su Congreso General, a quien se presentará en clase de proyecto la que ha decretado el actual, y que con las leyes dadas por el mismo, se pondrá desde luego, por vía de ensayo, en ejecución.
Artículo 10. Las armas y el pabellón de Colombia se decretarán por el Congreso General sirviéndose, entretanto, de las armas y pabellón de Venezuela por ser más conocido.
Artículo 11. El actual Congreso se pondrá en receso el 15 de enero de 1820, debiendo procederse a nuevas elecciones para el Congreso General de Colombia.
Artículo 12. Una Comisión de seis miembros y un Presidente quedarán en lugar del Congreso con atribuciones especiales que se determinarán por un decreto.
Artículo 13. La República de Colombia será solemnemente proclamada en los pueblos y en los ejércitos, con fiestas y regocijos públicos, verificándose en esta capital el 25 del corriente diciembre, en celebridad del nacimiento del Salvador del Mundo, bajo cuyo patrocinio se ha logrado esta deseada reunión por la cual se regenera el Estado.
Artículo 14. El aniversario de esta regeneración política se celebrará perpetuamente con una fiesta nacional, en que se premiarán como en las de Olimpia las virtudes y las luces.
La presente Ley Fundamental de la República de Colombia será promulgada solemnemente en los pueblos y en los ejércitos, inscrita en todos los registros públicos, y depositada en todos los archivos de los Cabildos municipales y Corporaciones, así eclesiásticas como seculares.
Dada en el Palacio del Soberano Congreso de Venezuela en la ciudad de Santo Tomás de Angostura, a diecisiete días del mes de diciembre del año del Señor de mil ochocientos diecinueve, noveno de la Independencia.
El Presidente del Congreso,
Francisco Antonio Zea
Los Diputados,
Juan Germán Roscio; Manuel Cedeño; Juan Martínez; José España; Luis Tomás Peraza; Antonio M. Briceño; Eusebio Afanador; Francisco Conde; Diego Bautista Urbaneja; Juan Vicente Cardozo; Ignacio Muñoz; Onofre Basalo; Domingo Alzuru, José Tomás Machado; Ramón García Cádiz
El Diputado Secretario,
Diego de Vallenilla
Palacio del Soberano Congreso de Venezuela en Angostura, 17 de diciembre de 1819 − 9º
El Soberano Congreso decreta que la presente Ley Fundamental de la República de Colombia sea comunicada al Supremo Poder Ejecutivo por medio de una Diputación para su publicación y cumplimiento.
El Presidente del Congreso,
Francisco Antonio Zea
El Diputado Secretario,
Diego de Vallenilla
Palacio de Gobierno en Angostura, a 17 de diciembre de 1819 − 9º
Imprímase, publíquese, ejecútese y autorícese con el sello del Estado,
El Presidente de la República,
Simón Bolívar
Por S. E. el Presidente de la República,
El Ministro del Interior y de Justicia,
Diego B. Urbaneja
(N° 47, 18-12-1819, p. 2, col. 3; p. 3, cols. 1-2)
Autoridades de la nueva República
El Congreso de Angostura que sesionaba en la ocasión con 7 diputados procedió conforme a la Ley Fundamental a elegir a los gobernantes siendo el General Bolívar electo por voto unánime residente de la República de Colombia; vicepresidente, Francisco Antonio Zea, con 14 votos y los otros tres votos se repartieron entre Rafael Urdaneta, Manuel Restrepo y Francisco de Paula Santander. En la votación para Departamentos, Santander obtuvo en cambio 16 y uno Zea como vicepresidente de Cundinamarca; Juan Germán Roscio 13 como vicepresidente de Venezuela contra 2 que obtuvo Urdaneta, uno Páez y otro Ignacio Muñoz. En cuanto a la Vicepresidencia de Quito se acordó posponerlo para cuando entren allá las Armas Libertadoras. —47 (2).
Bolívar se despide de Angostura
Al Anochecer del 24 de diciembre, Bolívar, ya con el título residente de Colombia, se despide de Angostura. Su corta estancia, apenas de 14 días, la dedicó casi exclusivamente a los negocios públicos y todos los ramos de la Administración recibieron con su presencia el mayor vigor. El Correo dice en la nota de despedida que «sólo una vez se le vio desprenderse de tan importantes y penosos trabajos por complacer a los que a porfía querían obsequiarlo; y esta excepción era debida a los extranjeros que, habiendo identificado su suerte con la nuestra, deseaban manifestar digno presidente de Colombia su Adhesión, su reconocimiento y precio en que lo estiman». Efectivamente, el día 19 por la noche, la colonia extranjera lo obsequió con un convite y baile. Ese mismo día de la partida de Bolívar, el vicepresidente Juan Germán Roscio lanzó una proclama a los venezolanos y al día siguiente se promulgó Ley Fundamental de la República de Colombia y hubo al efecto salvas de artillería, misa oficiada por el Provisor Gobernador del obispado y Oración alusiva al acontecimiento pronunciada por el presbítero José Félix Blanco. El Correo del Orinoco a propósito, gaba en su última edición de año (1819), que nos hiciéramos dignos del nuevo nombre adoptado, dedicándonos a la agricultura y a la industria y correspondiendo a los votos del Libertador. Asimismo, invoca para el primero que se le ocurriese la idea de la segregación «sea de continúo atormentado por la sombra de los que trabajaron para formar la Unión, y por la convicción de su propia perversidad» — 48 (4).
Residencia de Bolívar en Angostura
Siguiendo el orden cronológico de sus cartas fechadas en Angostura (Volumen I—Obras Completas) y reseñas del Correo del Orinoco, el Libertador habría llegado por primera vez a Guayana en mayo de 1817. En septiembre de ese mismo año se instaló en la Angostura del Orinoco. Su permanencia en ella conforme a las exigencias del estado de cosas transcurrió así: 1817: del 18 de septiembre al 21 de noviembre y del 15 al 31 de diciembre. 1818: del 5 de junio al 24 de octubre y del 11 de noviembre hasta el 27 de febrero del año siguiente. 1819: del 10 al 24 de diciembre, día de despedida para realizar la Campaña del Sur y no regresar jamás.
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Angostura a la luz del Correo del Orinoco. Capítulo cuarto — No hay comentarios
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