Estudio histórico geográfico de Guayana
El último libro (1994) de Horacio Cabrera Sifontes, un año antes de su muerte (1995), está dedicado a la docencia y escrito dentro del marco del decreto del Gobernador Andrés Velásquez que dispone de manera obligatoria la enseñanza de la historia y geografía del Estado Bolívar en los diferentes niveles y modalidades del sistema educativo.
“Estudio Histórico – Geográfico de Guayana” trata de trasmitir a más de la ubicación geográfica y la época del suceso, el sentido dialéctico del proceso en relación con su medio ambiente y los factores económicos que lo sustancian dentro del nivel cultural del momento del acontecimiento.
Después de este libro didáctico, no pudo escribir sino el de la muerte en una de sus formas más poderosas y menos aceptada.
El sentimiento de la muerte – que es el verdadero sentimiento trágico de la vida – se puede experimentar de dos maneras: en la carne propia o en la de los demás. Lo más corriente es experimentar la muerte de los otros, y son pocos los seres humanos que se dan realmente cuenta de cómo la muerte nos va invadiendo cada día. En cierta forma se podría decir que vivir es un suicidio. Por eso decía Camus que el suicidio es el más importante de todos los temas filosóficos (Ludovico Silva).
¿Cuántas veces pensó Horacio en el suicidio?
Tantas como cada eslabón restado por el tiempo al cerco que le iba reduciendo la vida.
No esperó que el suicidio se consumara por su cuenta. Él siempre fue rebelde y por eso un día después de conmemorada la Bandera (lunes 13 de marzo de 1995), cuando el Sol tendía su crepúsculo sobre el Orinoco, se le adelantó. Como también lo hizo Diego Heredia Hernández, quien lo sucedió en su gobierno. Como igualmente lo hizo Fabricio Ojeda, con quien pernocté a fines de 1958 en su Hato de El Palmar. Como asimismo su amigo Alirio Ugarte Pelayo, el 19 de mayo de 1966 y como aquél insigne novelista Premio Nóbel que él admiraba, Ernesto Hemingway, el célebre autor de “Por quién doblan las campanas” y “Muerte al atardecer”.
Él siempre se adelantó, como todos los canarios de su estirpe que desafiaron el mar tenebroso para asentar las bases de su porvenir en aquella tierra de gracia llamada Aragua de Barcelona y después en el Guarán allá en las tierras del Yuruán y del Yuruari.
Yo lo conocí siendo él Gobernador de este Estado en el año transición de la Dictadura a la vigente Democracia. Este año de 1958 fue realmente efervescente, a la medida de su temple y de su talla de hombre formado en la dinámica del acontecer nacional.
Venía con el Proyecto del Puente sobre el Orinoco bajo el brazo, pero no se hizo por donde él lo había decretado, con base central sobre la Piedra del Medio, sino a ocho kilómetros aguas arriba, entre Playa Blanca y Punta Chacón. Pero no importa, allí está y tiene en su haberlo decretado de primero.
Cuando eso ya había recorrido medio mundo. Todavía no se le abría su vena de escritor. Apenas conocíamos “Caramacate”, relatos de la selva escrito en su tiempo de exiliado. Después progresivamente se le fue ensanchando la esfera radiante que iluminó para todos sus vivencias y experiencias intelectuales más intensas y lo libró definitivamente de las ardorosas faenas del campo. Aquí lo tenemos ahora en cuerpo entero como en última instancia lo asimiló la Asociación de Escritores y la Academia Nacional de la Historia.









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