La perla
Calza un nombre bíblico –Margarita- y la más grande fue devuelta al mar.
Los griegos llamaban a la perla “Margarita” y con este nombre figura en la Biblia, particularmente en el Apocalipsis donde San Juan dice que las margaritas adornaban los vestidos de las mujeres.
Acaso por eso nuestra gran isla, la isla más grande de Venezuela, fue bautizada Margarita. Porque sus mares están llenos de perlas. De ellos salió una, tan grande –250 quilates- que conmovió al mundo y el Rey de España, Felipe II, la exhibía como gran tesoro.
Este Rey, como los reyes de las principales monarquías de Asia y Europa codiciaban las perlas de excepcional tamaño. La perla entonces tenía buen precio y buscar perlas en los mares de la India, Ceilán (Sri Lanka), Persia, Madagascar, Tahití o Venezuela era una empresa excitante e industriosa.
Hoy en día la perla ha perdido el valor de otros tiempos debido a una revolucionaria técnica japonesa que las produce mediante una selección de cultivos. Porque la perla no es sino un grano de arena o parásito que se introduce accidentalmente en la concha u ostra y al suscitar una irritación en el molusco, segrega una sustancia que a la larga la solidifica llegando a adquirir un brillo muy especial con efectos tornasolados y delicados tonos nacarados que van desde el blanco azulado al amarillo dorado pasando en algunos casos por la rosa, el negro azulado y el azul lila.
Las ostras perleras se encuentran adheridas a las rocas del fondo del mar entre los 10 y 50 metros de profundidad. Hasta allí llegan en plan de pesca las arrastras o directamente los buzos, de los cuales existen muchas leyendas y se cuentan interesantes historias.
Una de esas leyendas ésta vertida en la corta novela del mismo nombre (La Perla), de John Steinbeck, escritor norteamericano, premio Nobel, muerto en Nueva York en 1968.
La leyenda, o digamos mejor, la historia, tiene lugar en el mar pacífico en La Paz, Baja California Sur y sus protagonistas son Kino, humilde familia de pescadores, su esposa Juana e hijo Coyotito.
Un escorpión pica a Coyotito. Juana y Kino, acompañados de sus vecinos, van a ver al médico local, que se niega a tratar a Coyotito porque Kino no puede pagar lo suficiente para mantener el estilo de vida del médico codicioso y porque el médico tiene opiniones racistas hacia los pobres indígenas.
Kino se zambulle en busca de ostras desde su canoa, con la esperanza de encontrar una perla que pueda vender para pagar al médico. Encuentra una ostra muy grande de la que se obtiene una perla inmensa, a la que llama «La Perla del Mundo».
Los comerciantes del pueblo se enteran a través de los chismes del pueblo que se ha encontrado una gran perla y han acordado fingir que es un monstruo y que no tiene valor. Le ofrecen a Kino mil pesos por la perla, que Kino cree que vale cincuenta mil. Kino se niega a vender a los comerciantes de perlas y decide ir a la capital. Esa noche, Kino es atacado por más ladrones, y Juana le recuerda una vez más que la perla es malvada. Sin embargo, Kino promete que no lo engañarán.
En el camino Kino ataca a uno de los rastreadores que los venían siguiendo, que intenta dispararle con el rifle, pero falla. Kino mata a los tres en un frenesí. Sin embargo, pronto descubre que el disparo aleatorio de los rastreadores ha golpeado y matado a Coyotito.
Con el corazón roto, Juana y Kino regresan a La Paz. Los dos se acercan al golfo, y Kino mira la perla por última vez y ve en ella una imagen de Coyotito con la cabeza disparada. Angustiado, Kino arroja la perla al océano. Se hunde hasta el fondo y pronto se entierra en la arena.









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