Alejandro Laime
En una de mis entrevistas con Alejandro Laime, ingeniero civil de Letonia, residenciado en Venezuela e internado durante quince años en la selva de Guayana en calidad de explorador, siguiendo, tal vez, las huellas del catalán Félix Cardona Puig, me contó entre tantas observaciones, haber visto y seguido hasta que lo perdió de vista más allá de una ciénaga impenetrable, un extraño animal de la época cuaternaria.
Seguramente se trataba de un animal con la con cabeza de ave, el cuerpo de un lagarto hinchado, la cola alarga estaba provista de pinchos vueltos hacia arriba y a lo largo de la espalda combada corría una alta franja parecida; una sierra que producía la impresión de una docena de barbas de gallo puestas una tras otra. Delante de ese animal se veía un absurdo maniquí, o enano de figura humana, que le miraba inmóvil y atónito.
Con la descripción del animal me encontré después leyendo el “Mundo Perdido”, situado en Venezuela, del escritor inglés Arthur Conan Doyle, autor igualmente de las aventuras detectivesca de Sherlock Holmes.
Y me he preguntado siempre, sin poderlo verificar con Alejandro Laime, pues se lo tragó la tubular meseta del Auyan-tepuy donde el veterano de la Segunda Guerra Mundial, Jimmie Angel puso su avioneta Flamingo para atraer la atención del mundo sobre el Salto de Agua más elevado del planeta. Si Laime había leído antes el libro y estaba sugestionado o, más que eso, alucinado por el deseo de encontrar ese arcaico animal que el profesor Challenger asegura en el libro que existía tratándose que los tepuyes de la Gran Sabana son como cárceles endémicas donde quedó atrapada el bioma de aquellos tempos geológicos de millones de años.
Desde 1940, Laime dirigió muchas exploraciones por las selvas del sur del país. Durante sus primeros años en Venezuela, Laime trabajó como topógrafo para un departamento de construcción de carreteras, y luego trabajó para la petrolera Socony e Ingenerie de Orinoko. En 1942, Laime visitó Canaima por primera vez y se instaló allí. Junto con Charles Baughan y algunos otros socios europeos, comenzaron a desarrollar el turismo en Canaima y construyeron un aeródromo y casas para los visitantes. En 1949, formó parte del equipo de Ruth Robertson que llegó a Kerepakupai Merú (Salto Ángel) por tierra y examinó las cataratas. Llegó a la cumbre del Auyantepui en 1955 y, junto con su compañero nativo Manuel Fiorentino, fue el primero en llegar al avión estrellado de Jimmie Angel «Flamingo». Laime exploró la superficie del tepuy y nombró allí ríos que antes no tenían nombre. Le dio nombre al río en el que se encuentra el Kerepakupai Merú el nombre de Gauja, en honor al río letón del mismo nombre. A veces se escribe como Río Gauya (actualmente es conocido como río Churún). También nombró otros tres ríos, Río Venta, Río Daugava y Río Ogre, todos en honor a los famosos ríos de Letonia.
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