Final de El Libertador
El 17 de diciembre de 1830, Simón Bolívar, genio de América y libertador de seis naciones (Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Panamá), expiró en la Quinta de San Pedro Alejandrino del pueblo de Santa Marta, Colombia.
Fue su última la batalla, la que dio contra la muerte hasta vencerse. Ya con el Congreso Admirable presidido por Sucre y la entrega del mando de la Gran Colombia al general Domingo Caicedo, había terminado su carrera militar y política. Entonces decidió retirarse a la vida privada, sin fuerzas, enfermo y con un pie en la tumba.
En una casa pequeña, blanca y desnuda, cerca de la playa, perteneciente al hispano Joaquín Mier, terminaron los últimos días de Bolívar, bajo los cuidados de un médico francés, con quien sostuvo el siguiente diálogo: – ¿Y usted qué vino a buscar a estas tierras? – La Libertad. –Y ¿la encontró? -Sí, mi General. –Bien, usted es más afortunado que yo, pues todavía no la he encontrado. Con todo vuélvase usted a su bella Francia en donde ya está flameando el pabellón de la libertad. Aquí en este país no se puede vivir: ¡hay muchos canallas! – ¿Le agradaría ir a Francia? -De todo corazón, señor. -Pues bien, doctor, póngame usted bueno e iremos juntos.
Pero Bolívar no pudo mejorar ni ir a Francia, sino que regresó al profundo de la tierra un día de diciembre, a la una y siete minutos de la tarde. A la edad de 47 años, 4 meses y 23 días, expiró el último aliento de vida. Murió dentro de las tradiciones de su casta – escribió Emil Ludwig. Pero su última proclama a los colombianos, dictada en aquellos días, no tiene ningún acento tradicional, ella es combativa, viril, agresiva. Días antes había resumido su vida con esta frase monumental: “Los tres grandes majaderos de la humanidad hemos sido Jesucristo, Don Quijote y yo”.
Carta de Simón Bolívar dirigida a Joaquín de Mier, fechada en Soledad el 17 de octubre de 1830, agradeciéndole la hospitalidad que le ofrece en su casa de campo cerca de Santa Marta.
Soledad, 17 de octubre de 1830.
Al Señor Joaquín de Mier.
Mi estimado amigo y señor: He tenido el placer de recibir la bondadosa carta de Vd. en la cual se sirve ofrecerme su casa de campo, y honrarme con las expresiones afectuosas de su benevolencia. Reciba Vd., señor, por esta generosidad las gracias más expresivas de mi parte. No me había adelantado a escribir a Vd. antes, por no tener el placer de conocerle, pero el señor general Montilla [1], a quien le encargué, lo mismo que al coronel Adlercreutz [2], de hablar a Vd. sobre su casa de veraneo, le habrán dicho cuál era mi deseo de molestar a Vd. lo menos que me fuese posible y los motivos que me animaban a usar de esta franqueza.
Yo pienso seguir pronto para esa ciudad y desde luego acepto la oferta de Vd. aunque sea por unos pocos días.
Entre tanto reciba Vd. las expresiones de mi consideración y aprecio.
S. BOLÍVAR.
- Archivo del Libertador, vol. 172, f 159. Copia manuscrita de letra no identificada, posterior a la muerte de Bolívar. Desde Soledad, municipio colombiano situado a unos 10 Km. de Barranquilla, escribe el Libertador al señor Joaquín de Mier (1778-1861), español avecindado en Colombia, dueño de la propiedad de San Pedro Alejandrino cercana a Santa Marta, sobre la costa del Mar de las Antillas, ofrecida como residencia a Bolívar, enfermo, quien la acepta agradecido.
Notas
[1] [General Mariano Montilla (1782-1851), Comandante General del Departamento del Magdalena. Véanse: docs. Nos. 101, 269 y 362.
[2] [Federico Thomas Adlercreutz (1793-1852), Oficial sueco al servicio de Colombia con el grado de Coronel.









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