El gran amor de Simón Bolívar
Cristalizó en matrimonio, pero duró muy poco.
María Teresa fue el gran amor de Bolívar. La conoció en Madrid, en 1800 durante su primera estada en España cuando ella tenía 19 y él 17 años. María Teresa era nativa y vivía en Madrid en la casa de sus padres Bernardo Rodríguez del Toro y Ascanio, caraqueño y Benita de Alayza Medrano, de Valladolid.
Simón Bolívar se había enviado a España a los 17 años para continuar sus estudios. Su vida cambiaría definitivamente en la casa del marqués Jerónimo de Ustáriz y Tovar, a quien Simón Bolívar llamaba «tutor», y en cuya mansión residió por algún tiempo. Allí conoció a María Teresa, dos años mayor que él y con quien estaba emparentado por varias líneas.
En agosto de 1800 María Teresa aceptó el noviazgo de Simón Bolívar, quien en ese periodo la describe como «una joya sin defectos, valiosa sin cálculo». El padre de María Teresa se llevó a su hija a Bilbao y al poco tiempo, en marzo de 1801, Bolívar se trasladó también a esa ciudad, y luego a París.
Bolívar no tenía edad para pedir la mano de su novia, de manera que desde Caracas y a requerimiento suyo, lo hizo su tío don Pedro Palacios y Sojo a través de Jerónimo Ustáriz y Tovar (Marqués de Ustáriz), quien era su tutor en España. Don Pedro era el tío más querido de Bolívar y el que más sabía de sus cosas.
Desde Madrid el 30 de septiembre de 1800 le envía carta a su tío Pedro Palacios, para informarle de su matrimonio con María Teresa y su intención de regresar a Venezuela. Sale a relucir el marqués de Uztáriz, única persona para representarlo afectiva, legal y simbólicamente ante las decisiones de vida que empezaba a tomar el caraqueño, y como ya hemos anotado, fue Uztáriz en un momento muy preciso de su experiencia española, su único referente: “Esto lo comuniqué al señor Marqués de Uztaris como el único tutor que tengo aquí, para que se lo avise a Vd.”. Le escribe Bolívar a su tío Pedro, entre otras cosas, sobre su intención de matrimonio, le ruega sea él quien pida la mano de la novia, habla de regresar a Venezuela; pues debe cumplir la condición.
Bolívar quería casarse temprano porque realmente estaba enamorado o como bien le escribió a su tío: “apasionado de una señorita de las más bellas circunstancias y recomendables prendas”. Le apremiaba la alianza matrimonial también porque íntimamente se sentía sólo, toda vez que desde corta edad perdió a sus padres. Podía hacerlo, además, porque disponía de un cuantioso mayorazgo y necesitaba un heredero para su fortuna y que sirviera de apoyo a sus hermanos y tíos.
De regreso a España, Bolívar propuso formalmente matrimonio a María Teresa el 5 de abril de 1802 y que se casen ese mismo año en el Puerto de La Coruña. Bolívar otorga poder a Pedro Rodríguez del Toro para suscribir en su nombre las capitulaciones matrimoniales.
Contrajeron matrimonio en Madrid el miércoles 26 de mayo de 1802. Al cabo de unos 20 días, se trasladan a La Coruña. El 15 de junio de 1802 partieron los recién casados hacia Caracas, desembarcando el 12 de julio en La Guaira. Allí María Teresa será acogida no solo por la parentela de su nuevo marido sino también por la suya propia. Después de una corta estadía en Caracas, se trasladaron a la «Casa Grande» del ingenio Bolívar en San Mateo.
María Teresa enfermó poco después de «fiebres malignas», hoy día identificadas indistintamente como fiebre amarilla o paludismo, el matrimonio regresó a Caracas a su Casa del Vínculo y del Retorno, donde ella murió el 22 de enero de 1803. Tras ocho meses de matrimonio y dos años de noviazgo, Bolívar perdía así a su amada María Teresa.
Apesadumbrado y desplomado por el dolor, Bolívar juró no casarse jamás. “Yo contemplaba a mi mujer como un ser divino. El cielo creyó que le pertenecía y me la arrebató porque no era criada para esta tierra”, escribía más tarde. Para él ya la vida parecía no tener objeto.
Desolado y tratando de apaciguar su dolor, volvió a España y estuvo en Viena, Paris, y otras ciudades europeas, al encuentro de su antiguo maestro don Simón Rodríguez, quien le abrió los ojos para que no se echara a morir y le enseñó el camino que fue algo así como ponerlo a entrever su destino. Un destino que estaba irremisiblemente ligado a la empresa fabulosa de libertar a su patria, más aún, a la América. Bolívar lo comprendió y empeñó su vida y fortuna por eso otro gran amor que fue la causa de la Libertad.
Los restos de María Teresa del Toro y Alianza descansan en la capilla de la Santísima Trinidad de la Catedral de Caracas y la mansión de San Mateo, donde transcurrieron los meses de su vida conyugal, es hoy un Museo Histórico levantado sobre las ruinas que quedaron tras el heroísmo de Ricaurte, cuando éste, el 25 de marzo de 1814, para evitar que Boves se apoderase de la Hacienda, incendió un depósito de pólvora y voló con ella en mil pedazos.









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