Detrás del tiempo en una silla de ruedas
Jesús Soto nunca dejó de ser sencillo porque al parecer era la manera de llegarle a las mayorías y lo expresó en la obra de arte donde pretendía atrapar el tiempo y el espacio.
Lo mismo le ocurrió al físico británico Stephen Hawking, quería que el mayor número de lectores pudiera entender el origen y destino del Universo, de la forma más sencilla, sin tener que acudir a las matemáticas, a la ciencia cuántica y abandonó las ecuaciones. Sólo una, de forma excepcional E = mC² (La energía (E) es igual a la masa (m) multiplicada por el cuadrado de la velocidad de la luz (C²) de Albert Einstein.
El gran problema de Stephen no era su inteligencia y capacidad, sino que padecía la enfermedad de las neuronas motoras que lo mantenía en una silla de ruedas sumado a una neumonía que ameritó una traqueotomía que lo dejó definitivamente sin voz, mudo como una H.
Así y todo, aquel profesor de la Universidad de Cambridge escribió “La Historia del Tiempo. Del Big Bang a los agujeros negros.” Agustín de Hipona, filósofo y sabio obispo de Hipona , al norte de África, que después fue santo, expresa de manera paradójica la perplejidad que le genera la noción de tiempo: «¿Qué es el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé. Si debo explicarlo ya no lo sé». Hawking lo explica sencillamente en ese libro como Soto en su obra de arte, la misma que vi una vez colgando en la pared de bahareque de su casa.
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