Cuauhtémoc, último emperador mexicano
Cuauhtémoc, último tlatoani mexica de México-Tenochtitlan.
A la muerte de Moctezuma Xocoyotzin, Cuauhtémoc dirigió la desesperada defensa de Tenochtitlán frente a las fuerzas de Hernán Cortés, quien lo apresó y más tarde ordenó ahorcarlo.
Cuando las tropas castellanas al mando de Hernán Cortés lanzaron su asalto final contra la capital del Imperio azteca, Tenochtitlán, en 1521, sabían que enfrente tenían a un monarca que les iba a plantar mucha más batalla que Moctezuma, el tlatoani que dos años antes los había recibido con los brazos abiertos. El puesto de Moctezuma, fallecido el año anterior, lo ocupaba ahora un primo suyo, Cuauhtémoc, un joven de apenas 25 años.
Cuauhtémoc tuvo una participación destacada en los acontecimientos que siguieron a la llegada de Hernán Cortés y sus hombres en Tenochtitlán desde noviembre de 1519. Tras la matanza cometida por Pedro de Alvarado en el Templo Mayor, el 20 de mayo de 1520, Cuauhtémoc se sumó a la rebelión contra los invasores.
El 30 de junio, en la conocida escena en la que Moctezuma salió a una azotea de su palacio para intentar calmar los ánimos de sus compatriotas Cuauhtémoc lo imprecó con violencia. Una fuente afirma incluso que de su mano partió una de las piedras que mataron al emperador. El príncipe participó en primera línea en la expulsión de los españoles de Tenochtitlán, durante la llamada Noche Triste.
Tras la muerte de Moctezuma, los nobles aztecas eligieron emperador a su hermano Cuitláhuac, pero éste murió ochenta días más tarde, víctima de la viruela. En busca de un líder fuerte y decidido, en septiembre de 1520 los aztecas eligieron sucesor a Cuauhtémoc. El nuevo tlatoani se preparó para defender su capital de la contraofensiva de Cortés, que comandaba un ejército formado por 900 españoles y 150.000 aliados.
Cuando Cortés se aproximó a la ciudad, Cuauhtémoc rechazó todas las ofertas de rendición. Nada impidió que los españoles pusieran sitio a Tenochtitlán y la bloquearan gracias a los bergantines que construyeron para navegar por la laguna que rodeaba la ciudad. Esto obligó a Cuauhtémoc y los suyos a retirarse a Tlatelolco.
El 13 de agosto de 1521, cuando los españoles y sus aliados dieron el asalto final a Tlatelolco, trató de escapar en una canoa junto con su familia y algunos altos dignatarios para proseguir la lucha en otro lugar. Sin embargo, los españoles le cortaron el paso y Cuauhtémoc se rindió y fue llevado a presencia de Cortés. Aunque Cuauhtémoc siguió siendo en teoría gobernador de Tenochtitlán, sus poderes se transfirieron a un primo suyo más dócil, Tlacotzin.
Cortés consideraba al último tlatoani un «hombre bullicioso» y temía que organizara un alzamiento, por lo que ordenó mantenerlo prisionero en Coyoacán, cerca de Tenochtitlán. Ya al día siguiente de la caída de la capital, Cortés se reunió de nuevo con Cuauhtémoc para preguntarle dónde había ocultado el oro, particularmente en el tesoro que habían dejado en Tenochtitlán tras su huida durante la Noche Triste. Y decidió someterlo a tortura para arrancarle una confesión. Lo ataron a un poste y metieron sus pies, tal vez también sus manos, en aceite hirviendo. Cuauhtémoc explicó que los dioses, poco antes de la caída de la ciudad, le habían revelado que el fin de Tenochtitlán era inevitable, tras lo que ordenó arrojar todo el oro a un pozo en la laguna. Los buceadores españoles, sin embargo, no encontraron allí nada de valor.
En 1524, Cortés emprende viaje a las Hibueras (Honduras), en persecución de uno de sus capitanes. En la expedición viajan varios notables aztecas, seguramente como mandos militares de esa tropa, y posiblemente también como embajadores y facilitadores de las relaciones con los pueblos de la ruta: Cuauhtémoc y Tetlepanquetzal son dos de ellos. Tras un año de viaje, a Cortés le llegan rumores de que Cuauhtémoc está conspirando en contra de los españoles, decidido a atacarlos. El hecho es que sintiéndose vulnerable, el 28 de febrero de 1525, decidió mandar ahorcar a Cuauhtémoc y quemarle los pies. Habían pasado cuatro años desde el fin del sitio de Tenochtitlan, y quizá los mismos desde que se torturó quemándoles los pies a los caciques a los que ahora se ejecutaban.
Tanto las fuentes españolas como las indígenas cuestionan los motivos aducidos por Cortés. Hasta la propia fuente del rumor negó posteriormente haber narrado la historia de la conspiración tal como la reflejó Cortés en su carta a Carlos I para justificar la ejecución una vez consumada. La peor mancha en la hoja de servicios de Cortés es que consintió la tortura de Cuauhtémoc y fue desterrado de México.
Cuauhtémoc es uno de los personajes más reconocidos por los mexicanos como héroe nacional. En todos los rincones de México su nombre se usa en toponimia y onomástica, y su imaginada efigie aparece en monumentos, que hacen alusión a su coraje en la derrota, al pedir la muerte por el puñal de Cortés, o en el tormento, al reclamar estoicismo a sus compañeros de tortura. El 28 de febrero de cada año, la bandera mexicana ondea a media asta en todo el país, recordando la muerte del prócer.
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