El extraño caso de un velorio en ausencia
En 1993, Horacio Cabrera Sifontes publicó el extraño caso de un velorio en ausencia, que recoge un aspecto biográfico de su vida de ganadero en uno de los hatos más importantes de Venezuela: “La Rubiera”
La Rubiera, de 4.196 Km2 de sabana, montes, ríos cimarroneras y leyendas, había sido fundado en el Guárico por el empresario vasco Santiago Sánchez Vélez, de las aldeas de Mier y Terán (Oviedo), pasó luego a manos del dictador Juan Vicente Gómez en 1915 y a la muerte de éste fue confiscada por la nación y vendido más tarde a través del Banco Agrícola y Pecuario a un empresario que lo confió para su administración a don Horacio Cabrera Sifontes, quien para entonces se hallaba en el Zulia dirigiendo un lactuario.
Administrar un hato tan grande como el cimarronerismo y el cuatrerismo por los cuatro vientos no fue fácil para el guayanés que después compraría La Vergareña del Municipio Barceloneta y La Potoca en las riberas orinoqueñas de ciudad Bolívar.
Le echó pierna y coraje a esa hacienda guariqueña tan llena de resabios y supersticiones, pero sin poder salir ileso. El haber capturado a Melecio Jiménez, uno de los cuatreros más sagaces y pesados de la comarca, le costó cárcel, pues el cuatrero al salir en libertad luego de la sentencia condenatoria del Juez Pastor Ollarves, prometió ante propios y extraños que mataría a don Horacio tan pronto saliera en libertad, pero su promesa fatalista no se cumplió, sino que el muerto aparentemente fue él. Por lo menos, así se dijo y se aceptó, sólo que su cadáver nunca apareció.
No obstante, los enemigos de Horacio que eran quienes practicaban el cuatrerismo más los usufructuadores del abigeo, con el virtual apoyo del Gobernador de turno, fabricaron una prueba criminal que lo llevó a la Cárcel de Calabozo. Tal los restos de un animal incinerado que la experticia al final descubrió y gracias también a una imparcialidad exigida por hombres connotados como Jóvito Villalba y Rómulo Gallegos en medio de los intereses económicos y políticos que pretendieron rodear el caso.
El corolario de todo es que al cuatrero Melecio Jiménez se le hizo un velorio en ausencia con todos los ritos peculiares del llano venezolano y Don Horacio, aunque salió absuelto, jamás pudo librarse de la pesadilla que descargó en su penúltimo libro: el extraño caso de un velorio en ausencia.









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