El Papa Miguel Ángel
Mi memoria a esta prolongada distancia del tiempo no lo perfila bien. Apenas lo configura como un hombre magro y alto a quien los abandonados de padre llamábamos “Papá”. Su corazón era húmedo y suave como el aserrín de la madera que labraba y daba forma y vida a los tres-puños y balandras.
Cuando mis primos no podían, yo le llevaba el desayuno o el almuerzo a la playa que le servía de astillero. Me llamaba “Meco” y mientras apuraba la gustosa vianda yo oteaba el horizonte donde algún día penetraría el barco de mis sueños.
Por ese horizonte había aparecido como fantasma una noche “El Pacificador” embarcación del empresario Manuel de Jesús Coello, que él había construido y que se daba por perdida desde el 28 de junio de 1933 cuando frente a Pedernales quedó atrapada por los embates de un ciclón caribeño
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