Domingo Sifontes
Domingo Antonio Sifontes era llanero a carta cabal, pero excepcional en cuanto a que poseía una educación humanística. Sabía dominar un toro y educar un caballo por más salvaje que fuera. Hombre de honor y de palabra, organizador y de un espíritu revolucionario que lo llevó a participar en movimientos subversivos locales con el título de General.
Pero como decía su propio nieto, no era de esos generales “macheteros” sino un hombre de buen nivel cultural que ejecutaba el violín y disfrutaba de una excelente biblioteca.
Con un prestigio bien cimentado en la región del Yuruari que incomodaba tanto a Gobernadores del territorio como al mismo Guzmán Blanco interesados de alguna manera en el negocio de las minas de El Callao que tan hábilmente manejaba su amigo don Antonio Liccioni, el general Sifontes se desenvolvía con soltura en esos tres puntales de la economía del Yuruary como eran Tumeremo con su actividad agropecuaria, El Callao con su producción aurífera y el ingenio azucarero de Las Nieves.
Era Sifontes descendiente de una familia que vino de Santa Cruz de Tenerife y se asentó en Aragua de Barcelona donde inició trabajos agropecuarios que luego trasladó por los avatares de la guerra de Independencia a lo profundo de la Guayana.
Manuel Antonio Sifontes, padre de Domingo Sifontes, se instaló en Tumeremo en tierras arrendadas que más tarde, en 1883, haría propias mediante la compra a don Antonio Luccioni.
Eran 47 Km2, parte de las cuales destinó al Hato “La Carata” y el resto a los ejidos de Tumeremo.
El General Domingo Antonio Sifontes era casado con Eufemia Cabrera y de la unión nacieron en “El Carata” y en “Buen Retiro” seis hijos: dos varones y cuatro hembras, entre ellas, Mercedes Sifontes, casada con Valentín Cabreras Nier, padres de Horacio Cabrera Sifontes, nacido en Tumeremo en 1910 y educado en la Isla de Trinidad, luego de ser apadrinado por el historiador Bartolomé Tavera Acosta.
Domingo Sifontes un general que asumió el dolor del pueblo contra el invasor.
“Quijote de la nacionalidad” lo llamó Mario Briceño Iragorry y el doctor Manuel Felipe Pizarro dijo de él que como los héroes de Ossian hacían resonar sus escudos creyendo todavía en la exaltación de la justicia.
Cuando aún parte de la Guayana queda en manos de los herederos del invasor, un nuevo libro “El Abuelo”, de Horacio Cabrera Sifontes, nos cuenta aquella hazaña época del Cuyuní contra el despojo.
En resumen, la obra de Horacio Cabrera Sifontes se contrae a lo que captamos y vertimos en este reportaje.









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